Luego de la muerte de 'Jojoy'

LA OPERACIÓN DESARROLLADA EN LA madrugada de este 22 de septiembre por la Fuerza Pública contra el Mono Jojoy y Romaña, miembros del estado mayor de las Farc, es sin duda un duro golpe contra el centro de gravedad militar y político del bloque Oriental de este grupo guerrillero.

Representa en términos estratégicos un resultado mucho más importante que el registrado en marzo de 2008 contra alias Raúl Reyes en territorio ecuatoriano. En el caso de Jojoy, su importancia es superior porque era un hombre que tenía mando sobre tropa, una altísima influencia en los órganos de decisión dentro de las Farc y, por supuesto, porque era la prueba fehaciente de cierto “ideario” o “moral” de lucha para los miembros de esta guerrilla. En esos términos, su muerte representa la caída de un verdadero símbolo de las Farc.

También es una muestra más de la necesidad de darles continuidad a las políticas de seguridad desde la institucionalidad estatal, alejándonos por fortuna de la “imperiosa necesidad” de seguir creyendo en gobernantes irreemplazables.

Los resultados de esta operación, más allá de los cantos de victoria, que muy responsablemente no ha querido entonar el Gobierno Nacional, nos obligan a pensar en por lo menos dos retos adicionales luego de las muertes de Jojoy y Romaña. Por un lado, implica que la superación del conflicto con las Farc sólo es posible si se redefine y se profundiza la política de consolidación, llevando a otros territorios, como ya se está haciendo en la Serranía de La Macarena, la institucionalidad del Estado y las políticas sociales y económicas que permitan, ahora sí, hacer irreversible el renacer de esa guerrilla y avanzar en la construcción de la legitimidad del Estado.

En segundo lugar, es una nueva señal para que el Estado colombiano, de manera inteligente y no vengativa —tal como ocurrió en los últimos ocho años—, logre capitalizar estos golpes militares en términos de estrategias políticas que apunten no sólo a ganar la guerra, sino a terminar el conflicto armado.

Por último, es necesario señalar que estos exitosos golpes militares no pueden hacernos olvidar que es muy prematuro hablar de posibles escenarios de negociación con este grupo guerrillero o de un “fin del fin” de las Farc. A pesar de que oficialmente se han desmovilizado más de 14.700 guerrilleros, hoy esta guerrilla cuenta con más de 7.000 hombres en armas y una activa presencia en las cordilleras Central y Occidental. Todo un reto sin duda en términos de seguridad.

* Coordinador del área de dinámicas del conflicto y negociaciones de paz de la Fundación Ideas para la Paz.

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