"Las chivas venden"

Héctor Hernández, gerente de primerapágina.com.

En sociedad con el periodista Héctor Mario Rodríguez, su agencia de noticias apareció hace diez años. Ahora, con el mismo estilo conciso y directo, surge su publicación impresa ‘The Primera’. Reportería pura.

¿Cómo define lo alcanzado por  Primera Página durante su tiempo de vigencia?

Es el periodismo que se hacía en los años 80, cuando los periodistas vibraban con sus investigaciones y primicias, influenciados del exterior por los ecos del Watergate y localmente por los trabajos de Daniel Samper y Alberto Donadío.

¿Cuál fue la primera chiva de Primera Página?

El fracaso que tuvo el entonces alcalde Peñalosa en su intento de vender la ETB. Por esa primicia el precio del dólar subió más de $300. También la venta de Juan Pablo Ángel al Aston Villa.

¿Cómo se mantiene la vigencia de su producto periodístico?

A punta de chivas. Aunque los periodistas de hoy no lo crean, las chivas venden, y las compran.

¿Cómo se entienden Héctor Hernández y Héctor Mario Rodríguez?

No creo que nos entendamos. Y ahí puede estar la clave.

¿Por qué es importante para los empresarios su servicio?

Porque obtienen información para tomar mejores decisiones. Y porque a ellos, como a cualquier ser humano, les gusta el chisme, andar actualizados.

¿Cómo se inició en el periodismo?

Vendiéndole crónicas a El Siglo. Luego Guillermo Gómez Moncayo, su editor, me vinculó de planta.

¿Qué recuerda de sus épocas de reportero judicial?

Que manejaba las mejores fuentes de un periodista: cortes y tribunales. Una cantidad de noticias que me tenía garantizado un espacio en la primera plana de El Espectador, donde fui reportero judicial siete años.

¿Cuál fue su mejor chiva judicial?

La emergencia económica que pidió el gobierno de Belisario Betancur al Consejo de Estado y que éste negó; o la ponencia de la Sala Constitucional de la Corte Suprema que no avalaba la séptima papeleta de Gaviria.

¿Qué fue lo que más le aprendió a Guillermo Cano?

Le aprendí que todo lo que tuviera sustento podía ser publicado. Él tenía el don de hacerse sentir silenciosa y tímidamente cuando uno se equivocaba o era chiviado. Y también se encargaba de subirlo al cielo cuando uno lograba una primicia. Una chiva para don Guillermo era el mejor bocado de la vida.

¿Cómo define su experiencia en televisión?

El reportero se tiene que transformar en un diminuto director de cine. Lo que mandan son las imágenes. Y las primicias, cosa que hoy poco se ve porque el contenido de los noticieros parece uniformado.

¿Cómo fue trabajar con Yamid Amat?

Encajé perfecto con su estilo. Porque Yamid, igual que don Guillermo Cano, vibra con la primicia. Me decían que era un terror trabajar con él, pero en mi caso fue una excelente experiencia.

¿Cuál es el secreto del periodismo económico?

Del periodismo en general, la clave es la novedad. Un asunto que de los años 80 hacia atrás los periodistas sabían hacer perfectamente, muchos sin haber pasado por una universidad.

¿Quién es su competencia?

Todos los demás medios.

¿Cuál es la idea de Primera Página con su impreso ‘The Primera’?

Contar historias que cada vez se ven menos en las revistas y periódicos.

Para usted, que es afiebrado al fútbol, ¿cuál es el mejor periodista-futbolista que haya conocido?

El mejor defensa central, Gilberto Bello, que de cortos nadie se podía imaginar que era crítico de cine. Fidel Cano también lo fue, pero era un stopper sanguinario. De armado, tengo dos: Alfonso Cano y Javier Ayala Jr. El mejor puntero de raya, mi socio Héctor Mario Rodríguez. El mejor centro delantero, Alejandro Cano. Y no puedo dejar de nombrar a quien con la mirada nos entendíamos: Juan Carlos Salgado.