Reforma agraria sí, pero… (I)

¿CÓMO IMPEDIR QUE A LA VUELTA  de 20 años las tierras de una reforma agraria no estén de nuevo en pocas manos? El sociólogo Norbert Elias explica de manera fascinante que la ley del monopolio es consustancial tanto al origen del Estado como a la economía de mercado.

Con o sin ‘paras’, cuando una actividad como la agropecuaria no está sujeta a un régimen regulatorio que condicione la propiedad de ésta, no es de extrañarse que, a pesar de una reforma agraria, al cabo de unos años las tierras más productivas terminen en manos del gran capital.

Alfredo Molano siempre ha propuesto, basado en la historia de la derrota de la economía campesina en los Llanos, que se revivan las zonas de reserva campesina. Se trata, citando a Molano, de que en un área delimitada no haya posibilidades legales para que un propietario tenga más de una unidad agrícola familiar. La idea es paralizar el avance latifundista y defender la mediana y pequeña propiedad.

Limitar la propiedad para defender una  reforma agraria ha sido una constante en muchos lugares. El éxito de la reforma agraria de Benito Mussolini consistió justamente en supeditar el perfeccionamiento del derecho de propiedad del beneficiario de una parcela, al trabajo efectivo de ésta durante 20 años, y así cumplir con la máxima “la tierra es para el que la trabaja”. Se entendió que para ser propietario por primera vez, se necesita de un proceso de aprendizaje.

Sin embargo, limitar el derecho de propiedad de las tierras no puede en nada contra el fatal germen de la destrucción de las reformas agrarias. El fracaso de las reformas agrarias es inevitable con el paso del tiempo por el solo hecho de las leyes civiles de transmisión del patrimonio. La obligación para el campesino de distribuir su tierra en forma igualitaria entre sus hijos significa alterar la naturaleza de su propiedad, por cuanto ésta se divide en parcelas que se convierten en pedazos cada vez más pequeños; una tendencia a la perpetua disminución que desemboca en el inviable minifundio, sinónimo de miseria y el mejor aliado del avance latifundista.

Abrir el debate de la reforma agraria debe ir de la mano de una reflexión sobre los efectos políticos y sociales de las leyes de herencia del código civil. Tocqueville señalaba que las normas de transmisión del patrimonio debían situarse en el corazón de todas las instituciones políticas por la forma en que influyen en la sociedad y en las generaciones por venir.

La libertad de testar, he aquí un debate interesante…

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