Una nube negra sobre Sarkozy

Una polémica biografía de su esposa es el nuevo dolor de cabeza que Nicolás Sarkozy debe sumar a las acusaciones de espionaje, discriminación y financiación ilegal de su campaña.

Los lectores no pueden quejarse de no tener de dónde escoger: en la misma semana no una sino dos biografías de Carla Bruni-Sarkozy estarán a su disposición. Carla y los ambiciosos, la semioficial encargada a los periodistas Yves Derai y Michaël Darmon, y Carla: una vida secreta, de la autoría de Besma Lahouri, quien ya había usado el “vida secreta” para su biografía de Zinedine Zidane.

Aunque ante la discreción de los editores, se especulaba que en ninguno de los dos habría grandes revelaciones más allá del tipo que interesa a la prensa del corazón, los primeros extractos dados a conocer han cambiado el panorama, al menos para el libro de Lahouri, que incluirá revelaciones que pasan por el espionaje a la revista Nouvel Observateur, las consignas dadas a los periodistas del espectáculo para hablar de Carla y la utilización de uno de los aviones de la presidencia para el servicio preferencial de la primera dama.

Las nuevas revelaciones continúan ensombreciendo el que se ha convertido en el periodo más complicado de Sarkozy durante su gobierno. Mientras a diario aparecen nuevas pruebas en relación con los supuestos beneficios dados al entorno de la heredera del grupo L’Oréal, Liliane Bettencourt, a cambio de una financiación no declarada a la campaña presidencial, la aparición de una circular oficial en la que se daban instrucciones específicas de perseguir prioritariamente a los gitanos, le ha valido las críticas del Papa, sectores cercanos a la presidencia estadounidense, la ONU y casi la totalidad de las instituciones comunitarias europeas.

Si bien algunos diplomáticos consideraron desafortunada la comparación de la comisaria europea para la Justicia, la luxemburguesa Viviane Reding, entre las deportaciones de Sarkozy y lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial, tampoco fue acertado el comentario del presidente francés al sugerir que “entonces que reciba a los gitanos en Luxemburgo”.

En medio de la tensión existente no fue una sorpresa que, a pesar de las declaraciones reiterativas de los portavoces del Eliseo en el sentido de que el tema de los gitanos no estaría en la agenda de la cumbre europea de Bruselas el pasado jueves, Sarkozy se haya ido a los gritos con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso. Una nueva salida en falso del mandatario tuvo lugar al final del encuentro cuando el portavoz de la canciller alemana, Ángela Merkel, lo desmintió en el sentido de que, contrario a lo que había dicho Sarkozy, Merkel no habría declarado que iniciaría evacuaciones de campamentos gitanos en territorio alemán.

Ocupado con la defensa de sus políticas, que pese a sus esfuerzos diplomáticos sólo han recibido el respaldo del mandatario italiano, Silvio Berlusconi, con el escándalo Bettencourt y las acusaciones de haber usado los servicios de inteligencia del Estado para descubrir las fuentes de los periodistas que lo hicieran público y con los dos libros que hablarán de su esposa, Sarkozy probablemente no tendrá tiempo para refutar la más reciente de las acusaciones que el diario Le Monde ha hecho en su contra, la de enviar una avanzada de casting antes de sus apariciones públicas en fábricas y eventos gremiales para asegurarse de que nadie de más de 1,75 metros de estatura aparezca en un radio de cuatro metros del presidente.

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