México ganará la guerra

Asegura que su estrategia antinarcóticos es correcta, que este país aceptará el Plan  Mérida, y que su reforma a la petrolera estatal Pemex busca sacar al país del desabastecimiento energético. Elogia, además, al presidente Álvaro Uribe. 

Unos 4.000 muertos en menos de dos años, centenares de policías asesinados, el ejército movilizado en amplias zonas del país, son algunas de las cruentas novedades que ha dejado en México el fortalecimiento de los carteles del narcotráfico. De paso por España, su  presidente, Felipe Calderón, líder del conservador Partido de Acción Nacional (PAN),  reflexiona  acerca de la guerra a los carteles de la droga, en la que se embarcó hace 18 meses.

¿Tenía en ese momento idea de la magnitud que iba a adquirir el problema?

Cuando asumí la Presidencia, su alcance era ya insostenible. Llegué al quirófano sabiendo que el paciente tenía una dolencia muy grave; pero al abrirlo nos dimos cuenta de que estaba invadido por muchas partes, y había que sanarlo a como diera lugar.

¿Está o ha estado en juego la seguridad del Estado?

Si el Estado se define, entre otras cosas, como quien tiene el monopolio de la fuerza, de la ley, incluso la capacidad de recaudación, el crimen organizado empezó a oponer su propia fuerza a la fuerza del Estado, a oponer su propia ley a la ley del Estado, e incluso a recaudar contra la recaudación (oficial).

Usted ha asegurado que en México se han llegado a dar situaciones peores que en Colombia, que es un país en el que el Estado prácticamente dejó de existir en amplias zonas durante cierto tiempo.

No necesariamente peores. Estamos actuando a tiempo precisamente para evitar una descomposición y una pérdida de dominio territorial como los que llegó a sufrir Colombia en los noventa. Es algo que evitamos en México con los operativos conjuntos: el ejército, las Fuerzas Armadas, la Marina y la policía para tomar pleno control territorial donde estaba resquebrajado.

¿México está ganando la guerra?

México tiene la estrategia correcta y ganará, por supuesto, esta guerra.

La estarán ganando, pero ya hay 450 soldados o policías muertos desde que empezó. Son cifras preocupantes.


Sí, son preocupantes. Pero advertí desde el principio de mi mandato a todos los mexicanos que ésta sería una batalla larga. Es un problema que se fue acumulando, anidando, tolerando, durante años, quizá décadas, y que tendría, por desgracia, el costo de pérdida de vidas humanas, como desafortunadamente las hemos tenido. Y el hecho de que hayan perdido la vida policías federales, soldados, policías municipales, es precisamente porque estamos enfrentando el problema; no lo estamos eludiendo, como pudo haber ocurrido en el pasado.

Bush pactó con usted un plan (la iniciativa Mérida), cuya primera entrega se elevaba a 500 millones de dólares; la Cámara de Representantes lo rebajó a 400 millones; luego el Senado la dejó en 350, y ambos, Cámara y Senado, le añadieron condiciones que México debe cumplir, especialmente de respeto a los derechos humanos. ¿Le parece correcto?

Ha habido un proceso largo y complejo en el Congreso de Estados Unidos, pero parto del principio: la exigencia de México es que éste es un problema común, que de hecho tiene su origen en el consumo del mercado más grande de droga, que es el de Estados Unidos, y que, en consecuencia, tiene una responsabilidad compartida y tiene que ser enfrentado de manera conjunta. Yo le voy a decir que en algunos borradores en la Cámara, y particularmente en el Senado, se habían introducido condiciones o elementos que eran inaceptables. Pero ahora, el lunes mismo de esta semana, se aprobó un documento en términos mucho más aceptables. Espero que se sostenga.

¿Ahora sí cree que puede aceptarse?

Sí, si se sostiene el documento que fue aprobado esta misma semana en la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

Su gobierno se ha comprometido a aportar 7.000 millones en los próximos años: ése es un dinero que le deben aprobar los diputados.

Es lo que ya estamos gastando en seguridad.

Por otro lado, Pemex (Petróleos Mexicanos)  entrega al Estado aproximadamente el 62% de sus ingresos totales. ¿Cree usted que una empresa así está en condiciones de asegurar su propio futuro?

Con las reformas que he propuesto al Congreso precisamente pretendo fortalecer Pemex desde diversos ámbitos: autonomía financiera y de gestión, transparencia y consejeros independientes, y ojalá pueda ser aprobada por el Congreso.

¿Cree usted de verdad que con esa reforma Pemex estará en condiciones de evitar que, por ejemplo, el 25% de la gasolina que consume México, un gran productor, provenga de E.U.?

El 40% de la gasolina que consume México proviene del extranjero: España, India, Estados Unidos...; es absurdo. ¿Qué es lo que estoy proponiendo? En lugar de que Pemex tenga que desviar 10.000 millones de dólares, que es lo que cuesta una refinería, del corazón de su negocio, que es producir petróleo y gas, que pueda contratar una


empresa que construya la refinería y la opere para Pemex y ésta simplemente le pagaría el servicio de refinación. Podríamos procesar el crudo maya, que es un crudo muy pesado, difícil de procesar, garantizaríamos el abasto nacional, produciríamos combustibles más limpios, crearíamos más empleo en México y fortaleceríamos la financiación de Pemex. Entonces la respuesta categórica es sí.

Barack Obama amenaza con suspender el TLC para exigir más protección a los trabajadores y al medio ambiente en México si gana las elecciones. ¿Le preocupa esta tendencia proteccionista de Estados Unidos?

 Sí. El neoproteccionismo que impera en los discursos, por lo menos de la política norteamericana, es una seria amenaza, no sólo para países como México, que una buena actividad de nuestra economía depende del comercio con Estados Unidos, sino que es una seria amenaza para Estados Unidos mismo.

 La política en América Latina parece gravitar entre dos polos: la socialdemocracia y la  izquierda nacionalista y autoritaria, ¿dónde y cómo encaja su actual Gobierno del PAN?

El dilema de América Latina no es tanto entre izquierda o derecha, porque efectivamente hay gobiernos teóricamente de izquierda que toman medidas moldeadas a favor del mercado y la inversión, como pueden ser Chile o Brasil, y hay gobiernos que teóricamente son de derecha, que toman medidas de un fuerte compromiso social, como puede ser el propio gobierno de Uribe o el de El Salvador. Yo no me considero un político de derechas. Alguna vez ya me asumí como un político de centro.

Declaró incluso que iba a superar a Andrés Manuel López Obrador por la izquierda.

Efectivamente, lo estamos haciendo, porque tenemos una política social muy sólida y sin precedentes: por ejemplo, el seguro médico para una nueva generación, que impulsé, significa que todo niño mexicano tenga garantizado un seguro médico para él y su familia de por vida. México tendrá cobertura universal de salud. Y eso no es una bandera de izquierdas, es simplemente una responsabilidad humana y social a la cual siempre me he sentido comprometido.

¿Cómo ve las elecciones legislativas del año que viene?

Competidas. Los resultados hablan de las estrategias, ¿no? El PRD se ha desplomado en las preferencias electorales en todo el país.

¿Y cree que el PAN tiene posibilidades de lograr la mayoría?

Hay posibilidades, pero eso le toca elegir a los electores. Pase lo que pase, seguiré siendo un presidente que convoque al diálogo y seguiré impulsando cambios para México, reformas que ni siquiera se habían intentado en más de una década.

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