Homosexualidad, el pretendido mal

Los homosexuales han sido objeto de humillaciones, persecuciones y castigos.  La Iglesia católica, durante siglos, los torturó y quemo vivos, y los nazis enviaron a miles de ellos a los campos de exterminio. 

En Colombia, apenas en 1980 la homosexualidad dejó de ser un delito, y, todavía hoy, en algunos países musulmanes los homosexuales son colgados en la plaza pública a la par con delincuentes comunes, como ocurrió hace tres años con dos adolescentes en Mashhad, provincia al noreste de Irán.

Por fortuna, gracias a los avances de la psiquiatría y de la genética, la homosexualidad empieza a ser entendida, no como una aberración, sino, más bien, como lo que es, una variante sexual. Las investigaciones sobre la incidencia de factores biológico en la orientación sexual, aunque todavía contienen puntos discutibles, permiten conjeturar que además de los factores culturales, los genéticos tienen una influencia definitiva. Se sabe, por ejemplo, que aquellos varones que por causa de alguna irregularidad genética no producen testosterona en estado embrionario, resultan anatómica y sicológicamente feminizados. De otro lado, la presencia de testosterona en un embrión femenino puede conducir a características físicas y sicológicas masculinas. Un artículo reciente, publicado en la revista Science, reveló que de 40 pares de hermanos homosexuales, 33 de ellos (83%) compartían cierto segmento genético localizado en el cromosoma X, un porcentaje mucho más alto que el 50% esperado por azar en un par de hermanos, lo que sugiere que allí residen instrucciones relacionadas con las preferencias sexuales.

Es muy probable que el segmento de cromosoma comprometido con la orientación sexual desempeñe un papel importante, sin ser suficiente para determinarla completamente, lo que, dicho sea de paso, no tiene nada de extraño. Por ejemplo, se sabe que la diabetes está correlacionada con factores genéticos y sin embargo se da el caso de gemelos idénticos en los que solo uno de ellos sufre la enfermedad. Esto prueba que, muchas veces, lo que se hereda no es más que una propensión o una especie de fragilidad.

Aunque hoy nadie tiene una explicación definitiva, se sabe que existe un fuerte componente genético que se heredaría por vía materna, que además explicaría el hecho de que el porcentaje de homosexuales en todas las culturas sea más o menos constante, alrededor del 5% en los hombres y del 2% en las mujeres, valores difíciles de explicar si la homosexualidad estuviera determinada exclusivamente por factores culturales, como se ha sostenido erróneamente durante décadas.

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