El señor de Faca

Un amigo me contó sobre un pájaro jardinero de Nueva Guinea, el Capulinero Satinado, que construye un umbral de espigas con saliva y luego decora el área circundante con objetos que comparten una propiedad: no importa si son botones, tapas, semillas, papeles o envolturas de dulce, las cosas que recolecta para armar su instalación son todas azules.

Este comportamiento es una estrategia de apareamiento, la hembra recorre la “avenida” y juzga, según criterios estéticos, la arquitectura, los objetos, la sensibilidad del macho. Carlos Rojas: una mirada a sus mundos, es una exposición que me recuerda al Capulinero Satinado. Los curadores aquí redujeron las explicaciones teóricas al mínimo y acentuaron la materialidad, la sensualidad de las cosas, de las obras.

Las exposiciones históricas, por lo general, son concebidas como tratados en los que una larga sucesión de documentos sirve de pieza didáctica para educar a un público, con resultados muy útiles: hordas de escolares van de sala en sala, copian lo que ven escrito (muchas veces ni siquiera ven las obras) y luego recitan la tarea.

Este hábito pedagógico explica un problema: una sociedad que privilegia la mirada, es cada vez más analfabeta en términos visuales, y para animar una imagen dependerá siempre de textos, maestros y presentadoras de moda que le expliquen lo que está viendo.

La exposición del Museo Nacional propicia todo lo contrario, su lectura, “ligada a una imagen del artista como paseante en espacios físicos”, no somete al espectador a nubes de langostas en forma de palabras, diagramas y diseño (para eso está el catálogo o internet), y con textos breves, un montaje sencillo y un inventario cuidadoso de obras y objetos del artista, deja que sea a través de la mirada como el espectador se abisme a la extraña sensibilidad del mundo que habitó Carlos Rojas: pinturas, dibujos, esculturas, cerámicas, obras de sus contemporáneos, paisajes y retratos, máscaras africanas, muebles, tejidos, tapices, tallas, piedras, semillas, arena… “Nunca he creado nada. He concretado cosas (…).

Para que fuera creación tendría que salir de la nada y lo mío es producto de una serie de cosas cuyo resumen se llama cuadro…”, decía este animal recolector.

La forma es ley en esta exposición, el artista, el coleccionista y los curadores comparten un instinto táctil, sensual, fruto de una contemplación repetida; para participar de esta muestra sólo hay que querer ver y encontrar correspondencias, no hay que “saber de arte”.

* Profesor asociado, Universidad de los Andes

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