El milagro de Zúrich

<p>Suiza es tierra de hazañas. Hace 54 años fue para Alemania, ayer fue para los italianos.</p>

Cuando el árbitro eslovaco Lubos Michel pitó y señaló el centro del terreno de juego del estadio Letzigrud de Zúrich, Marco Materazzi, quien estaba en el banco italiano, salió corriendo a abrazar al arquero Buffon. Ellos fueron el centro de una celebración que parecía de campeonato del mundo.

No era para menos, su selección se acababa de clasificar para los cuartos de final de la Eurocopa, a pesar de la incredulidad de mucha gente, incluso de su propia afición. Porque ayer en Zúrich no hubo ambiente de fútbol sino hasta cuando terminó el partido. Antes del mismo, en las calles de la ciudad, había mucho pesimismo tanto de italianos como de franceses. Ambas hinchadas estaban convencidas de que Rumania, en Berna, le ganaría a Holanda y las dejaría eliminadas.

Pero con un equipo mixto, pues ya había asegurado el primer lugar, la ‘naranja mecánica’ se encargó de noquear a una Rumania que trató, más con ganas que con fútbol, conseguir una victoria que le permitiera el paso a cuartos de final sin depender de nadie.

El partido fue realmente discreto y no respondió a la tradición e historia de las dos selecciones. Para completar, arrancó en medio de un tremendo aguacero que, además de apaciguar las pocas ilusiones que había en las tribunas, hizo que la cancha se pusiera un poco complicada, más rápida.

Italia y Francia estaban en la cancha, pero con la cabeza puesta en lo que ocurriera de Berna, en donde hace 54 años Alemania remontó una desventaja de 2-0 y superó, en la final del Mundial de Suiza, a la favorita de todos, Hungría. Por eso, los periodistas, que casi no caben en la tribuna de prensa, comentaban que el juego duraría lo que se demorara Rumania en anotar, pues así los eliminaba a ambos.

Hasta que a los 25 minutos llegó la jugada que desequilibró. Un pase de Pirlo a Luca Toni, quien baja el balón y cuando va a rematar es derribado en el área por Eric Abidal. Penalti y roja para el defensor galo. Cobró Pirlo, Il Fantasista, y decretó el 1-0 que animó un poco a la fanaticada azzurri.

Y para Francia las cosas no podían haber salido peor. A los siete minutos su armador y figura, Frank Ribery, sufrió una lesión en su pierna izquierda y salió del terreno. Para colmo, estaba ahora con un hombre menos y perdiendo. Además, se le notó


más que a Italia el hecho de haber utilizado tres formaciones diferentes en los tres juegos. El técnico Raymond Domenech incluso puso a jugadores en posiciones en las que habitualmente no actúan.

De todas maneras, la fiesta italiana comenzó apenas cuando se iniciaba el segundo tiempo. En Berna, Huntelaar anotó el primer gol holandés. Con ese resultado llegó la tranquilidad para los azzurri, que se dedicaron a cuidar la pelota y esperar que el tiempo pasara, mientras una Francia inofensiva y sin guía dependía de lo que individualmente hicieran Henry y Benzema.

Hasta que a los 65 minutos un tiro libre que cobró Daniele de Rossi le pegó a Henry, que estaba en la barrera, y se fue al fondo del arco. 2-0, partido liquidado, porque si de algo saben los italianos es de cuidar resultados y defender. Ahí sí la tribuna sur enloqueció. Rumania tenía que marcar dos goles en pocos minutos para dañar la celebración.

Y Antonio Cassano fue el animador. Con un par de jugadas y sus brazos pidiendo aplausos, puso de pie a la afición italiana, que superó de lejos a la francesa. De hecho, durante los 10 últimos minutos el coro fue constante: “A la maison, a la maison” (a la casa, a la casa), les decían a sus rivales, al otro costado del escenario.

Luego, en medio del bullicio, se anunció el segundo tanto holandés, anotado por Persie. Iban 87 minutos, todo estaba liquidado. Rumania no tenía cómo marcarle tres goles a los tulipanes. Lo demás fue trámite, dejar que corriera el reloj y esperar el pitazo final, que llegó justamente cuando Thierry Henry, resignado, felicitaba a Zambrotta, su compañero en el Barcelona español.

Holanda, que sumó nueve puntos, marcó nueve goles y apenas permitió uno, se enfrentará el sábado en Basilea al ganador del partido de hoy entre Rusia y Suecia, mientras que Italia jugará contra España el domingo, en Viena. Los tulipanes, que al igual que Croacia llevan una marca perfecta, son favoritos porque han jugado mejor, pero el duelo entre azzurris e ibéricos está mucho más nivelado, sobre todo porque aunque no esté jugando como un seleccionado que tiene cuatro estrellas en su escudo, los italianos siempre sacan su casta en instancias definitivas.

Al final, la fría noche de Zurich se calentó con el carnaval de los campeones del mundo, que se tomaron las orillas del lago que rodea la ciudad para cantar, bailar, beber y gozar como lo hicieron en Berlín hace dos años. En la cancha, Buffon y Materazzi también habían celebrado tanto o más que en aquella ocasión, esta vez parecía un milagro.