El color de las fiestas de San Pacho

Después de visitar durante cinco años esta tradicional celebración, León Darío Peláez recoge en su libro más reciente una serie de fotografías que muestran el Chocó que festeja con pasión en medio de la adversidad y la indiferencia.

¿Cómo es la Colombia negra desconocida?

Apasionante. La música, el color, la religiosidad y la bondad se respiran en cada esquina a pesar de las dificultades.

¿Por qué Quibdó?

Es la capital más pobre de departamento, más pobre de la región y más pobre del país. Así y todo enamora.

¿Cómo es que un santo blanco termina siendo seguido por un pueblo negro?

San Francisco de Asís fue asumido por los quibdoseños como su amigo y protector. Sus milagros, amor por la naturaleza y camaradería en la alegría y el dolor lo hicieron su patrono y en su honor, hace 84 años, se celebran las fiestas de San Pacho, como se le dice con todo respeto.

¿Chocó sigue siendo el departamento más olvidado de Colombia?

Sí. También La Guajira, aunque para los fotógrafos que no disfrutamos registrar la pobreza ni la tragedia, estas regiones son un jardín.

¿A qué sabe Chocó?

A borojó, a lulo, a chontaduro, a biche, a chirimía y a aguardiente Platino… lógicamente.

La imagen más difícil de lograr en su libro.

Ninguna. Lo principal es tener paciencia y trabajar con respeto y amor.

¿Qué logró desentrañar con su cámara en San Pacho?

Poder visualizar la comunidad gay que participa en las comparsas y ver el cariño con el que la gente los recibe en los desfiles fue muy importante.

¿Qué le dejó haber estado durante cinco años consecutivos en las fiestas de San Pacho?

Me siento orgulloso de conocer un poquito más mi país, de dejar para la historia esta memoria visual que no existía y que pueda servir para que muchos conozcan el Chocó, su tradición oral, su forma pacífica de convivir y luchar contra la adversidad.

¿Dónde radica la fortaleza de los chocoanos?

En el respeto a la familia y a los mayores. En el afán de superación. En la música que llevan en la sangre, en los milagros de San Pacho y en esa fuerza física heredada de la esclavitud ancestral que los convierte en árboles de acero.

¿Qué tendrían que aprender los nuevos fotógrafos de los de la “vieja guardia”?

Que cuando el trabajo se hace con responsabilidad lleva una carga de legado histórico, que la fotografía es un patrimonio.

¿Cuál es el ángulo al que debe apuntar el fotoperiodismo?

Estar siempre con el más débil. Pelear contra la frivolidad de los medios masivos, que la fotografía pueda informar, contar historias y abrir corazones.

¿Es verdad que hoy cualquiera puede ser fotógrafo?

También es verdad que cualquiera puede cantar o coger un pincel y pintar. Lo importante es hacerlo con oficio y rigor y tratar de ser feliz porque Dios da un don y un látigo para autoflagelarse.

¿Qué extraña de la fotografía análoga?

No tenerle que mostrar las fotos a la gente en la pantallita después de cada disparo.

¿Quedan fotoperiodistas como Robert Capa o James Natchwey?

Siempre habrá buenos fotógrafos, lo que está en extinción son los buenos editores, personas y medios que le apuesten a trabajos a largo plazo, al ensayo fotográfico por ejemplo. La gente quiere ver con otros ojos.

¿Cuál es la imagen de la historia de Colombia que más lo ha impactado?

La fotografía de un colombiano muerto que flota en el río Cauca y en su pecho parado un gallinazo que lo devora, resume la triste tragedia que vivimos por la guerra. Fue realizada por Manuel Saldarriaga.

¿Qué extraña del cuarto oscuro?

Poder abstraerme de todo. Allí, el mundo exterior no existía, había mucho tiempo para pensar.

¿Alguna vez se ha negado a hacer una fotografía?

Sí, cuando los escoltas de presidentes y ministros me atropellan. Con el dolor humano soy muy tímido y temeroso.

¿Cuántas cámaras tiene?

En la actualidad trabajo con un equipo Canon digital y conservo dos análogas una de formato medio y otra de 35 mm que aspiro pronto a volver a utilizar, antes que desaparezca la película.

¿Su gran maestro en fotografía?

Muchos. Admiro sobre todo al francés Robert Doisneau, casi toda su obra la realizó en su propio barrio en París, a mediados del siglo pasado, con una cámara muy sencilla. El manejo de la luz y la riqueza humana y urbana de sus composiciones me encanta. Martín Chambi en Perú y Melitón Rodríguez y Leo Matiz en Colombia son inigualables.

¿Cuánto contribuye la tecnología a las fotos que se hacen hoy en día?

La tecnología es importante, facilita las cosas; pero, lo más importante es la capacidad de raciocinio de cada persona ante los hechos, poder mantener siempre una mirada crítica y creativa.

¿Cuál es su rollo?

Seguir luchando un poco contra la corriente en futuros proyectos editoriales, porque de verdad es una labor muy titánica cuando no se tiene ningún apoyo.

¿Cómo se ve el país a través del lente de su cámara?

Como reportero gráfico me toca verlo de todas las formas, desde lo más trágico hasta lo más alegre, pero yo sueño con verlo lleno de hombres que trabajan duro buscando la felicidad al final de un túnel oscuro y culebrero, mientras yo disparo mi cámara pasando inadvertido.

¿Qué tiene una buena fotografía?

Contenido. Que la gente se estremezca para bien o para mal.

¿Qué tan poderosa puede ser una imagen?

Estoy seguro que habrá una fotografía que cambie el mundo en poco tiempo.

¿Qué le deja haber hecho este libro de fotografía?

Una alegría infinita en lo personal. Que esta publicación sirva para que las fiestas de San Pacho sean cada vez más importantes y reconocidas.

¿Cuáles son las historias que lo conquistan?

Donde se respira vida, donde el hilo conductor es el hombre.

¿En este libro  recibió alguna ayuda económica?

Ninguna…como decimos los paisas “editorial mi propio bolsillo”, espero que con las ventas pueda librarlo. Sí debo agradecer a muchos amigos que participaron desinteresadamente con textos y un video documental  de gran factura que contiene el libro. También al Centro de Desarrollo Cultural de Moravia en Medellín, que me abrió sus puertas para el lanzamiento.

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