Por las líneas del paisaje

Rosario López presenta hasta el 7 de octubre la muestra de fotografías, dibujo y esculturas: 'Lo informe y el límite'.

Fueron la imposibilidad y la dificultad que generaba el conflicto armado en Colombia las que la alentaron a recorrer el paisaje y su propio territorio. Fue quizás ese obstáculo el que hizo que Rosario López se parara frente a la naturaleza para tratar de abarcarla plásticamente y de resolver esa grandeza imponente dentro de un espacio. “Sentía una necesidad de moverme, de mirar más allá. Es experimentar esa curiosidad de traspasar esas fronteras, esos límites y las barreras que siempre nos circundan”, confiesa la artista.

La muestra de la galería Casas Riegner, Lo informe y el límite, evidencia una constante en su arte que es la presencia del paisaje como excusa para trabajarlo a través de   diferentes  materiales y  bajo una intención   de reivindicar el  oficio artesanal. Su arte, más que plantearse temas políticos, vuelca la mirada sobre sí mismo. “Todo está cruzado con la política, uno es un ser político, pero he optado por las problemáticas que el arte mismo se ha encargado de estudiar, de ahondar y de ampliar”, dice.

La exposición consta de unas fotografías, unas hechas en el glaciar argentino del Perito Moreno, algunas en el desierto de sal más grande del mundo, Uyuni (Bolivia), y las otras en los Llanos Orientales colombianos. Todos estos paisajes se debaten entre la línea del horizonte, esa que divide el cielo de la tierra. Inmensos, inabarcables, de hecho,  el fin  no se vislumbra. Es justamente esta contradicción, entre el límite y la prolongación, lo que llama la atención a esta artista.

Las fotografías son el recurso que permite un recuerdo concreto  de donde se salen las formas de la tierra  para  aparecer como poliedros en el piso o como esculturas en acero que se toman la pared  evocando   las líneas de la sal de Uyuni . Pentágonos y hexágonos hechos en este material, que se tornan maleables a la mirada, muy emparentados con esas superficies rugosas del suelo de las fotos o con los pliegues que empiezan a ondularse por los vientos.

En unas pequeñas esculturas, llamadas Doble negativo, López juega con el concepto del vacío y le da forma, lo captura a través de un proceso en el que pone unos hielos en forma de poliedros sobre una caja de cartón, para luego derretir plastilina encima para que entre en los lugares donde no hay agua congelada. El resultado son unas formas irregulares, aleatorias, muy parecidas a la tierra afectada por la erosión o por un volcán. “Quiero ver cómo está constituido el paisaje para derivarlo en una creación escultórica. Abstraer hasta tal punto que queda una entidad geométrica, pero a la vez orgánica”, afirma López.

Su obra es coherente como proyecto escultórico que logra abarcar  diferentes procesos artísticos  partiendo de una misma idea.  Entrar a la galería será como enfrentarse a un paisaje fragmentado, pero a la vez completo que evoca la soledad y lo colosal de ciertos parajes en el mundo que recuerdan lo ínfimo de lo humano.

 Galería Casas Riegner

 Calle 70A N° 7-41. Tel.: 249 9194.

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