Una colombiana en la diplomacia de EE.UU.

Paula Ramírez es consejera de Arturo Valenzuela, el hombre de Obama para América Latina. Dice que la gente ignora todas las cosas positivas que EE.UU. hace en la región.

Paula Ramírez de Uribe es una colombiana juiciosa. Es la nueva asesora principal para la Diplomacia Pública del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado. Durante cuatro años trabajó como directora para Asuntos Externos del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown. Allí conoció a Arturo Valenzuela, quien es hoy en día la voz de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en América Latina.

Entonces, Valenzuela era su jefe y cuando el presidente Barack Obama lo nombró en uno de los cargos más importantes del gobierno, no dudó en llevarse a Paula Ramírez como una de sus principales consejeras. “Fue un reconocimiento muy grande de parte de él y una demostración de confianza en mí y en las cosas que puedo aportarle”, dice sonriente en diálogo con El Espectador.

Comenzó en su nuevo trabajo hace un par de semanas luego de un profundo escrutinio de su vida que duró casi seis meses, mientras los organismos de seguridad del gobierno estadounidense comprobaron que era la indicada para asumir el cargo. Ahora, Paula entra y sale del Departamento de Estado como Pedro por su casa. Se siente orgullosa de trabajar con un gobierno en el que cree y por el que votó. “El presidente Obama es un hombre increíble, una persona honesta a la que le tocó un momento muy difícil en un país con muchos problemas —afirma—. A pesar de las críticas se ha mantenido firme en sus convicciones y ha ido cumpliendo con lo que prometió. Espero que le vaya bien, a todos nos conviene”.

En su oficina hay fotos de sus hijas, un par de recuerdos de Colombia, muchos papeles y libros. Pero, sobre todo sobresale ella con sus sueños: “Quiero que la gente en Latinoamérica se entere de las cosas positivas que Estados Unidos hace en la región, hay miles de programas que muchos no conocen y sería ideal que se conocieran a fondo”.

Desde la Universidad de Georgetown lideró múltiples programas enfocados a mejorar la calidad de vida a los jóvenes y espera poder ampliar esta labor desde la cancillería estadounidense. “Trabajé mucho con proyectos de educación, tratando de llevar el conocimiento sobre Latinoamérica a las escuelas del área de Washington D.C. Ahora espero poder involucrar más a los jóvenes, especialmente a los menos privilegiados, para que se puedan beneficiar de los proyectos que se están haciendo, especialmente en educación”, dice.

Su trabajo incluye el desarrollo de programas educativos y culturales para jóvenes; el contacto permanente con contrapartes en los diferentes gobiernos de la región y, en general, el manejo de las relaciones públicas y las comunicaciones del hombre de Obama para América Latina.

Es meticulosa y organizada. Su hoja de vida incluye una carrera en historia en la Universidad Javeriana de Bogotá y de relaciones internacionales en Georgetown. Fue, además, oficial de protocolo y relaciones públicas de la Junta Interamericana de Defensa. Tiene 37 años, dos hijas y un esposo: Paulo Uribe. En su casa no falta nunca el café colombiano, las arepas, el chocolate y el arequipe. Y en su nuevo trabajo ya la conocen por llevar siempre puesta alguna pieza que la liga a Colombia.

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