Alerta explosiva en la capital del país

El atentado del martes en la noche contra la estación de Policía de Suba fue provocado con cinco kilos de dinamita que dos sospechosos dejaron en una motocicleta.

Los bombazos de las últimas dos noches en Bogotá volvieron a poner sobre el tapete el tema del terrorismo y la inseguridad. Como ocurrió meses antes del estallido que destrozó el Club El Nogal, el 7 de febrero de 2003, las dos pequeñas explosiones, una en el Centro y otra en el barrio Suba, encendieron las alarmas. “Uno podría creer que se viene algo grueso, si tenemos en cuenta lo que pasó en los años 80 y en 2003”, comentaba ayer un vecino de la estación de Policía de Suba, donde el martes a las 9:10 p.m. explotó una motocicleta cargada con cinco kilos de dinamita que destruyó parte de la estación de Policía, marcada con el número 146C-49 de la carrera 92, seis patrullas y ocho vehículos. Cuatro cuadras a la redonda resultaron afectadas y, dentro de ellas, unas 230 viviendas. Los daños fueron calculados en 130 millones de pesos. El atentado dejó a cuatro oficiales heridos. “Es que las oleadas siempre comienzan con anuncios pequeños”, añadió el vecino.

Dos meses atrás, el 15 de abril, el coronel Rodolfo Palomino, comandante de la Policía Metropolitana, había dicho que la ciudad “no dejará de ser el epicentro de amenazas terroristas por parte de los grupos armados y ello lo prueban los tres diferentes decomisos de explosivos que han logrado las autoridades en los últimos 15 días”. En versiones no oficiales, la Policía, el Ejército y los cuerpos de inteligencia concordaban en que una de las razones para haber llegado a esa conclusión es que la capital es el principal centro de distribución de explosivos, tanto de las Farc como del Eln, las Águilas Negras de Norte de Santander y otros grupos menores.

La captura a finales de marzo de Óscar Segundo Suárez, alias Polla Ronca, un asiduo colaborador de los frentes 53 y 57 de las Farc, y del 46 del Eln, no fue un hecho aislado. Suárez era una ficha clave dentro del tráfico de armas que se mueve en el submundo de la capital y uno de los posibles cabecillas de las redes milicianas de las Farc, que desde diciembre, aseguran algunos investigadores, buscan asestarle un golpe fuerte a la institucionalidad en Bogotá. En cifradas conversaciones de bares clandestinos, partidarios de la guerrilla aseguran que el mayor riesgo que corre la ciudad, hoy, es la reacción de las Farc en estos momentos de innegable debilidad. Como dijo el general retirado del Ejército Néstor Ramírez Mejía: “Se me hace que las Farc trataron de hacer una gran ofensiva, pero la gente ni siquiera se enteró. Atacaron con cilindros un pueblo de Cauca: el Ejército los neutralizó. Se metieron a Colombia (Huila) y casi dan de baja a Romaña y capturaron a una sobrina. Pareciera que todos estos actos forman parte de una gran campaña que no les han resultado. Pero no es lo mismo que en los años 90”

El miércoles en la mañana, Palomino decía por Caracol Radio que las investigaciones preliminares de las autoridades responsabilizan a milicianos de las Farc del atentado perpetrado en Suba, y ofreció 50 millones de pesos de recompensa a quien diera información que permita dar con el paradero de los responsables. Algunos de los testimonios preliminares indicaron que eran dos hombres los sospechosos y que huyeron en una moto. Uno de ellos llevaba una chaqueta negra y un pantalón camuflado. El otro, un jean y una gorra. A los dos los vieron correr hacia el cerro de Casa Blanca, de donde en un principio se afirmó que había salido el explosivo. “Fue un rocket lanzado en un diámetro máximo de 500 metros”, fue la versión inicial. Sin embargo, sobre el mediodía de ayer unos cuantos habitantes del sector suponían que la verdad de los hechos no se iba a difundir, pues no le convenía a una estación de Policía que la gente supiera que una simple moto había ingresado con cinco kilos de dinamita hasta sus propias barbas, “como Pedro por su casa”.


Uno de los agentes que se encontraba en el lugar relató que “estaba en la cafetería cuando sentí una onda muy fuerte, un ruido impresionante. Pensamos que había explotado un transformador. Estábamos a punto de formar en el salón principal. Todos los días, a las 9:30 p.m., más de 200 policías nos reunimos allí. Afuera siempre hay varios centinelas vigilando el parqueadero”.

El general Palomino también fue enfático al afirmar que el ataque del martes no tuvo nada que ver con el del lunes, más allá de la coincidencia de la hora. En igual sentido se expresó en la tarde Samuel Moreno Rojas, el alcalde de la ciudad, luego de un Consejo de Seguridad en el que anunció que hoy le pedirá un diagnóstico de la situación de seguridad de Bogotá, y en especial de Suba, al Comité Interinstitucional Antiterrorista.

El lunes, pasadas las nueve de la noche, una explosión en las bodegas de la fábrica de telas Maritel del Nogal, ubicada en la calle 33 con sexta, acabó con la vida de Yuly Robayo, de 25 años, quien pasaba por el lugar en el momento del estallido acompañada por su madre. El general Palomino dijo al día siguiente que no descartaba la hipótesis de que el atentado se hubiera producido para extorsionar a los dueños de la fábrica y negó las primeras conjeturas, según las cuales el “bombazo” había sido simple y llanamente un accidente. No obstante, se abstuvo de señalar a las Farc. Según fueron pasando las horas, la explosión del martes pasó a un segundo plano.

La estación de Suba fue entonces el centro de los comentarios y las noticias. Las hipótesis sobre la “ola terrorista” se multiplicaron. Unas señalaban y acusaban a las bandas de paramilitares que han azotado a Suba durante los últimos años. Otras, a pandilleros de la misma zona. Las demás, incluidas las oficiales, a las Farc. Con otros nombres y diferentes motivos la historia parece repetirse, aseguran los bogotanos, quienes en diversas encuestas realizadas durante los últimos meses habían llegado a afirmar que la inseguridad iba en franca disminución. Estudios de la Cámara de Comercio hechos en diciembre, por ejemplo, señalaron que la percepción sobre la victimización en Bogotá pasó del 34% en diciembre de 2006, al 26% en diciembre de 2007, y que el 66% de los delitos ocurrió en espacios públicos, contra un porcentaje superior al 70 que arrojaban los resultados de 2006. Hoy, cada quién refuerza sus medidas de seguridad, pues aunque las autoridades “se ven mejor que antes, más eficaces por lo menos”, no pueden contra todo y contra todos.

Lo que dicen los estudios

De acuerdo con los resultados arrojados por la última Encuesta de Percepción y Victimización realizada por la Cámara de Comercio de Bogotá, el nivel de inseguridad en Bogotá ha disminuido, registrando uno de los mejores resultados de los últimos cuatro años, pasando de un 34% en diciembre de 2006 a un 26% en diciembre de 2007. Sin embargo, se incrementó el porcentaje de personas que perciben que la inseguridad ha aumentado, al pasar de 34% en junio de 2007 a 39% en diciembre de 2007. La encuesta señala que el 66% de los delitos ocurrió en espacios públicos y el robo a personas sigue siendo el que más afecta a los ciudadanos. Asimismo, el robo a residencias se redujo notablemente, al pasar de 15% a 7% entre 2006 y 2007.

Cronología

Agosto 7 de 2002

Las Farc  atacaron con cilindros explosivos la Casa de Nariño y la Escuela de Cadetes José María Córdoba.   El saldo fue de 27  muertos y 13 heridos.

Octubre 22 de 2002

Ataque terrorista contra la sede la Policía Metropolitana de Bogotá. Dos muertos.

Noviembre 22 de 2002

Tres granadas de mortero explotaron  cerca de la Fiscalía General de la Nación y de la Embajada de Estados Unidos.

Diciembre 10 de 2002

Un carro bomba explotó en un parqueadero del barrio Normandía, occidente de Bogotá.

Diciembre 13 de 2002

Atentado contra el senador Germán Vargas Lleras. Explosión en  Residencias Tequendama.

Enero 6 de 2003

Un artefacto incendiario explotó cerca de la estación de Transmilenio Santa Lucía.

Febrero 7 de 2003


Estalló carro bomba en el Club El Nogal. El ataque dejó 36 muertos y 170 heridos.

Noviembre 15 de 2003

Lanzaron dos granadas de fragmentación contra el bar Bogotá Beer Company, al norte de Bogotá.

Octubre 11 de 2005

Atentado contra el senador Germán Vargas Lleras.

Noviembre 12 de 2005

Explotaron en Fontibón dos granadas tipo IM26, que contenían  explosivo pentonita.

Abril 6 de 2006

Atacados dos buses de Transmilenio en los barrios Inglés y La Florida. La acción dejó 20 heridos y un niño muerto.

 Abril 19 de 2006

Explotó un paquete bomba con dos kilos de amonal a pocos metros del primer túnel en la vía Bogotá-Villavicencio.

Julio 31 de 2006

Un muerto y 20 militares heridos dejó un ataque terrorista con un convoy que transitaba entre los barrios Gaitán y 12 de Octubre.

Octubre 19 de 2006

Estalló carro bomba en la Escuela Superior de Guerra, al norte de la ciudad. El acto terrorista dejó 25 heridos.

Agosto 22 de 2007

Atentados terrorista contra una zona comercial de Chapinero. El ataque dejó daños materiales en viviendas y locales.

Octubre 12 de 2007

Dos atentados terroristas perpetrados en el sector de Teusaquillo.

Marzo 19 de 2008

Más de 59 locales resultaron afectados por un petardo que explotó en la carrera 15 con calle 12, en pleno centro de Bogotá.

Mayo 21 de 2008

La Policía capturó a tres personas después de  incautarles material explosivo de alta potencia, en el barrio Patio Bonito, al suroccidente de la ciudad.

Junio 9 de 2008

Explosión en la bodega de telas Maritel del Nogal, en el centro de la ciudad. Una joven de 25 años murió y su madre quedó herida.

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