Riohacha fue un bolero

La séptima edición del Festival Internacional del Bolero fue la excusa para hacer sonar un repertorio cargado de romanticismo.

El enemigo más grande era la lluvia, por eso mientras montaban la tarima frente al mar, los amigos, los buenos amigos hicieron un conjuro con el que las cruces de sal la alejarían y ante los ojos de los incrédulos, aquellos que se habían empapado el día anterior, el cielo dejaría de agitarse. Funcionó. Ni una sola gota se interpuso entre el bolero y Riohacha en la apertura del evento. En los días siguientes se asomaría a ratos pero jamás dañó la fiesta.

Dana —11 años, samaria, delgadita— fue una de las primeras en subir al escenario y embrujar con su voz a los 1.200 asistentes que se agolpaban en la playa. “Contigo aprendí es para todos ustedes, mi papá que está en el cielo y mi mamá que la quiero mucho”, dijo la pequeña que canta desde los 5 años, la misma a quien Ismael Miranda aplaudió el día que la conoció. El boricua estuvo por primera vez en Riohacha con una razón clara: “Aunque soy salsero, creo que el bolero ha sido medio marginado y es importante que eso no siga pasando. Yo estoy aquí por un bolero”.

“Aquí lo que se escucha es vallenato —Edilson, taxista, guajiro—. Yo no voy a eso, pero viene mucha gente, cachacos más que todo. Aquí todo el mundo sabe que se está haciendo el Festival del Bolero, pero el desorden se formaría con otra música. Usted sabe que el vallenato y la ranchera es lo que más pega por acá”.

La tierra de juglares y acordeones decidió darle un espacio al bolero desde que unos amigos se reunieron, desde hace 17 años, y comenzaron a intercambiar vinilos, mientras se generaban discusiones sobre cómo la ciudad le estaba dando la espalda al mar. “A partir de esa reflexión tratamos de recuperar una tradición que se había perdido a causa de fenómenos como la marimba y fue así como se formó el Club Sociocultural Raíces. Empezamos a ver qué ritmo del Caribe podía tener más acogida acá aparte del vallenato y fue el bolero desde muchos años atrás el que había cautivado con el grupo La Vieja Guardia o la bolerista Sofi Martínez, oriunda de la región. Focalizamos lo que queríamos y pudimos dar el salto del acetato a la música en vivo”, cuenta Álvaro Escorcia, quien luego de haber sido el presidente de la Fundación Cultural Raíces durante algún tiempo, se desenvuelve como gerente del Fondo Mixto para la promoción de la cultura en La Guajira.

Antes de ser un festival, los melómanos que pasaban sus tardes al pie del tornamesa crearon el Encuentro de Coleccionistas —este año llegó a su décima edición— para rendirle tributo al bolero escuchando las voces de Emma Valdemar, Daniel Santos, Benny Moré o Armando Manzanero. Poco a poco se consolidó como una cita oficial de los aficionados, que se disputan el primer lugar al presentar los temas más originales de su repertorio. “Lo que pasa es que Riohacha y la Costa Atlántica han sido siempre supremamente románticas. El mar, las palmeras y la brisa han hecho que el bolero cale muy bien. Igual está la gozadera, que es la música afrocaribe, esa es la imagen que tenemos de los costeños, de bullangueros, de bailadores, pero el bolero a lo largo de la región ha tenido grandes compositores. Yo encuentro el evento perfecto y cada día está llegando más gente porque estamos frente al mar Caribe, sintiendo la brisa, escuchando boleros, con los amigos coleccionistas; eso no tiene precio ni se ve en ningún otro lado”, expresa Óscar Cardoso, un caleño que guarda alrededor de 15 mil LP y quien presentó Perfidia del Cuarteto Rufino, Quiéreme mucho, interpretado por Digno García y los paraguayos, y Yesterday, de Primitivo y su combo. No ganó. Sí lo hizo un abogado barranquillero llamado Víctor González.

También se impuso una antioqueña de 28 años, Natalia Restrepo, pero lo suyo está lejos de ser coleccionismo. Su pasión, esa que la hace pararse con actitud desafiante para reclamarles a los hombres con canciones como Temes y De qué presumes, es la que la va a llevar al próximo Festival del Bolero en Cuba. “Soy una mujer más enamorada y adoro los hombres, me caso en un mes, pero casualmente son las canciones que rompen venas las que me inspiran y me gustan porque te invitan a tomar un buen traguito. Me toca prepararme desde ya para arrasar en Cuba y tener a mi favor ese sabor latino”.

Y es que el bolero nació justamente en Cuba y entró a Riohacha mucho antes que el vallenato. “Es extraño, pero también admirable cómo la gente se pregunta por qué el bolero en Riohacha, por qué en la Costa, por qué en La Guajira. Es que el bolero lo asocian a otras latitudes y se olvidan de que es Caribe. No podemos dejar de pensar que el bolero, el son, el guaguancó, el cha cha cha, son lo nuestro. Lo quisimos hacer este año frente al mar, en la orilla de la playa, porque es que el romanticismo del bolero nos incita a que no puede ser sino frente al mar, a la luz de la luna, en la noche. No me pinto un enamoramiento a las 3 de la tarde con un sol canicular en un edificio de 20 pisos. Lo más importante es el bolero que vivimos en Riohacha”, dice Francisco Smit, director del festival cuya septima edición se celebró el pasado fin de semana, y a quien le gusta decir: Riohacha es un bolero.