Fútbol, goles y olé

<p>La selección ibérica ha cambiado su estilo gracias al trabajo de Aragonés.</p>

Durante años el fútbol español fue el símbolo de la furia, del temperamento de las hormonas. Muy poco técnico, corajudo y testicular, como dirían algunos. A España no se le ganaba corriendo, se le doblegaba cuando se ponía la pelota al piso.

Pero ese ADN, esa genética, ha cambiado en el curso de los últimos meses y hoy los ibéricos se precian de tener uno de los equipos más limpios, tocadores y hábiles de la Eurocopa.

El gran arquitecto de este cambio es Luis Aragonés, a quien llaman El Sabio de Hortaleza, un pequeño pueblo castellano. Hace dos años, en el Mundial de Alemania, había despuntado su ideario al juntar en un equipo a los ‘jugones’, unos pequeños artesanos de la pelota, que cuando se identificaban en el concepto del balón atado al pie y tratado con mimos y delicadeza, lograban producir muestras significativas de fútbol con arte y respeto a la estética.

Pero al balompié español siempre le faltó la capacidad para terminar en la red lo que pudiera crear en la mitad del campo y hoy, a diferencia de los años precedentes, Aragonés se precia con orgullo de poseer una pareja goleadora que ya quisieran tener los mejores equipos del mundo. El Guaje es David Villa y El Niño es Fernando Torres, reeditan el título de una famosa película de vaqueros que hizo historia por allá en los años 70 cuando el Western Spaguetti brillaba en las salas de cine: Juntos son dinamita.

Villa es hoy el máximo artillero y su tripleta ante Rusia y el espectacular gol que marcó en los últimos minutos contra Suecia, que significaron los tres puntos y el aterrizaje en los cuartos de final, lo han convertido en uno de los favoritos para ser considerado gran estrella de la Eurocopa.

Pero quienes conocen la identidad del fútbol español y están acostumbrados a sus bruscos cambios emocionales, capaz de batir a cualquiera en una actuación consagratoria y caer a los pocos días, saben que su biorritmo es tan diverso como desconcertante, tan inexplicable en su curva, que puede llenar de infinito terror a quienes intentan buscarle seriedad y equilibrio.


Las razones del sabio

Aragonés es un personaje de fábula. Un tipo de un temperamento terrible cuando está “cabreado”, como se dice en forma castiza, pero que a sus jugadores los trata con especial cariño, al punto de que alguien lo calificó como ‘Papá Pitufo’ por la forma como maneja su selección

Ex jugador de altísimo nivel y ex técnico de los mejores equipos del fútbol español, excepto el Real Madrid, tiene una frase que intenta resumir su labor al frente del elenco ibérico: “Me entregaron una selección. Hoy les devuelvo un equipo”.

El momento más dulce de Luis concuerda con el lanzamiento del equipo español en el Mundial de Alemania, cuando pergeñó los esbozos de lo que hoy es su equipo. Francia se encargó de aterrizar sus ilusiones y entonces, de genio y cerebro, Aragonés pasó a ser un “viejo grosero y desactualizado”.

El estratega carga un inri entre pecho y espalda que le atormenta y que permite a sus enemigos castigarlo cada vez que algo sale mal. Luis se llevó por delante a Raúl González, el mítico delantero del Real y eso ha generado el profundo odio de los adeptos a la “casa blanca”. Madridista que se respete habla mal de él, por no tener a la estrella blanca en sus filas.

La razón de la enemistad no hay que buscarla más allá de Alemania, cuando Raúl se sintió en su función de capitán con aires de codirector técnico e intentó presionarlo sobre horarios y métodos de entrenamiento. Aunque el puesto de Luis estuvo en duda, muchos apostaron que no llegaría a la Euro. Pero la revancha no tardó mucho, cuando el veterano técnico empezó a excluirlo de las convocatorias hasta darse el gusto de no traerlo a este certamen.


Los tocadores del medio

Y así como ataca bien, defiende mal. Si no fuera por Íker Casillas, el portero del Madrid, España sufriría mucho más de lo que hasta ahora le toca aportar en la cuota de drama. Su defensa es tosca, poco apta en los balones de costado, con jugadores fuertes, pero de escaso contenido técnico.

Puyol encarna al viejo guerrero del fútbol ibérico, tan luchador y generoso como torpe. Sus laderos, Marchena y Albiol, son igualmente rudos y ordinarios. Tampoco ayuda la presencia de Sergio Ramos, escaso aporte en la salida y con mal regreso. En cambio el lateral izquierdo Joan Capdevilla, del Atlético, ofrece una magnífica salida y ha sido fuente de veloces contragolpes con sus pases profundos.

Donde se nota la presencia del librillo táctico de Luis es la conformación del mediocampo, donde la reunión de jugadores con buen pie, le permite tener la pelota y encarar el juego como dueño de la iniciativa. Juntar a los dos pequeños y muy hábiles mediocampistas del Barcelona, Xavi e Iniesta, con otros jugadores de magnífico manejo y que pueden seguir las coordenadas de los dos catalanes, ha sido un secreto a voces de Aragonés, quien encontró en David Silva y en el naturalizado Marcos Senna, los complementos exactos.

Amante de los talentosos, el técnico cree que el perfume fino viene en envases pequeños y por eso tiene otros dos orfebres: Santi Cazorla y Cesc Fábregas como piezas de recambio.

La pareja Villa-Torres es la que más aplausos ha cosechado. El Guaje demostró una solidaridad con su escudero Fernando Torres, quien llevó al delirio a la afición en Innsbruck. El Niño cedió dos maravillosas pelotas de gol que el letal Villa transformó en certeras dianas y, cuando marcó el tercero en su actuación personal, fue corriendo hasta él para ofrecérselo y agradecerle.

El mismo Luis había recibido un desplante de Torres cuando le sustituyó ante Rusia y el jugador se negó a darle la mano. “No quiero vedetismos, esto no se queda así”, tronó el técnico, que puso en cintura a Torres. La lección es elocuente: es más importante el colectivo que lo individual y acá en esta España no hay campo para otro Raúl.

Ahora bien, un detalle abruma al técnico y a los analistas: España no está ganando al estilo español y sus biorritmos son tan extraños que ante Rusia y Suecia terminó venciendo con la fórmula del contragolpe.

Hasta ahora todo es felicidad entre Aragonés y sus dirigidos, pero son conscientes de que falta lo más difícil y que el domingo, en Viena, comenzará la auténtica hora de la verdad ante nada más ni nada menos que Italia, la actual campeona del mundo.