'Mi esencia sigue en el Chocó': Arnoldo Palacios

El escritor, nacido en Cértegui, en las selvas chocoanas, estuvo en el país promocionando su libro 'La selva y la lluvia'.

¿En qué anda en este momento?

Ocupándome de mis obras literarias. Siempre me he dedicado al trabajo de escribir, ahora estoy buscando publicarlas.

¿Por qué se decidió a publicar ‘La selva y la lluvia’ en Colombia?

La escribí en Europa, en Bucarest, en 1957, traté de comunicarme con Colombia pero esa esta época era muy difícil. En este momento ya ni podría decir bien por qué se va a publicar.

Usted escribió el libro hace más de 50 años, ¿qué siente hoy cuando vuelve  a sus páginas?

En La selva y la lluvia quise escribir sobre el 9 de abril y la vida de los mineros en el Chocó, del pueblo, de los trabajadores. Hoy siento que ese libro fue una especie de profecía; el país está peor, sobre todo en la pobreza y la miseria, aunque tenga mayor desarrollo industrial.

¿Lo que escribía en ese entonces es diferente al panorama de hoy?

No ha cambiado mucho. En la minería, por ejemplo, sí han cambiado los mecanismos de explotación, pero en el fondo ocurre lo mismo y aun peor, hay mayores estragos.

¿Le hizo alguna transformación al libro para esta edición?

Está tal cual fue escrito.

¿Cuál es el mayor encanto del Chocó para usted?

Es la gente nuestra. Me gusta mucho las tradiciones que se conservan. Cuando volví por primera vez de Francia después de 15 años, pude hablar con los viejos de mi pueblo y encontrarme con filósofos que no tuvieron que ir a La Sorbona.

A la hora de escribir una novela, ¿es más difícil el principio o el final?

Como en la vida misma, es difícil el principio y es difícil el final.

¿A cuál escritor colombiano admira?

Los críticos responden más fácil estas preguntas. Yo admiro, y con el paso del tiempo cada vez más, a los clásicos colombianos. José Eustasio Rivera, Porfirio Barba Jacob, León de Greiff. Ellos retoman lo nuestro.

Sus obras han sido traducidas a varios idiomas. ¿Influyen estas traducciones en la  historia?

Sí. Una traducción al fin y al cabo no es la obra. El espíritu no se puede traducir y ahí es donde está lo fundamental de la literatura.

¿Qué le dejó haber escrito ‘Las estrellas son negras’?

Llenó los deseos de viajar que tuve siempre. Tuve poliomielitis muy niño, en mi primera infancia  no pude desplazarme de pie. Con la publicación pude viajar. El libro generó un cambio grande en mi vida. Salí de Bogotá de 24 años. Fue muy importante y sigue siéndolo.

¿Cuándo supo que quería ser escritor?

Una prima había muerto y para el entierro le escribí unas palabras. Creo que desde ese día empecé a ser escritor realmente.

¿Cómo han sido recibidas sus historias en Europa?

Han sido bien recibidas las cosas que escribo. Siempre trato de escribir sobre Colombia y de hacerlo en castellano.

¿Cómo se ha transformado su vida ahora que lleva tantos años en Europa?

Sigo siendo el mismo. A mí no me gusta estar en la vida social intelectual, eso influye tal vez en que se me conozca poco. Les tengo mucho miedo a los lagartos.

¿Alguna vez se ha quedado sin palabras para describir un paisaje?

Sí, muchas veces. Cuando llegué a Europa me encontré con muchas estaciones, en el Chocó sólo teníamos el verano. Tuve que recurrir a otro lenguaje.

¿Qué les ha aprendido a los europeos?

 Muchas cosas, sobre todo el rigor, pero siempre he tenido el cuidado de mantener mi esencia, que sigue en el Chocó.

¿Cuáles son los temas de los que no habla en sus historias?

Soy enemigo a hablar de dinero,  de edad y de la muerte.

Lo más grande que le ha dejado la escritura.

Que hay que vivir en función de lo que uno tiene y sacarle a eso la fuerza. Cuando hablan de estrés yo digo, ¿qué es eso? El estrés es para los ricos. He aprendido que lo importante es tener muchos amigos.