Íngrid Betancourt, heroína de cómic

Serge Scotto, uno de los autores de 'Íngrid de la selva', cuenta por qué y cómo decidió convertir a la política colombiana en personaje de tira cómica.

Los escritores franceses Serge Scotto y Eric Stoffel y el ilustrador Richard di Martino son los responsables del sacudón que ha provocado esta semana el cómic Íngrid de la selva, una parodia gráfica que narra las aventuras de Íngrid Petancourt, secuestrada por las F.A.R.S.A. en el país tropical de Colombina Ecuatorial.

Scotto, escritor y humorista que saltó a la fama cuando lanzó su álter ego —perro Saucisse (Salchicha)— en las elecciones municipales de Marsella en 2001, y Stoffel, creador de la serie Pandora y Semicverse, exponen, entre coloridas viñetas, delirantes hipótesis sobre las peripecias de la política colombo-francesa en las selvas nacionales ¿Qué tal que Íngrid Betancourt hubiese viajado al Caguán tras pactar un “secuestro exprés” con un comandante de las Farc para recibir publicidad? ¿Que hubiera escapado, pero que el presidente Álvaro Uribe la regresara a la selva porque estaba en plena reelección? ¿Que Nicolás Sarkozy hubiese organizado la ‘Operación Jaque’ para frenar su caída en las encuestas?

Los creadores franceses eligieron estratégicamente lanzar su cómic una semana antes de que salgan publicadas las memorias de Betancourt, No hay silencio que no termine, y desde París Serge Scotto, uno de los osados, habló con El Espectador.

¿Por qué hacer un cómic sobre Íngrid Betancourt?

La mayoría de franceses descubrimos a Betancourt tras su liberación. Cuando estaba secuestrada sólo teníamos una imagen oficial, casi iconográfica. No sabíamos quién era, sólo la conocíamos como rehén.

¿De dónde surgió la idea?

El día de su liberación me encontraba en un Salón del Libro, cuando de repente apareció el alcalde de la ciudad y anunció el rescate. Hubo campanas, banderas y un gran discurso improvisado. Todo fue tan exagerado… como si fuera la liberación de Francia en 1945. Me dieron ganas de burlarme de ello.

¿Por qué se toman tantas libertades con la realidad?

Nosotros no hacemos periodismo, ni tenemos la obligación de decir la verdad. Podemos permitirnos hipótesis más ambiciosas, dentro de ciertos parámetros. Por ejemplo, está claro que Betancourt de alguna manera abonó el terreno para su secuestro. Todos se han preguntado por qué se metió en la boca del lobo. Nosotros simplemente empujamos los límites un poco más lejos.

¿Por qué hacerlo en tono satírico?

La historia entera es tan absurda, que basta poco para que se convierta en farsa. Todo debió terminarse en el momento de la liberación, pero ella la continuó y el espectáculo siguió. En esta historia todo es posible. Pero más que nada, creemos que no todo en la vida debe ser solemne. Hace falta alguien que se burle de las cosas.

¿Cómo fue el proceso de hacer el cómic?

Para llegar a estas 44 páginas, Eric Stoffel y yo trabajamos entre julio de 2008 y diciembre de 2009. Escribimos el equivalente a una novela: imaginamos cientos de escenas y diálogos, que lentamente condensamos. Fue como poner una investigación periodística en la licuadora.

¿Qué les impactó de la historia?

Buenas sorpresas surgieron al hacer la investigación. Descubrimos que el ex primer ministro Dominique de Villepin fue profesor de Betancourt y nos imaginamos que habían coqueteado en su momento. Es una suposición aceptable; todos saben que los dos son buenos amigos y que él intentó liberarla, sin éxito.

Da la impresión de que Colombia es una república banana.

Debo confesar que nos podrían hacer ese reproche. Para los franceses, todos los países de América Latina tienen un poco de eso. Sin embargo, nos burlamos mucho más de lo que conocíamos bien, en parte para no equivocarnos. Pero al final los dos escenarios son Francia y la selva, no Colombia. Por eso no vemos casi nada de Bogotá, de Uribe, de los colombianos…

¿No corren el riesgo de simplificar una realidad bastante compleja?

El riesgo más bien es de empobrecer el relato o embrutecer a los personajes. En el cómic la narración tiene que avanzar rápido. Por eso hay que sintetizar: un solo gesto, una frase, deben ser suficientes para construir una idea, una faceta de un personaje.

¿Cómo cree que será recibido en Colombia?

No sé si gustaría, pero al fin y al cabo es una historia franco-colombiana. Me encantaría verlo traducido.

¿Es un libro para niños o para adultos?

A pesar de la complejidad del tema quisimos hacer un libro en la tradición popular de los cómics en Francia y Bélgica, que no fuera elitista. Ensayamos con tres dibujantes antes de dar con Richard di Martino, quien viene precisamente de ese mundo. Aunque el libro está lleno de “gags de esquina de página”, o pequeños chistes dirigidos a la gente que conoce el affaire, esto no quiere decir que los demás no puedan disfrutarlo. Mi sobrino de diez años lo leyó como si fuera Tintín.

¿Qué fue lo más difícil de dibujar?

Hay una escena en que Villepin se convierte en El Hombre increíble tras oír el nombre de Sarkozy. Fue difícil para di Martino porque es un dibujo del mundo del cómic de superhéroes, diferente al nuestro. Sarkozy también fue complicado; ha sido caricaturizado tantas veces que tomó tiempo encontrar una manera personal de dibujarlo.

Para los colombianos la Operación Jaque es un punto central de la historia, pero ustedes la despachan en una imagen. ¿Por qué?

Evidentemente la liberación fue un acontecimiento, pero para nosotros era más interesante tratarla como un gag recurrente. En todo el cómic hay una sucesión de helicópteros e intentos fallidos de rescate, como el de Villepin. Además, la operación fue tan increíble desde el punto de vista de disfraces y de puesta en escena, que nada hubiéramos podido hacer nosotros para hacerla más histriónica.

También le atribuyen a Nicolas Sarkozy un rol central en la liberación.

No tiene que ser real, sino que debe funcionar. Las libertades que nos tomamos son recursos narrativos. En este caso la liberación le sirve a Sarkozy para recuperarse ante la opinión pública y de paso saldar una vieja cuenta con Villepin. Tampoco cambia gran cosa en la historia.

¿Por qué darle un papel tan importante a los intríngulis de la política francesa?

Como franceses nos interesaba imaginar lo que sucedía tras bastidores acá. El affaire Betancourt fue ante todo un asunto político en Francia. No por nada Villepin intentó rescatarla y Sarkozy asumió el rol después, llegando a decir que “la buscaría en la selva si le tocaba”. Los franceses fuimos rehenes de ese espectáculo mediático. Además, su secuestro abarca dos períodos presidenciales, permitiéndonos hacer un recorrido por la política durante esos años.

¿Temen una demanda judicial de alguno de los personajes caricaturizados?

Lo hemos pensado, pero concluimos que no es asunto nuestro. Es cierto que ya no estamos en los ochentas, cuando podías decir lo que quisieras. Hoy se busca un humor más conciliador que divisivo. Al final lo único que nos preocupa es el juicio de los lectores.

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