“¿Por qué no se hace la paz definitiva?”

El Mandatario dijo que la guerrilla no tiene razones para seguir en su lucha y que el Gobierno tiene voluntad de paz.

Con un discurso, que en su mayoría se concentró en los temas económicos, en el que defendió la seguridad como presupuesto esencial de la inversión, enfatizó en que el propósito esencial de su administración es la confianza, y le hizo un llamado a las Farc para que entren “en la hora de la paz definitiva”, el presidente Álvaro Uribe Vélez instaló ayer las sesiones ordinarias del Congreso de la República para el período 2008-2009.

Antecedido por una apoteósica jornada en la que millones de colombianos salieron a las calles del país para pedir por la liberación de todos los secuestrados, el Primer Mandatario aseguró que el Gobierno tiene toda la voluntad de llegar a acuerdos que conduzcan a la paz del país, enfatizando que el Estado ha recuperado el monopolio de combatir el crimen y que la guerrilla ya no tiene razones para seguir en su lucha.

“Deberíamos entrar en la hora de la paz definitiva. En mi juventud, en la universidad, leíamos comunicados de las Farc que pedían la elección popular de alcaldes y gobernadores, como pasos de ampliación democrática, para dejar las armas. También estas reformas fueron introducidas. A raíz del debate sobre la Unión Patriótica, las Farc reclamaron las garantías a la oposición política como condición de paz. La seguridad democrática ha hecho efectivas esas garantías. Después presentaron como pliego fundamental el desmonte del paramilitarismo.

Hoy no existe. La palabra paramilitar surgió para denominar bandas privadas criminales, cuyo propósito era combatir a la guerrilla. El Estado ha recuperado el monopolio de combatir el crimen. Los delincuentes de diferente denominación hoy son cómplices unidos en el ilícito y no antagonistas. ¿Por qué no se hace la paz definitiva? El Gobierno tiene toda la voluntad”, dijo.

El Jefe de Estado se refirió también a la denominada ‘Operación Jaque’, que permitió la liberación de Íngrid Betancort, los tres contratistas estadounidenses y 11 miembros de la Fuerza Pública, indicando que el apoyo del pueblo, del Congreso y del Gobierno a los soldados y policías “ha fortalecido en ellos la autoestima y el compromiso que anima a su inteligencia, imaginación e iniciativa”.


E insistió en que se seguirá trabajando para lograr la liberación de quienes continúan en cautiverio y para acabar con el terrorismo, sin mencionar la posibilidad de un intercambio humanitario. “Cada victoria sobre el terrorismo es una victoria de la libertad. Colombia puede mirar hoy al mundo con la frente en alto y decir: aquí avanzamos frente a los violentos y saboreamos la libertad que nos querían arrebatar, sin que esa libertad haya sufrido mengua alguna en la acción gubernamental de derrotarlos”.

En otro de los apartes de su discurso, el presidente Uribe habló de los proyectos de reforma política y a la justicia, que serán presentados en los próximos días a consideración del Legislativo. En el tema político, le pidió a senadores y representantes a la Cámara “sacar adelante la mejor reforma”, la cual, según dijo, espera que pueda ser aplicada plenamente para el debate electoral de 2010. En este sentido, teniendo en cuenta que dicha iniciativa contempla la eliminación de las suplencias en los cargos públicos de elección popular, llamó la atención para que no haya diferencias entre principales y suplentes de este período, “sino convergencia alrededor del propósito de tener un Congreso de opinión” respetado por la ciudadanía.

En cuanto a la reforma a la justicia, volvió a poner sobre la mesa un asunto en el que siempre ha insistido, que incluso formó parte de su fracasado referendo de 2003, pero que nunca ha podido sacar adelante: la sanción a la dosis personal de droga. “En todo el territorio las comunidades, especialmente las más pobres, estiman que la indulgencia frente a la dosis personal se utiliza para vincular a menores en la distribución de narcóticos e inducirlos en la carrera del delito.

No hay proporción entre la lucha contra el narcotráfico y la permisividad con la dosis personal. Nadie comprende que se haya extraditado a más de 800 personas en los últimos años y se autorice el consumo con la disculpa de su prohibición en lugares públicos o en presencia de menores. Más difícil la prevención y la rehabilitación sin sanción al consumo, que con el debido castigo”, enfatizó.

El Presidente tuvo espacio también para las víctimas, recalcando que la política de seguridad democrática les quitó la mordaza para reclamar. “Es la hora de las víctimas”, señaló, aunque le solicitó al Congreso ponderación en lo fiscal y


administrativo. “Nada repara totalmente el dolor por el daño causado por la violencia, en la propia persona o en un allegado. El ánimo de reparación integral, en lo económico, debe considerar las dificultades fiscales y en lo administrativo la necesidad de evitar más gastos de nómina”.

Y es que precisamente el discurso presidencial se fundamentó en las dificultades que vive actualmente la economía, no sólo en el país sino también en el mundo, tales como la pérdida de valor del dólar, su impacto en la apreciación del peso, el riesgo para las exportaciones, la producción y el empleo, la inflación, el alza en los combustibles, los insumos agropecuarios y los alimentos, y el alza en las tasas de interés. Y aunque el tono utilizado a lo largo del discurso fue conciliador, el Primer Mandatario aprovechó para tirar unas cuantas ‘pullas’ a la junta directiva del Banco de la República.

“La elevación de las tasas de interés contiene un choque de preocupaciones. El Banco de la República considera que era necesario frenar el exceso de confianza para solicitar y aprobar crédito y dar señales para precaver el ingreso del país al estadio psicológico de la inflación. Los productores de bienes y servicios estiman que las tasas son un factor de costo limitante de la oferta. Los consumidores temen a los nuevos egresos por cuenta de una creciente factura de intereses y se privan de compras o sus recursos no les permiten adquirirlas. El tema es bien delicado: ¿cómo eludir la amenaza de la alta expectativa inflacionaria sin que ello se constituya en una parálisis de la economía?”, se preguntó.

En este sentido, Uribe dijo que Colombia no está en presencia de una inflación monetaria y expresó su preocupación de que las altas tasas de interés “desmotiven consumos y encarezcan la producción”, y que finalmente ésta se reduzca y se incremente la inflación. “Pensamos que el exceso de confianza en el endeudamiento es asunto superado. Que la situación


financiera es diferente a aquellas de vísperas de crisis. Que hay esfuerzos distintos al riesgo de estancamiento productivo para enfrentar el peligro inflacionario”, dijo.

El Jefe de Estado destacó que por cuarto año consecutivo el Gobierno no le solicitará al Congreso un proyecto de adición presupuestal, al tiempo que enfatizó que se siguen haciendo esfuerzos en la reducción del endeudamiento y del gasto público. Defendió la reforma administrativa al Estado, que ha involucrado, según dijo, a 411 entidades y la supresión de 37.000 cargos.

“Estas reformas no desmantelan al Estado, se orientan a ponerlo al servicio de la comunidad y no de la alianza entre politiquería y excesos sindicales. Estas reformas han debido superar el obstáculo del radicalismo ideológico. Continuaremos con ellas como un legado definitivo de seguridad en las finanzas públicas y de legitimación de la función social del Estado”, indicó, insistiendo, eso sí, en que la reducción del gasto no debe afectar la seguridad democrática, la necesidad de desatrasar la infraestructura y la política social.

La confianza inversionista, la generación de más empleo, la necesidad de sacar al país del atraso en infraestructura en que se encuentra, los ajustes en la política de combustibles, el apoyo a la delegación de deportistas colombianos en los Juegos Olímpicos, fueron otros de los temas abordados por el presidente Álvaro Uribe en el discurso de instalación del Congreso, del cual sus últimas palabras fueron de conciliación: “Trabajemos por una democracia más objetiva en la crítica, menos enfrentada en lo personal, más argumental en la contradicción. Más unida en lo fundamental. Hagamos pedagogía sobre la seguridad desde la democracia, la inversión desde la responsabilidad social y la cohesión social desde las libertades”.