Escritor con ritmo urbano

El argentino Pablo Ramos estuvo en Colombia. Las grandes ciudades protagonizan los textos con los que ha ganado premios.

Su último despojo fue el teléfono celular. Con este abandono pensó que su oficio de escritor se arruinaría por falta de comunicación pero no fue así y logró demostrar que los seres humanos tienen muchos medios de control y que pronto será requisito practicarse una radiografía para ingresar a cualquier lado. Pese a esta infraestructura, Pablo Ramos no se siente seguro en ningún lado, aunque está tranquilo porque, por fortuna, este tipo de máquinas que miran el interior no se roban las ideas, su único capital valioso.

Hoy por hoy, la literatura es inherente a él y está tan involucrado con ella que se considera una especie de mezcla extraña entre hombre y texto. Hace varios años se adentró en el mundo de las letras, después de haber fantaseado con los multitudinarios conciertos, tal como sucede con sus máximas deidades en el rock: sus coterráneos Charly García y Luis Alberto ‘El Flaco’ Spinetta.

Para llegar a su nivel en la escritura, Pablo Ramos se propuso leer todos los días un buen poema. Hasta el momento ha cumplido a cabalidad con su objetivo y gracias a ese ejercicio constante pudo publicar Lo pasado pisado, un compendio de poemas premiado en varios países de América Latina.

Luego de este trabajo, publicó El origen de la tristeza, Cuando lo peor haya pasado, primer premio en el concurso Casa de las Américas, y su más reciente creación: La ley de la ferocidad. “Yo mido mucho mi trabajo con mi niño interior, pero también lo sondeo con mis hijos que son una especie de prolongación de lo que yo fui. Con cada nuevo texto se van cayendo velos y uno le va quitando las capas a la cebolla. Cada letra que uno escribe lo acerca más a la esencia y ahí aparece el niño que fui”, comenta este argentino que vive (y escribe) entre Buenos Aires y Salvador de Bahía, en Brasil.

Hace pocos días estuvo en Bogotá para presentar en Colombia sus más reconocidas novelas. Fue su primer acercamiento con el público nacional y su agenda estuvo tan copada que contó con poco tiempo para conocer la capital. Eso sí, recorrió palmo a palmo el lobby del hotel y las salas de espera de algunos medios de comunicación. En su memoria se llevó algunas imágenes impactantes de la realidad local, que le servirán para ahondar en una escritura a la que la gente ha coincidido en catalogar como ‘urbana’.

“Más que la forma, lo que caracteriza la narración urbana es la escenografía en donde se suceden los hechos. A mí me gusta abordar la problemática del desempleo, las industrias abandonadas y la voz narrativa es acorde a esa mecánica. Es un ritmo ciudadano lo que me identifica”, comenta Pablo Ramos.

Prefiere no hablar de estilos porque es algo bastante peligroso para los escritores. Es un arma de doble fijo. Por eso, él opta por abandonar esa compleja palabra con cada texto y asume la aventura de encontrar un tono particular para el protagonista de la nueva historia. Entre sus libros hay estilos totalmente distintos. “Eso del estilo lo dirán cuando yo me muera, eso quedará en la posteridad si es que uno logra permanecer en la memoria de la gente”, asegura este argentino, que en los últimos años ha contado con el visto bueno de la literata Laura Restrepo.

Pablo Ramos se mueve mejor en las noches. Con la oscuridad tiene un pacto de mutua colaboración y mientras él se cerciora de regalarle sus mejores versos, ella le colabora con la calma suficiente para permitir el arribo de la inspiración. Durante esas horas, las ideas le vienen para un poema, que muchas veces se van estirando hasta llegar a un cuento y, a ratos, logran las dimensiones de una novela.

Su rutina es bastante estricta. Devora libros la mayor parte del día, después tiene un momento de esparcimiento con la trompeta para, al final, dedicarse a plasmar en un papel todo lo que se le ha ocurrido, todo lo que ha visto por ahí y que consigue colmar su cabeza. Es mezquino con sus proyectos y de ahí que le aterre que su mayor custodia sea vulnerada por una máquina. Pero al mismo tiempo se siente generoso con su oficio, el mismo que le ha permitido estar en contacto con el mundo.

 

últimas noticias

Algo llamado orgullo

Howard Phillips Lovecraft: el terror como mito

La mirada de Hebe Uhart

La galaxia de “Universo Centro”