El otoño de los Vives

Una familia signada por el poder, pero también por los escándalos de corrupción y la tragedia. En Santa Marta y el Magdalena dicen que no hay familia que no haya tenido que ver, de alguna manera, con ellos.

El viejo José Benito Vives de Andréis fue el gran patriarca. Descendiente de judíos, contaba que sus ancestros se convirtieron al cristianismo y lucharon al lado de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, en contra de los moros, en el siglo XI en España. Y fue su tatarabuelo, Salvador Vives Ferrer, quien llegó por primera vez a Colombia y se estableció en Cartagena, “trayendo consigo su sangre rebelde de catalán y su espíritu nutrido en la filosofía liberal de Locke y Voltaire”.

Hijo de Nelson Vives Vergara, un maestro de escuela, comerciante de curtiembres y cultivador de tabaco y de banano, Pepe Vives —como se le conoció en toda la Costa Atlántica— creció viendo al país transitar por las turbulencias de las guerras, en las que su padre fue uno de los furibundos colaboradores de la revolución liberal de principios del siglo XX, por lo que en muchas ocasiones tuvo que permanecer oculto ante la persecución política y su madre, Manuela de Andréis, ponerse al frente de los negocios de la familia.

Todo ello sirvió para templar su carácter. Desde los 10 años de edad y junto a sus nueve hermanos, tuvo que trabajar en un puesto en el mercado de Santa Marta, único medio de sustento que le quedó a la familia después de la Guerra de los Mil Días, en la que el Ejército gubernamental arrasó y saqueó una ciudad marcada por el estigma de la insurgencia.

Con un olfato vivaz para los negocios, Pepe Vives se convirtió con el paso de los años en un destacado empresario bananero y en impulsor del desarrollo del Magdalena, que incluía por ese entonces los territorios del actual departamento del Cesar, cuando en los años 30 fue nombrado gobernador por el presidente Eduardo Santos. Uno de sus hermanos, Rodrigo Epifanio —seguidor ciego del líder liberal Rafael Uribe Uribe— llegó a ser representante a la Cámara y senador.

Los dos se convirtieron en los troncos fundamentales de una familia signada por el poder, pero también por los escándalos de corrupción y la tragedia. Sus descendientes suman más de 200 y se puede afirmar sin temor a equivocarse que una y otra rama de los Vives de Andréis tienen parientes con casi toda la dirigencia política de la Costa Atlántica. El mayor de los hijos de Don Pepe, José Benito, se convirtió en su mano derecha para el manejo de los negocios de la familia, que en ese entonces ya se constituían en haciendas bananeras, ganaderas y palmeras, además de prósperas industrias de lácteos, gaseosas y plásticos de la región.

José Benito se casó con Rosita Lacouture Dangond, de cuya unión nacieron diez hijos. Sin embargo, la prosperidad familiar ha estado acompañada de la desgracia. Dos de esos hijos fueron asesinados: el mayor —también llamado José Benito—, en un intento de secuestro en 1997, y el menor, Mauricio, fue secuestrado por el Eln el 8 de noviembre de 2005 y apareció muerto el 22 de mayo de 2007 de cinco disparos por la espalda, en un operativo militar de rescate lleno de incógnitas y del que la familia pide aún explicaciones.


Un tercer hijo, Luis Eduardo, logró abrirse paso en la política. Fue primero concejal de Santa Marta, luego diputado del Magdalena y por último senador, en 2002. Pero su promisoria carrera se vio truncada cuando en noviembre de 2006 fue llamado a indagatoria por la Corte Suprema de Justicia, acusado de haberse reunido con grupos paramilitares para concertar su elección como congresista. Cuatro meses después, se le dictó orden de captura y hoy, en la cárcel de La Picota, aguarda la sentencia.

Y mientras el mayor de los hijos de Don Pepe se dedicó al manejo de las empresas, dos de sus hermanos se inclinaron por el ejercicio de la política: Edgardo Plutarco llegó a ser alcalde de Santa Marta, gobernador del Magdalena, ministro ante la ONU, embajador en Guatemala y representante a la Cámara. Sin embargo, la sombra del escándalo por corrupción cobijó su administración en La Perla de América cuando, en 1997, luego de expropiar los terrenos de la zona franca turística de Pozos Colorados en favor del municipio, los cedió a una empresa en la que sus familiares poseían acciones. El desenlace fue la destitución.

Su hermano Alfonso Enrique, por su parte, alcanzó a ser diputado. Y Margarita, hija de Nelson Eduardo —otro de los diez descendientes de Don Pepe— ha sido elegida dos veces concejal de Santa Marta y actualmente es diputada en la Asamblea del Magdalena.

De ‘Nacho’ Vives a hoy

La otra rama política de los Vives de Andréis corre por cuenta de Rodrigo Epifanio, quien fue representante a la Cámara y Senador, pero muy temprano tuvo que claudicar su afición política para darle paso a su hijo, José Ignacio Vives Echavarría. Nacho, como lo conoció Colombia entera, fue un congresista talentoso, lleno de picardía, de un razonamiento demoledor y protagonista de uno de los debates más oídos de la historia de Colombia.

En el cuatrienio 1966-1970, y ante las irregularidades acaecidas en el Incora, Nacho Vives la emprendió contra el entonces ministro de Agricultura, Enrique Peñalosa. Las transmisiones radiales llevaron a todos los rincones su palabra elocuente, aunque al final los parlamentarios oficialistas lograron la aprobación de una proposición absolutoria para Peñalosa.

“El país siguió con simpatía las denuncias contra la escandalosa conducta de funcionarios del Incora. Vives, con talento y teatralidad, aprovechó la situación. En ese momento nació la decadencia del establecimiento. Misael Pastrana fue derrotado un domingo en las urnas, con un agónico triunfo al día siguiente. La Anapo fue una reacción a los malos manejos de Peñalosa y del Incora”, escribió El Pilón, periódico de Valledupar, en julio del año pasado, al conocerse el fallecimiento de Nacho Vives.

La vena política de Rodrigo Epifanio fue seguida también por dos nietos: Juan Carlos Vives Menotti y Joaquín José Vives Pérez. El primero, ex diputado de Bolívar, ex congresista, ex superintendente de Servicios Públicos, ex gobernador del Magdalena, ex viceministro del Interior y ex director de Estupefacientes, cargo que asumió en 2005 en medio de un agrio debate. Un medio hermano, Patricio Vives, fue condenado por narcotráfico en Estados Unidos, mientras que su prima hermana Ana Elisa Vives está casada con Rafael Abello, El Mono Abello, extraditado en 1989 y hoy de regreso al país tras pagar su condena. En agosto de 2006, Vives Menotti dejó el puesto.


El segundo, Jotica Vives —como lo llaman en el mundo político—, fue concejal de Santa Marta, diputado del Magdalena y tres veces representante a la Cámara por el Partido Liberal. Actualmente ocupa una silla en el Consejo Nacional Electoral. Un nieto célebre de Rodrigo Epifanio, no en el mundo de la política, sino en el de la música, es Carlos Vives.

Hoy, los Vives son tres docenas de núcleos familiares y más de un centenar de hijos, nietos, esposos, esposas, primos, cuñados, sobrinos, tíos y algo más. En los cumpleaños y las fiestas de año nuevo se reúnen en “una pequeña gran multitud”, dice Margarita, la actual diputada. En Santa Marta y sus alrededores los reconocen, bien sea para odiarlos o para agradecerles algún favor. Tienen su propia casa periodística, El Informador, diario que maneja Rosa Paulina Vives Lacouture. Hay Vives ricos, pobres, de clase media, campesinos, empresarios, ganaderos, sindicalistas, artistas y políticos. Cuatro y hasta cinco generaciones manejando el poder en el Magdalena, en un otoño que se les volvió eterno.

‘Nacho’ Vives, un orador como Gaitán

José Ignacio Vives Echevarría, Nacho, fue dueño de gran prestigio político y una oratoria indiscutible, hasta el punto que muchos llegaron a compararla con la del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán. En 1969 protagonizó una de las páginas más recordadas en la historia del Congreso, cuando le hizo un duro debate al ministro de Agricultura de la época, Enrique Peñalosa Camargo.

Sus detractores lo consideraron un hombre inteligente, pero también mañoso y arisco. Hizo parte del Movimiento Revolucionario Liberal y dicen que Alfonso López Michelsen siempre le tuvo temor reverencial, pues sabía que “era capaz de todo” y por eso nunca le pisó los callos. Nacho promovió la creación del departamento de La Guajira y fue su primer gobernador. Poco después se supo que el carro de la Gobernación era de contrabando.

Nacho Vives murió el 6 de julio de 2007, tras padecer por varios años una penosa enfermedad.

El misterio de la muerte de Mauricio Vives

Mauricio Ernesto Vives Lacouture fue secuestrado el 8 de noviembre de 2005 por el Eln en inmediaciones de Santa Marta. El 22 de mayo de 2007, en lo que según las Fuerzas Militares fue un fallido intento de rescate, apareció muerto de cinco disparos en la espalda. Según su familia, aun cuando había una serie de indicios que facilitaban su identificación, como su anillo de matrimonio, una medalla familiar, sus huellas dactilares y los rasgos físicos, el Ejército procedió a su inhumación “apresurada” como un NN.

“Solo nuestro empeño consiguió su identificación y consiguió que pudiéramos dar a nuestro hermano cristiana sepultura. Pero por todo lo sucedido, la familia exige, no sólo para nuestra tranquilidad sino también la de todos los secuestrados, que las autoridades competentes inicien la investigación e impriman todo el impulso que ella merece para que se conozca la verdad y haya justicia”, expresaron sus allegados en ese entonces.

Hoy, un año después, los Vives Lacouture dicen que siguen esperando la verdad sobre lo que pasó y en el primer aniversario lanzaron una voz de protesta exigiendo respuestas.

 

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