El milagro de Daniel Klug

El viernes, en horas de la tarde, el menor de 17 años, quien hace cuatro semanas fue víctima de un conductor ebrio, salió de la Unidad de Cuidados Intensivos a la habitación 722. Su familia asegura que se trata de un hecho asombroso.

A Rafael Klug todavía le aturde el recuerdo de aquel instante en el que vio a su único hijo varón tendido sobre el pavimento. “Me mataron a Daniel”, fue lo único que atinó a gritar aquella fatídica noche en la que el abogado Fernando Abello arrasó con varios carros y una moto de Policía por conducir en estado de embriaguez. Ocurrió en la autopista norte. Daniel fue arrollado cuando conciliaba un choque simple. Su padre intentó durante varios minutos, con la ayuda de su esposa, revivir a su niño, pero todo lo que hacía parecía en vano.

De repente, un hombre que dijo ser médico se paró a su lado y le pidió que lo dejara ayudar. Le tomó el pulso. Daniel Klug aún estaba con vida. Sin embargo, cuando llegó a la Clínica El Country, en Bogotá, tuvieron que reanimarlo durante algunos minutos. Fractura de cráneo, de pelvis y varias costillas rotas era el saldo que había dejado el fuerte golpe que recibió.

Se despertó casi a los dos días y los médicos decidieron que había que llevarlo a cirugía para reparar el daño en su cadera. Pero las cosas se complicaron en el quirófano, sus pulmones no respondieron y sus signos vitales se fueron apagando rápidamente. Durante cerca de 45 minutos, cuenta su padre, estuvo muerto. Con mucho esfuerzo los cirujanos lograron traerlo de regreso.

“Tuvieron que inducirle un coma en el que nos explicaron duraría 24 horas. Era la única forma de que mejorara”. Estos últimos 28 días Rafael Klug y su esposa han estado todo el tiempo en la Unidad de Cuidados Intensivos. Llegaban a las 8:00 de la mañana y salían tarde en la noche, cuando les solicitaban que abandonaran la clínica. Aferrados a Dios les pidieron a todos sus amigos y conocidos que iniciaran una cadena de oración por la vida de Daniel.

Sin embargo, los médicos no eran muy optimistas. El daño había sido demasiado grande y las posibilidades de que este joven de 17 años saliera adelante eran escasas. Un grupo de monjas, encabezadas por la madre Teresa, acudían sin falta todos los días a la Clínica El Country a preguntar por su salud y a rezar para que mejorara pronto. En silencio y sin molestar a la familia se unieron a la causa de los Klug.

Las esperanzas de la familia revivieron el día en que Daniel movió la pupila. Cuando lo estaban preparando para sacarlo del coma su padre le acarició el brazo y le susurró algo al oído. “Sentí que se movía y supe que me había escuchado. Al poco tiempo una de sus hermanas le pasó un cuaderno y a partir de entonces hemos podido comunicarnos. Lo primero que escribió fue Mamá, te amo”,  recordó Rafael Klug mientras se tomaba un café en el Juan Valdez del Centro Andino.

 Lucía extremadamente cansado, con los ojos irritados y el semblante algo pálido. Su hija menor también se veía extenuada después de la agitada jornada que tuvieron esa tarde del viernes, cuando por fin su hijo salió de cuidados intensivos rumbo a la habitación 722, en donde seguramente permanecerá cerca de un mes acompañado las 24 horas por una enfermera.

La alegría que sintió esa mañana, cuando los médicos le avisaron la extraordinaria noticia, ya la había experimentado hace ocho días luego de que le quitaran el respirador porque sus pulmones funcionaban de nuevo. Sin embargo, ese domingo 12 de septiembre las cosas volvieron a complicarse y una peritonitis aguó la fiesta. Llenos de fe y esperanza siguieron orando por la salud de su niño y “fuimos escuchados, porque esto que pasó es un milagro”.

La recuperación será larga. Daniel Klug duró tanto tiempo con un tubo en su garganta, que según su padre necesitará muchas terapias para volver a hablar y a comer. “Estamos contentos porque ayer por primera vez pudo tomar unos centímetros de agua de una jeringa. Desde hacía días nos rogaba que le diéramos, que estaba desesperado de la sed y por fin ayer pudimos complacerlo”.

Aunque su sistema digestivo poco a poco ha comenzado a funcionar, tendrá que tener la sonda por algunos días más. También deberá recibir terapia para fortalecer su cadera y volver a caminar. Con bombas y carteles que decían “Recupérate pronto”, sus hermanas y algunos familiares llegaron el viernes a la clínica llenos de emoción por la noticia de su salida de cuidados intensivos. Una de sus tías le llevó de sorpresa un iPad. Decoraron la habitación y lo esperaron por varias horas.

La clínica expidió un comunicado dirigido a la opinión pública anunciando que el trabajo interdisciplinario de un grupo de traumatólogos, cirujanos, ortopedistas, neurocirujanos e intensivistas había dado resultado; pero aclarando que el paciente deberá permanecer en observación médica.

Rafael Klug todavía no asimila todo lo que ha sucedido en estas últimas cuatro semanas, ni siquiera ha tenido tiempo de pensar en demandas o acciones legales en contra de Fernando Abello, quien a través de sus abogados ha intentado coordinar una reunión con los padres del menor. “Ahora lo único que nos interesa es que Daniel se recupere y que este caso sirva de ejemplo, se convierta en una especie de cadena de conciencia para que la gente no conduzca si ha tomado”.

En el corazón de los Klug no hay cabida para los resentimientos, se sienten infinitamente agradecidos con Dios, con la vida y con todos aquellos que se unieron a la cadena de oración por la salud de su hijo e hicieron posible que sucediera un milagro.

Los Klug y la campaña de amor y amistad

El general Rodolfo Palomino, comandante de la Policía de Carreteras, invitó a Rafael Klug a participar en la campaña que se realizó este fin de semana con la intención de concientizar a quienes salieran de rumba para celebrar el Día del Amor y la Amistad a no tomar licor si iban a conducir.

La iniciativa consistió en recorrer con una grúa que lleva un carro estrellado los puntos de la capital de mayor concurrencia en las noches y en la instalación de varios retenes en vías principales.

“Desde la tragedia de su hijo, explicó el general, hemos estado en constante comunicación con Rafael, quien se ha vuelto un símbolo de lo que puede pasar con la mezcla de alcohol y gasolina”.

Milagro

A Rafael Klug todavía le aturde el recuerdo de aquel instante en el que vio a su único hijo varón tendido sobre el pavimento. “Me mataron a Daniel”, fue lo único que atinó a gritar aquella fatídica noche en la que el abogado Fernando Abello arrasó con varios carros y una moto de Policía por conducir en estado de embriaguez. Ocurrió en la autopista norte. Daniel fue arrollado cuando conciliaba un choque simple. Su padre intentó durante varios minutos, con la ayuda de su esposa, revivir a su niño, pero todo lo que hacía parecía en vano.

De repente, un hombre que dijo ser médico se paró a su lado y le pidió que lo dejara ayudar. Le tomó el pulso. Daniel Klug aún estaba con vida. Sin embargo, cuando llegó a la Clínica El Country, en Bogotá, tuvieron que reanimarlo durante algunos minutos. Fractura de cráneo, de pelvis y varias costillas rotas era el saldo que había dejado el fuerte golpe que recibió.

Se despertó casi a los dos días y los médicos decidieron que había que llevarlo a cirugía para reparar el daño en su cadera. Pero las cosas se complicaron en el quirófano, sus pulmones no respondieron y sus signos vitales se fueron apagando rápidamente. Durante cerca de 45 minutos, cuenta su padre, estuvo muerto. Con mucho esfuerzo los cirujanos lograron traerlo de regreso.

“Tuvieron que inducirle un coma en el que nos explicaron duraría 24 horas. Era la única forma de que mejorara”. Estos últimos 28 días Rafael Klug y su esposa han estado todo el tiempo en la Unidad de Cuidados Intensivos. Llegaban a las 8:00 de la mañana y salían tarde en la noche, cuando les solicitaban que abandonaran la clínica. Aferrados a Dios les pidieron a todos sus amigos y conocidos que iniciaran una cadena de oración por la vida de Daniel.

Sin embargo, los médicos no eran muy optimistas. El daño había sido demasiado grande y las posibilidades de que este joven de 17 años saliera adelante eran escasas. Un grupo de monjas, encabezadas por la madre Teresa, acudían sin falta todos los días a la Clínica El Country a preguntar por su salud y a rezar para que mejorara pronto. En silencio y sin molestar a la familia se unieron a la causa de los Klug.

Las esperanzas de la familia revivieron el día en que Daniel movió la pupila. Cuando lo estaban preparando para sacarlo del coma su padre le acarició el brazo y le susurró algo al oído. “Sentí que se movía y supe que me había escuchado. Al poco tiempo una de sus hermanas le pasó un cuaderno y a partir de entonces hemos podido comunicarnos. Lo primero que escribió fue Mamá, te amo”,  recordó Rafael Klug mientras se tomaba un café en el Juan Valdez del Centro Andino.

 Lucía extremadamente cansado, con los ojos irritados y el semblante algo pálido. Su hija menor también se veía extenuada después de la agitada jornada que tuvieron esa tarde del viernes, cuando por fin su hijo salió de cuidados intensivos rumbo a la habitación 722, en donde seguramente permanecerá cerca de un mes acompañado las 24 horas por una enfermera.

La alegría que sintió esa mañana, cuando los médicos le avisaron la extraordinaria noticia, ya la había experimentado hace ocho días luego de que le quitaran el respirador porque sus pulmones funcionaban de nuevo. Sin embargo, ese domingo 12 de septiembre las cosas volvieron a complicarse y una peritonitis aguó la fiesta. Llenos de fe y esperanza siguieron orando por la salud de su niño y “fuimos escuchados, porque esto que pasó es un milagro”.

La recuperación será larga. Daniel Klug duró tanto tiempo con un tubo en su garganta, que según su padre necesitará muchas terapias para volver a hablar y a comer. “Estamos contentos porque ayer por primera vez pudo tomar unos centímetros de agua de una jeringa. Desde hacía días nos rogaba que le diéramos, que estaba desesperado de la sed y por fin ayer pudimos complacerlo”.

Aunque su sistema digestivo poco a poco ha comenzado a funcionar, tendrá que tener la sonda por algunos días más. También deberá recibir terapia para fortalecer su cadera y volver a caminar. Con bombas y carteles que decían “Recupérate pronto”, sus hermanas y algunos familiares llegaron el viernes a la clínica llenos de emoción por la noticia de su salida de cuidados intensivos. Una de sus tías le llevó de sorpresa un iPad. Decoraron la habitación y lo esperaron por varias horas.

La clínica expidió un comunicado dirigido a la opinión pública anunciando que el trabajo interdisciplinario de un grupo de traumatólogos, cirujanos, ortopedistas, neurocirujanos e intensivistas había dado resultado; pero aclarando que el paciente deberá permanecer en observación médica.

Rafael Klug todavía no asimila todo lo que ha sucedido en estas últimas cuatro semanas, ni siquiera ha tenido tiempo de pensar en demandas o acciones legales en contra de Fernando Abello, quien a través de sus abogados ha intentado coordinar una reunión con los padres del menor. “Ahora lo único que nos interesa es que Daniel se recupere y que este caso sirva de ejemplo, se convierta en una especie de cadena de conciencia para que la gente no conduzca si ha tomado”.

En el corazón de los Klug no hay cabida para los resentimientos, se sienten infinitamente agradecidos con Dios, con la vida y con todos aquellos que se unieron a la cadena de oración por la salud de su hijo e hicieron posible que sucediera un milagro.

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