Diseñadores de lo usado

Samuel Córdoba y Catalina López le dan una segunda vida al cartón.

Samuel Córdoba es arquitecto, pero dejó las maquetas a un lado para concentrarse en hacer documentales. Después de grabar Tumaco Pacífico, con el cual ha tenido bastante éxito internacional, volvió por casualidad al diseño. En uno de sus viajes para promocionar el documental entró a una librería en Santiago de Chile y vio unas lindas sillas para niños hechas de cartón. Juró que le haría una igual a su ahijado.

Muchos días después, cuando un reciclador pasó frente a su casa con una gran caja de cartón recordó su promesa. El primer prototipo que construyó fue una pequeña butaca que todavía conserva; luego ésta fue evolucionando hasta convertirse en una silla cómoda, perfecta para el trabajo y el descanso.

 Catalina López estudió diseño industrial y artes efímeras. En sus trabajos usa etiquetas de plástico, de botellas y de todos los productos que se le cruzan diariamente. Las recorta con cuidado, junta las azules con las azules, las amarillas con las amarillas y así va separando cada color. Luego las pega armando una figura que sólo se entiende de lejos. “Es como ver nuestra realidad invadida por el consumo, pero al alejarse podemos ver el problema y sus soluciones”.

Hace dos años son pareja y trabajan juntos. Ambos se consideran unos apasionados por el arte. Aquella silla de cartón se convirtió en el punto de partida para hacer realidad su sueño de desarrollar, a través de su Fundación Promedio, proyectos sostenibles que causaran impacto.

Comenzaron en Ciudad Bolívar. Córdoba intentó animar a un grupo de recicladores, pero no fue fácil porque estaban demasiado prevenidos. Con el tiempo pudo acercarse a uno de ellos y conseguir que le llevara a su taller  enormes cajas de cartón. “Un día dejó que le mostrara las sillas que estaba construyendo. Recuerdo que me contó que se imaginaba todas las cosas que podía hacer con aquel objeto. Me dijo —cuenta Córdoba— que ya tendría en donde sentarse con sus hijos para no seguir acercando la cama a la mesa cada vez que quisieran comer”.

Así surgió la idea de organizar a la comunidad para enseñarles cómo construir una silla de cartón. Ya tienen la propuesta de una compañía de construcción a la cual le llegan materiales empacados en cajas que luego quedan inservibles. “Ellos tienen recicladores a quienes les podríamos enseñar a armar sus sillas”, explica Córdoba, quien le dio el nombre de “Re-uso” a su diseño.

Se trata de una cuestión de sostenibilidad, de vivir de lo que hacen y contribuir al bienestar de quienes los rodean. Por eso no planean patentar la silla. La idea es que quienes de verdad la necesiten aprendan a hacerla y quienes puedan pagarla, lo hagan. De esta forma, una persona gomosa del diseño puede adquirirla por $400 mil y tener la garantía de que a algún niño de una escuela llegará una silla igual gratis. A fin de cuentas, para construirla sólo se necesita cartón, un bisturí y pegante.

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