EL EXPERTO RESPONDE

Elliot Sperling es Director de la Programa de Estudios Tibetanos en la Universidad de Indiana. Ha recibido becas de MacArthur y Fulbright, y es antiguo miembro del Comité Para La Libertad Religiosa del Exterior, bajo de la administración Clinton. Ha escrito varias publicaciones, incluyendo The Tibet-China Conflict: History and Polemics, hecho para el East-West Center en Washington DC.

Vimos mucha cobertura sobre Tíbet hace unos meses. ¿Cómo está la situación?

Es difícil saber muchos detalles sobre lo que ha estado pasando durante los últimos meses simplemente porque el gobierno chino les ha negado acceso a Tíbet a los observadores independientes. Sin embargo, los informes que han salido de Tíbet no son optimistas. Muchos tibetanos han sido detenidos, hay informes de tortura y muerte en detención, y varios monasterios están siendo sometidos a restricciones severas. Hasta donde se puede saber, la situación en Tíbet sigue extremamente tensa.

¿Cómo son las relaciones entre los líderes tibetanos y las autoridades chinas?

Representantes del Dalai Lama y su gobierno exilado han tenido conversaciones periódicas con representantes chinos desde el fin de los años 70. Esas conversaciones no han sido productivas y hace poco un portavoz chino declaró que este tipo de conversaciones son solamente para llegar a un solución sobre la cuestión del Dalai Lama y su estatus. Eso representa un regreso a la posición básica articulado por el gobierno chino hace más de 20 años.

El Dalai Lama ha contestado (como lo hizo hace años) que el problema no es su situación personal, sino del bienestar de todos los tibetanos. Otras conversaciones están previstas para octubre, pero en este momento la relación entre los dos lados pueden ser caracterizada como frenada; se puede decir que las conversaciones no han logrado nada realmente substantivo desde que comenzaron.

¿Qué le pide el Tíbet a China?

El único elemento constante en la postura del Dalai Lama es su deseo de mantener Tíbet como una parte de China. Más que eso, él ha coherentemente cambiado su posición. Empezó por pedir autonomía genuina y después lo redujo a solo autonomía cultural. Más recientemente, él y su gobierno exilado han dicho que quieren solamente los derechos básicos que ya están inscritos en la ley china de la autonomía de la nacionalidad regional.

Pero al mismo tiempo, el deseo de un Tíbet independiente tiene amplio apoyo en todo el mundo tibetano. Sin embargo, la política de China no trata de llegar a una resolución con el Dalai Lama: China piensa que si él regresara a Tíbet se volvería el centro de las aspiraciones tibetanas  y por eso piensa que sería mejor esperar que él se muera (tiene 73 años). Después, China aparentemente planea coronar a un niño, quien sería criado y educado por el gobierno, como un nuevo y obediente Dalai Lama. 

¿Qué efectos han tenido las recientes protestas?

Las protestas tuvieron el efecto de colocar el tema de Tíbet y la situación de los tibetanos frente a la opinión pública


mundial. También provocó una dura reacción represiva del gobierno China. Es necesario tener en cuenta que los tibetanos han vivido bajo el gobierno chino por décadas y estaban conscientes de lo que estaban haciendo, y de cómo China responde habitualmente a las protestas en Tíbet.

Algunas personas han dicho que el Dalai Lama es un monje vestido de Gucci. ¿Cómo ha cambiado con su fama mundial, y qué rol juega hoy en día?

Fue Rupert Murdoch, quien en la época estaba tratando de acercarse al gobierno chino para hacer negocios, que dijo que era un monje viejo que no hacía más que chancletear en zapatos Gucci. El interés de la farándula por el Dalai Lama le resta cierta seriedad y lo hace un blanco fácil para la sátira, pero obscura su rol muy real como el líder de un pueblo que está luchando contra la represión china de sus aspiraciones nacionales.

¿Hay un debate en el Tíbet sobre el valor simbólico de los Juegos Olímpicos?

Los exilados tibetanos tienen la intención de usar el prestigio que China ha invertido en las olimpiadas como una oportunidad para avergonzar a la China tratando de mostrarle la situación en el Tíbet a la opinión pública mundial. Al mismo tiempo, el Dalai Lama ha apoyado los Juegos Olímpicos y ha dicho que no quiere que los tibetanos protesten en contra de ellos, para convencer al régimen chino que la autonomía no es una amenaza.

Pero no son solamente los tibetanos que están protestando contra los derechos humanos en China. Human Right Watch y otras ONGs han dicho que la China no cumplió con sus promesas de mejorar la situación de DDHH antes de las olimpiadas.

¿Cree usted que las Olimpiadas van a mejorar la situación de alguna manera?

Con menos presión internacional es menos probable que la China mejore las condiciones de derechos humanos más allá de lo que son en la actualidad. De hecho, cuando terminen las olimpiadas muchos activistas, por ejemplo los que demostraron en marzo, temen represalias del gobierno.

La mínima presión internacional de varios líderes internacionales, que condicionaron su asistencia a la ceremonia de apertura a mejoras en la situación de derechos humanos en el Tíbet, se va a evaporar a finales de agosto. Por esto no creo que la situación vaya a mejorar.

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