El vigilante de La Lima

En Ciudad Bolívar hay un personaje que tiene bajo su responsabilidad el monitoreo de un riachuelo, para dar aviso a la comunidad sobre una posible inundación. Su trabajo no es remunerado. Asegura que lo hace “por voluntad y seguridad”.

La única alerta temprana que existe en Bogotá para prevenir inundaciones es un hombre jubilado llamado Tilio Rojas Guáqueta. Vive en el barrio Santa Fe, localidad Ciudad Bolívar, con su esposa Ercilia Sanabria y un hijo. Su mayor responsabilidad es vigilar la quebrada La Lima, que pasa junto a su casa, y registrar en una planilla el nivel del agua. “Cuando la quebrada llega a la línea amarilla (a 1.20 m de altura), me toca advertirle a la gente, llamar a la DPAE (Dirección de Prevención y Atención de Emergencias) y a los bomberos”, dice, señalando el metro que está pintado en un costado de la quebrada.  

Lleva cuatro años inspeccionando La Lima, y todavía no ha tenido que dar la orden de evacuación, porque el caudal ha estado tranquilo después de tantas tragedias que ocasionó en el pasado. Pero el viejo sabe cómo actuar en caso de que el agua sobrepase la temida raya amarilla. Dice que tomaría el pito o la corneta que tiene en su casa y gritaría “alerta, alerta, la quebrada se creció”. Entonces los vecinos acudirían a los lugares que ya tienen señalados para salvarse de otra inundación. Subirían a las terrazas, al salón comunal que está ubicado en una calle empinada, o irían hasta el barrio vecino, Los Sauces, que está en lo alto de la montaña.

Después de la última gran inundación, el 26 de noviembre de 2004, decidieron que esos serían los sitios para resguardarse . “Esa vez fue la más tremenda —cuenta don Tilio—. Inundó casi todo el barrio”. Una señora y un niño murieron ahogados dentro de sus casas. El agua destruyó los muros y dejó algunas viviendas inhabitables. Eso es lo que recuerda don Tilio de la última vez que se desbordó la quebrada.

Entonces la comunidad se reunió con la DPAE. Entre todos dibujaron unos planos de evacuación en caso de emergencia y decidieron que alguien debía monitorear La Lima para evitar otra tragedia. Don Tilio se ofreció porque “me queda tiempo y nadie más se arriesgó”. Además, porque es uno de los fundadores del barrio y ha sido testigo de decenas de inundaciones que también lo han afectado a él y a su familia.

Fue hace 40 años cuando llegó con sus padres a Santa Fe y construyeron una de las primeras casas del barrio. “Estas tierras eran sólo pastales y potreros”. Ya en ese tiempo el fuerte caudal de la quebrada amenazaba con desbordarse. Y así ocurrió en 1968. “Vimos que venía una ola blanca, con mucha presión. Me tocó subir a mi mamá, a mi papá y a los chiquitos al cielo raso. El agua me llegaba hasta aquí”, cuenta mientras se toca el cuello. En ese tiempo eran pocas las casas que podían  retener el agua, por eso fue inevitable que los muebles y los colchones terminaran convertidos en espumas despedazadas.

Quizá por esas razones siente que su deber es vigilar la quebrada. Lo hace dos veces al día, incluso cuando está lloviendo. Se viste con unas botas negras de caucho y una capa amarilla y sale a monitorear La Lima. Lleva una linterna y una planilla para apuntar la fecha, la hora, el nivel del agua y las observaciones (estable, subió o bajó). No gana dinero por ese trabajo, pero le da tranquilidad custodiar la quebrada y advertir a las autoridades cuando sus aguas están más crecidas de lo normal y amenazan con desbordarse, como se ha repetido decenas de veces en la historia del barrio. En los últimas días el agua sólo ha alcanzado los 40 cm. “Pero hay que estar alerta”, dice.

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