De tortazo en tortazo hasta la victoria final

Un concierto de la Sinfónica de la Armada Nacional abrió una nueva etapa para el teatro.

A don Jacinto Villaveces se le recordará en su barrio porque era el único de los vecinos que se jactaba de haber ido todos los domingos de los años 60 y 70 a los recitales en La Media Torta. Solía entonces vestirse de trajes oscuros a rayas y llevar en la mano su eterno sombrero modelo años 50. “Parecía vivir sólo para ir a los conciertos”, recordaba años más tarde, en los 90, la mayor de sus hijas, Magola. El viejo teatro al aire libre se había convertido en un agrietado fumadero de marihuana, un solar de matas quebradizas al que nadie iba en su sano juicio. Atravesarlo era jugarse la vida a la vuelta de cualquier esquina.

Años antes, las multitudes desbordaban sus escalinatas hasta apoderarse de los pastizales y calles aledaños. “Mi padre, don Jacinto, como lo llamaban por acá, se iba bien temprano los domingos para quedar a pocos pasos de la tarima”. A veces llevaba a sus hijos o a su mujer. A veces se largaba a solas, jugando a ser el enigmático personaje de alguna de sus series de televisión preferidas, como Los vengadores, Columbo o El ladrón. Su día más recordado, fantástico y traumático al mismo tiempo, fue el de la última presentación de Raphael, en marzo del 77.

“Él decía que fue mágico porque nunca más hubo artistas de esa talla en el teatro, y no se cansaba de repetir que esa mañana debía haber más de 60 mil personas en La Media Torta”. Rapahel llegó poco antes de las 10 de la mañana, vestido de tonos claros. El público había ido llenando el recinto desde la madrugada, sentándose incluso sobre la escultura que Édgar Negret había donado meses atrás. Unos tomaban su habitual chicha; otros, cerveza o vino dulce. Raphael irrumpió cantando “Los amantes se van, contentos se van a un rincón de la Tierra...”. La gente lo siguió: “Cada día comienzan un nuevo idilio, cada día terminan un gran amor...”. De repente, en medio de una estrofa, dejó el micrófono colgado de un atril. Balbuceó que no podía seguir, que la altura, que se ahogaba, y se retiró. Nunca más volvió, como decía don Jacinto.

Hubo quienes recordaron que a finales de los 60 la española Marisol tuvo que retirarse del escenario protegida por agentes de la Policía. Se había negado a cantar La vida es una tómbola. Como aclaró ese mismo domingo en la noche, inmersa en una polémica que parecía no acabar jamás, “simplemente se me ha olvidado la letra, es sólo eso”. Hubo también quienes evocaron que a Julio Iglesias sus fans, en especial un grupo que se denominaba “Las Chiquillas”, en alusión a una de sus canciones, habían intentado sacarle la ropa y no se supo nunca qué más.

Aquellos fueron los años maravillosos de La Media Torta. Un decreto había determinado que todos los artistas que se presentaran en Bogotá debían ofrecer un concierto gratuito allí. Así, por ejemplo, desfilaron José Alfredo Jiménez y sus mariachis, Armando Manzanero, Sandro, Leonardo Favio, Celia Cruz, Mercedes Sosa y decenas de otros artistas, que llegaban con desgano y al sentir el primer aplauso se motivaban y continuaban con sus canciones hasta el filo del mediodía.

Ese había sido el ideal de Jorge Eliécer Gaitán, quien como alcalde mayor de la ciudad, en 1936, propuso que Bogotá contara con un teatro popular en el que la gente pudiera ver y oír a sus ídolos sin tener que pagar. En un comienzo su iniciativa fue criticada. Le dijeron que la gente del sur no tenía la sensibilidad para apreciar ciertas obras. Él se molestó. Por debajo de cuerda continuó con sus planes y logró que la embajada británica le prometiera unas libras.


Pasaron los meses y los años. El 13 de agosto de 1938, el alcalde municipal, Gustavo Santos, inauguró un teatro al aire libre en los terrenos de la antigua hacienda La Media Torta. El gran acontecimiento fue presenciado y avalado por el presidente de la República, Eduardo Santos; por el ministro plenipotenciario de Inglaterra en Bogotá, Mr. Paske Smith, y por varias personalidades de la vida diplomática y política de la nación. Los primeros espectáculos en La Media Torta fueron sinfonías y cantatas, conciertos de música “seria” para “educar al pueblo”, según el mandato aristócrata de los políticos de la época. En los 50, sin embargo, la fiebre de rancheras y cine mexicano y la idolatría que generaban Miguel Aceves Mejía, Antonio Aguilar, Pedro Vargas y María Félix, entre tantos otros, torció las pretensiones de la aristocracia. “El pueblo” quería canciones del pueblo. Llegó borracho el borracho mataba a Wagner. Y las transmisiones por la radio que en los 60 comenzaron a hacerse desde allí, pesaban más que Cascanueces.

 Luego llegaron los plenos 60 y los 70. La rebeldía, la marihuana, el éxtasis. El teatro se cerró en los 80: los  empresarios lograron influir en el Concejo para que derogara el decreto que había popularizado los domingos de La Media Torta. Después, la historia se hizo de cierres, remodelaciones, denuncias por inseguridad, reinauguraciones y cientos de intentos por devolverle al escenario su antiguo esplendor.

La torta en el tiempo

En 1939, un año después de su inauguración, se creó el acuerdo cuatro, que estableció la canalización de recursos para el teatro. En 1974 es cerrado debido al mal estado de su planta física. Las obras de remodelación del escenario  comenzaron en 1981, que incluyen la ampliación de las graderías —se pasó de 3.000 a 10.000 espectadores—; los trabajos terminaron en 1982. En 1995 iniciaron los festivales al parque, que incluyen como escenario la Media Torta. La Media Torta es administrada, actualmente, por la Secretaría de Cultura y Recreación

Recuerdos ilustres

Julio Iglesias

Cuando se presentó en Bogotá, Julio Iglesias era el cantante más popular de Hispanoamérica. Sus canciones más exitosas eran ‘Gwendolyne’ y ‘Soy’, entre otras. Su historia, según la cual se había vuelto músico a raíz de un accidente con un tren que le truncó su carrera como futbolista del Real Madrid, era ampliamente conocida. Más de 40 mil personas fueron a verlo a La Media Torta.

José Alfredo Jiménez

El charro mexicano se presentó en La Media Torta en 1969. Pese a que no era un galán de cine, como sus colegas Pedro Infante y Miguel Aceves Mejía, sus canciones eran grabadas por los más importantes cantantes mexicanos, que se volvieron famosos por sus composiciones. ‘Pero sigo siendo el rey’ fue, sin duda, la más popular de todas.

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