Así es el gobierno indígena en Bogotá

No cuentan con los esquemas de seguridad de un burgomaestre capitalino ni con sus equipos de asesores o prerrogativas salariales.

Sin embargo, ejercen jurisdicción en la ciudad y su acto de posesión se hace en medio de una ceremonia. Ceremonia con tinte aborigen. Son los gobernadores indígenas de los nueve cabildos bogotanos, de los cuales cinco tienen representación oficial ante el Distrito y, hace apenas una semana, asumieron funciones.

Están ubicados principalmente en Suba y Bosa, pero los hay por toda la ciudad. Los cinco que acaban de presentar sus gobernadores ante la Alcaldía reúnen unos 11.000 de los 20.642 indígenas de la ciudad reconocidos por el censo de 2005 y los registros de desplazamiento de Acción Social. No todos llegaron con las migraciones de los años 90. Algunos son descendientes directos de las comunidades muiscas que se asentaron hace siglos en el altiplano cundiboyacense y que dejaron entre sus principales vestigios un extenso cementerio que la administración bogotana descubrió hace cuatro años en plenas excavaciones de Metrovivienda. O los viejos utensilios de barro que guardan los museos. O vocablos como turma, guaricha y turmequé. O tantas otras riquezas que no sobrevivieron a los blancos.

Por ser cabildos ajustados a la Ley 89 de 1990, que reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación, sus gobernadores tienen un período de un año y no necesitan formalidad distinta a la de ser reconocidos ante la comunidad y asumir en presencia del Alcalde Mayor de la ciudad. Deben haber sido líderes, tener pensamiento y sentimiento indígena y respetar las tradiciones de su familia. Gobiernan con sus costumbres. Algunos usan la hortiga, el cepo y el cabestro para castigar a quienes cometan faltas. Los de otras etnias apelan al yagé, una planta medicinal ancestral, para la limpieza espiritual de quienes han cometido la falta.

Los ingas, que estrenan como gobernador a Víctor Jaime Tandioy Tandioy, provienen de Putumayo, Nariño y Caquetá, tierras que dejaron tras la llegada de los capuchinos y terratenientes de Nariño y Huila. Su economía se basa en el comercio de productos naturales, como la medicina tradicional y los tejidos de arte propio (artesanías), que venden de casa en casa o en el centro comercial Caravana. Según el Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal, son 528 y conforman 117 familias distribuidas en 11 localidades, con mayor concentración en Santa Fe y C. Bolívar.

Luz Myriam Martínez gobierna el cabildo Muisca de Suba; Luis E. Tapiero, el Ambiká Pijao; Luis Alfonso Tuntaquimba Quinche, el Kichwa; y Henry Mauricio Neuta, el Muisca de Bosa. Son la voz de 45 etnias que buscan ser oídas en la inmensa capital.

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