Gabriel encuentra a su mayordomo

Constanza Martínez, docente y cantante lírica, ganó el premio de literatura infantil con 'James no está en casa'.

Gabriel es un niño bogotano de siete años, de pocos amigos y que pasa la mayor parte del tiempo con su madre, confinado en un estrecho apartamento en donde debe inventarse sus juegos, pues el parque es un lugar vetado y peligroso. Un día de cansancio el niño invoca a alguien que pueda ayudarlo con sus quehaceres y de repente aparece James, un refinado mayordomo que, como aterrizado de un palacio aristócrata, va a llevar al niño a sortear un sinnúmero de aventuras. Esta historia, consignada en la novela James no está en casa, escrita por la docente y cantante lírica Constanza Martínez, fue la ganadora del III Premio de Literatura Infantil Barco de Vapor, que además de asegurar la publicación del libro, premia al galardonado con una suma de 10 mil dólares.

“Quería romper con la cotidianidad de un típico niño de clase media que vive en una gran urbe. Por otra parte, meter a un mayordomo, que es el que les sirve a los nobles, en un espacio de cuatro por cuatro como es el apartamento de Gabriel, me resultaba muy divertido. James es hijo de un panadero italiano y de una mujer inglesa y eso me permitió crear diálogos en los que los niños se sintieran identificados con el espacio y conectados con una tradición europea muy interesante”, explica Constanza Martínez, quien reconoce entre sus mayores influencias literarias las letras del italiano Gianni Rodari, quien intentó regalarles fantasía a los más pequeños después de la Segunda Guerra Mundial, al igual que el alemán Michael Ende y por supuesto el colombiano Jairo Aníbal Niño.

El jurado, integrado en esta ocasión por la escritora Pilar Lozano; la editora Margarita Valencia; la bibliotecóloga y promotora de lectura Carmen Alvarado de Escorcia, el filólogo e historiador de la literatura infantil Manuel Peña (Chile) y Carlos Sánchez Lozano, editor y promotor de lectura, eligió este texto entre los tres finalistas por su tono divertido, por el humor usado en todas sus páginas y por ser “una novela rica en fantasía, en detalles y ternura”.

Este es un libro que habla sobre la cotidianidad, sobre la soledad y la amistad pero que no pretende dejar una moraleja. “Como profesora me he dado cuenta de que intentar que todo libro infantil deje una enseñanza buena es tratar a los niños como estúpidos. Los niños son personas que entienden las ideas, que asumen la realidad como nosotros, y somos nosotros los adultos los que le ponemos el prejuicio a su mirada”.

 

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