El parque de los cien desplazados

Más de un centenar de desplazados, con sus hijos, se tomaron este jueves el Parque de la 93 y sus inmediaciones. Protestaban contra Acción Social porque, según ellos, no les han cumplido los subsidios de salud, vivienda y educación que les prometieron.

Los desplazados no querían hablar con nadie distinto de Luis Alfonso Hoyos, director de Acción Social, pero el funcionario no aparecía por ninguna parte. Uno por uno fueron llegando la secretaria de Gobierno, Clara López Obregón; el subsecretario de Gobierno, Andrés Restrepo; Beatriz Ochoa, coordinadora de Acción Social, y funcionarios de la Defensoría del Pueblo y la Personería. Sin embargo, la actitud de incomunicación de los desplazados persistía.

Estaban protestando porque no les habían cumplido acuerdos firmados, según ellos, un mes atrás, luego de una marcha que ellos lideraron. Exigían subsidios de vivienda, educación y salud. Mostraban pancartas, gritaban “que vivan los desplazados”, que “el pueblo unido jamás será vencido” y cosas por el estilo. No obstante, se negaban una y un millón de veces a conversar con las autoridades gubernamentales que habían decidido afrontar la situación.

Habían empezado a arrimarse a las inmediaciones del Parque de la 93 a las seis y media de la mañana, con sus mochilas de tela, sus cajas y unas bolsas negras gigantes donde guardaban “cambuches” de distintos tamaños y formas. Tres horas más tarde, el tránsito era una infinita sucesión de tortugas rodantes de todas las marcas y colores. De la nada surgieron cámaras, micrófonos y luces. Los periodistas informaron entonces que los desplazados pertenecientes al grupo social Colombia Una, Colombianos Todos, conformado por más de mil personas de todo el país, se habían tomado el parque.

Algunos recordaron la toma pacífica que otros desplazados y algunos de los que estaban allí habían promovido y efectuado en el 99, en plena Zona Rosa. Los motivos eran similares a los del jueves . “Lo que no podemos permitir es que nos vayan a paralizar la ciudad, por eso yo estoy acá, pero ellos no quieren hablar conmigo”, repetía Clara López.

“Nosotros hemos decidido tomarnos el parque porque estamos pidiendo que nos cancelen el subsidio de vivienda y de educación. Que nos brinden asistencia humanitaria y que nos presten servicio de salud. No nos han cumplido. Nos están borrando de las bases de datos de los desplazados, nos están mandando para otras ciudades. Los créditos del Banco del Estado que nos prometieron son una mentira”, respondía, también ante las cámaras, Ricardo Jiménez, el líder del grupo social. En la medida en que pasaban las horas, iban presentándose más y más desplazados.

Clara López calculaba que eran un poco menos de 100, con más de 30 niños tomados de las manos de sus mayores. Los medios decían que eran 200 ó 300. Jiménez hablaba de mil, quizá porque hacía cuentas de los que aún no se habían presentado. Igual, en un cuaderno de hojas de papel periódico, uno de los delegados desplazados tomaba nota de lo que ocurría.

Escribía los nombres de sus copartidarios, con apellido y cédula, y los ubicaba en un lugar específico. A las dos de la tarde se trasladaron hacia la 93A con 11. Se agolparon en la acera con sus niños en primera línea. Todo era tenso. Las autoridades ingresaron a un restaurante mexicano y desde una terraza les enviaban propuestas con un emisario, Iván Cepeda. Los desplazados respondían que no, que sólo dialogarían con Luis Alfonso Hoyos. Una curiosa relataba por su celular que “hay un hombre de esos como disfrazados de robot en la terraza, sentado con la alcaldesa, Blanca Inés Durán. Y un emisario de la Personería da vueltas por la calle con una bandera blanca. Y da vueltas y no deja de dar vueltas”.

Luego contó que a las seis de la tarde “hicieron presencia varios efectivos de la Policía, con vehículos antimotines y escudos, porque los desplazados se habían tomado la calle y tenían a sus niños sentados allí para que nadie pasara”. Pasados 15 minutos, la reportera espontánea fue indagada por la Policía. “Que qué hacía ahí, que parecía sospechosa”. La alcaldesa intervino en su favor. Les dijo a los agentes que no pasaba nada, que no la molestaran, pero ella prefirió marcharse.

Treinta minutos más tarde, los desplazados iniciaron una lenta rutina que terminó con la instalación en las aceras de unos cambuches. “Nos vamos a quedar acá hasta que nos solucionen todos los puntos. Esto va pa largo”, decía Jiménez. Los ánimos se caldeaban. “Un agente de la Policía le quitó la comida de las manos a uno de nuestros niños”, denunciaba. Funcionarios de Bienestar Social ofrecían agua por doquier y anunciaban que estaban gestionando el traslado de los niños a un comedor comunitario.

Beatriz Ochoa, coordinadora de desplazados de la unidad territorial de Bogotá de Acción Social, informó solemnemente: “Desde que hicieron sus peticiones estamos en mesa de negociación, no han querido llegar a una concertación. Son unas 100 personas. En Acción Social tenemos solicitudes de 75 personas a las que se les van a hacer las entregas de los subsidios el día de hoy.

Hicimos un llamado a la mesa para que escojan tres o cuatro personas para sentarse a negociar, pero ellos se niegan. Hace un mes hicieron unos acuerdos. Se les informó que había algunos problemas, pero parece que el delegado no les informó a todos los desplazados. Hemos convocado tres veces a reuniones y no han querido asistir. Nosotros podemos resolver hoy la situación de 75 personas. Los otros son casos puntuales que Acción Social está dispuesta a tratar, caso por caso”.

Sobre las nueve de la noche todo seguía como antes, aunque ya habían comenzado las negociaciones en un restaurante de cinco estrellas, con el robot metalizado de testigo. “Eran cuatro de nosotros y los del Gobierno que estaban acá. Mi papá me dijo que firmaron unas actas, que todo iba bien, que se las iban a dar a todo el mundo”, dijo el mayor de los hijos de Jiménez. “Son sólo promesas, como siempre”, comentó una señora.

Iván Cepeda, uno de los portavoces del grupo de inconformes, anunció que ya había un principio de acuerdo. Los desplazados levantaron sus cambuches y se marcharon, con la promesa de que hoy el alcalde Samuel Moreno intercederá por ellos ante Acción Social, con Luis Alfonso Hoyos incluido.

 

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