Premio Príncipe de Asturias para Google

No pasa un día sin que Google    —la divinidad corporativa de las búsquedas en internet— sea noticia en el mundo. Sólo la semana pasada la revista Forbes le adjudicó, por segundo año consecutivo, el premio al mejor empleador en el mundo, entre otras razones, por permitir que sus empleados tengan acceso a sus codiciadas acciones.

Ayer, los jóvenes multimillonarios Larry Page y Sergei Brin volvieron a ser galardonados, esta vez por el jurado del Premio Príncipe de Asturias de ‘Comunicación y Humanidades’, por crear “una gigantesca revolución cultural y propiciar el acceso generalizado al conocimiento”, según se lee en el veredicto.

Google, una empresa de garaje, que en cuestión de diez años se convirtió en el más grande indexador de páginas web del mundo, lidera hoy la sistematización relevante de información global en la red, en fuentes tan diversas como imágenes satelitales, libros, videos y periódicos.

“Es  nuestra verdadera pasión”, manifestó su presidente, Eric Schmidt, en una carta enviada al jurado del Premio. “Queremos ayudar a que toda la gente pueda acceder a la información que quiera en el idioma que prefiera”.

La entrega de este premio, tan relevante en Hispanoamérica, es también paradójico, si se tienen en cuenta los bajísimos niveles de acceso a internet con los que actualmente cuenta Latinoamérica. Según los ratings de Nielsen, en el continente, sólo el 22% de la población tiene acceso a banda ancha, comparado con un 47% en Europa y un 74% en Norteamérica.

Desde la apertura de su oficina en Buenos Aires, en el 2007, una de las prioridades de Google ha sido trabajar en lo que su oficina llama “evangelización”, lograr que más usuarios entren a la red y utilicen los servicios del gigante buscador. “Que el 80% de colombianos no tenga acceso a internet es un problema humanitario”, le dijo hace unos días a El Espectador, Gonzalo Alonso, director General de Google para los mercados de habla hispana en América Latina.

Pero la penetración de internet en el mundo es sólo uno de los múltiples frentes de avanzada de esta corporación, y que lo ha convertido en un jugador de primer orden en  la “sociedad de la información”.

Sumado a su inversión en perfeccionar tecnologías de búsqueda virtuales, Google invierte una décima parte de sus ganancias en proyectos alternativos, que también fueron reconocidos por el jurado del Asturias. Entre ellos, la empresa alberga una especial obsesión por el cambio climático y la búsqueda de combustibles renovables “más baratos que el carbón”, en los que tiene trabajando a varios equipos de investigadores.

Sus hallazgos podrían ser revolucionarios y lucrativos, como bien han advertido sus fundadores; pero también, en tiempos en que el Ártico se derrite, los nevados colombianos se extinguen y el mundo entero entra en crisis por el alto precio de los combustibles, son una reserva garantizada para ocupar la primera fila de los titulares de prensa.