¿El mundo contra Irán?

Las potencias mundiales continúan en alerta. Las negociaciones con el Gobierno iraní sobre su programa nuclear no van a ninguna parte. ¿Es una amenaza para el mundo?

Paulo Botta

Experto en Relaciones Internacionales, es director del Centro de Estudios del Medio Oriente Contemporáneo (Cemoc) en Córdoba, Argentina. Ha realizado estudios de Doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, en España, y una Especialización en la Universidad de El Cairo (Egipto).

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Esta semana, en su última gira por Europa, el presidente estadounidense George W. Bush logró el apoyo de su similar británico, el primer ministro Gordon Brown, para aplicar un paquete de sanciones a Irán, país que se ha negado a implementar las resoluciones de la ONU en su programa nuclear.

La Unión Europea no se ha pronunciado sobre el tema.

¿Por qué hay una alarma mundial en torno al programa nuclear de Irán?

El problema central reside en la negativa iraní de permitir que la totalidad de su programa esté bajo el control de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AEIA), fundamentalmente el desarrollo de la tecnología que le permitiría enriquecer uranio (uno de los elementos básicos de una bomba nuclear); Irán insiste en que este proyecto sólo tiene fines civiles. La opacidad en la que se mueve su programa alimenta las dudas a nivel internacional.

¿Está cerca de conseguir un arma de destrucción masiva? ¿Ahmadineyad tiene suficiente arsenal militar para lanzar un ataque contra Israel?

Enriquecer uranio no significa tener armas nucleares, pero es un paso importantísimo si ese es el objetivo. Es un escalón más, pero un escalón importante a nivel tecnológico.

En cuanto a las declaraciones del presidente Ahmadineyad, éstas tienen un alto grado de retórica destinada más que nada a lo que llamaríamos “consumo interno”. El sistema político iraní es bastante complejo y el Presidente no es el único que toma decisiones en temas de política exterior. Si bien Ahmadineyad por sí solo no determina la política a seguir, es cierto que su posición genera malestar a nivel internacional.

¿En qué han consistido los procesos de negociación y las sanciones de la Comunidad Internacional?

Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas junto con Alemania han ofrecido una serie de incentivos tecnológicos si Irán pone la totalidad de su programa nuclear bajo control de la AIEA; ante la negativa iraní, el Consejo de Seguridad ha aprobado tres resoluciones imponiendo sanciones comerciales y financieras. A pesar de esta situación se continúa negociando.


¿Por qué han fracasado?

Muchos países importantes mantienen relaciones comerciales con Irán y no están dispuestos a terminarlas. Italia, Suiza, Rusia, China, India y Japón sostienen que la mejor manera de influir en el país no es aislarlo sino establecer puentes que fortalezcan la interdependencia mutua y, de esa manera, lograr que la dirigencia iraní cambie algunas de sus posturas.

¿Cuál es el propósito de la estrategia iraní en América Latina? 

Irán busca diversificar sus vínculos en una zona donde no ha estado presente históricamente. Las relaciones con Venezuela (así como con Cuba) tienen un innegable matiz anti norteamericano. Esa faceta está ausente en las relaciones con otros países, como Chile, México o Uruguay.

¿Cómo se relaciona Irán con sus vecinos árabes? ¿Qué papel juegan estos en el conflicto?

Irán ha logrado en los últimos años mejorar sus relaciones con los vecinos árabes: no sólo ha establecido relaciones amistosas con los países del Golfo (Arabia Saudita y Qatar), sino que ha aumentado su influencia en Iraq y Líbano, y ha mantenido su histórica y estrechísima alianza con Siria. Incluso, hay conversaciones para establecer relaciones diplomáticas plenas con Egipto. En definitiva, se hace difícil ver hoy un enfrentamiento claro entre Irán y los países árabes.

Si las sanciones fracasan, ¿atacará Estados Unidos a Irán?

No es factible. No sólo por las dificultades tácticas de un ataque que sea altamente efectivo, sino por el día después. Agotar la vía diplomática significaría darle la palabra a los sectores más duros de la dirigencia iraní, que verían en el uso de la fuerza la mejor excusa para mantener su estrategia de confrontación. Por otra parte, la influencia de Irán en Iraq y Líbano generaría consecuencias negativas para la estabilidad regional. La solución debe estar en el nivel diplomático. Un ataque militar sólo empeoraría la situación.