Rehacer la relación bilateral

Cancilleres de Colombia y Ecuador se reunirán la próxima semana para avanzar en las salidas a la crisis. Bajar las tensiones acumuladas entre los dos países en los últimos ocho años no será fácil.

Por buenos que sean los anuncios de Quito y Bogotá de restablecer las relaciones diplomáticas, son sólo un pequeño paso. Al menos cuatro esfuerzos adicionales se requieren para desmontar las tensiones que se fueron acumulando a lo largo de los últimos ocho años y que se agravaron con la incursión colombiana en Angostura, a 1,8 kilómetros de la línea limítrofe.

Procesar los desacuerdos

Los problemas seguirán, porque en esa frontera se ha concentrado la confrontación. Los desacuerdos son mayúsculos. Bogotá hace énfasis en que la guerrilla tiene en Ecuador un santuario y Quito en que Colombia lo quiere involucrar en su conflicto. Ambos se quedan en la estéril recriminación de por qué los dejó salir o entrar. Lo cierto es que Ecuador recibe no pocos efectos de la confrontación colombiana y desde Ecuador se tejen muchas interacciones con ese conflicto.

La OEA, el ex presidente Jimmy Carter y su Fundación con el Grupo de Diálogo Binacional han empezado a ayudar a procesar los desacuerdos, pero se necesitará de esfuerzos persistentes.

Reconstruir la confianza

Además de las diferencias, hay exageraciones y se instaló la desconfianza. Ésta hay que revertirla con medidas de construcción de confianza desde lo militar, la política, la diplomacia, la economía y lo social.

Es necesario empezar por el compromiso de los dos presidentes de evitar el enfrentamiento con declaraciones o comunicados y de suprimir la diplomacia del micrófono de ministros que meten leña al fuego. También con la no entrega a cuentagotas de información de los computadores guerrilleros, sino acordar medidas para su procesamiento.

Para superar el enfrentamiento personalizado entre los dos presidentes es indispensable poner en marcha los mecanismos anunciados para tramitar las disputas: una alta comisión de justicia, otra de cancilleres, la de defensa y la de alerta temprana. También las comisiones de vecindad y la Combifron con ministros de defensa y mandos militares.

Convendría que la comisión mixta antidrogas, creada en 1979 pero que sólo en febrero de 2006 tuvo su primera sesión, tramitara asuntos como el de las fumigaciones.

Hay que apoyar la encuesta con la que Acnur trata de establecer la situación de los colombianos que reciben o esperan ayuda humanitaria. Habría que revivir las sesiones conjuntas de autoridades migratorias que habían logrado un entendimiento al respecto y sobre el desplazamiento.

El funcionamiento permanente de estos mecanismos ayuda a convivir mientras se procesan las diferencias.


Agenda positiva

Las relaciones no son sólo entre los gobiernos. Los lazos empresariales, fronterizos, sociales, académicos, que han sostenido la vecindad cuando se han enfrentado los gobiernos, requieren ser fortalecidos.

También temas positivos como el de comercio, que genera vinculaciones e interdependencias alentadoras, ayudan al reacercamiento. O el fronterizo, por lo que urge desbloquear las negociaciones del plan de desarrollo de la zona de integración fronteriza frenadas por las tensiones entre las capitales.

Los medios de comunicación juegan un papel crucial en la contextualización de las encrucijadas que viven los dos países, la visión ecuatoriana en Colombia y viceversa, ayuda al mutuo conocimiento tan necesario para salirles al paso a los estereotipos simplificadores de sus realidades complejas.

Intereses comunes

La común pertenencia a la Comunidad Andina, que está a punto de desaparecer, debería preocupar a ambos gobiernos. Sería un error arrojar por la borda el patrimonio de consensos e instituciones acumulado en casi cuatro décadas de integración. Es cierto que muchas decisiones no se han transformado en procesos concretos, que varios de sus logros han retrocedido, que sus regímenes no han servido para procesar los desacuerdos y que los dos países tienen hoy perspectivas diferentes. Pero es de mutuo interés reforzar sus intercambios comerciales y darle otro sentido a la Comunidad Andina, lo que no puede lograr por sí sola ninguna de las dos naciones.

Ambos gobiernos acaban de apoyar la conformación de la Unión de Naciones del Sur, Unasur, a partir del impulso no sólo al comercio sino a los asuntos sociales y a proyectos energéticos, de infraestructura y de conexión interoceánica. Tal propósito requiere negociación de los andinos con Mercosur. Y los proyectos de integración física son una oportunidad para que los dos países consoliden las zonas de integración fronteriza en torno a dinámicas de desarrollo.

Otra dimensión de los nexos binacionales tiene que ver con la común aspiración de Ecuador y Colombia de asociarse a la Conferencia Económica del Asia-Pacífico (Apec). Esto les permitirá participar en las corrientes del comercio y la inversión de los centros dinámicos de la economía mundial en Asia. Para salvar la distancia geográfica que los separa de la orilla opuesta del océano Pacífico, esa coincidencia debe ser reforzada con la participación de sectores de los dos países interesados en la condición compartida de pertenecer al Pacífico.

Ahora se requiere una transformación de la relación, tarea que no puede ser abordada sólo por los gobiernos. Es que la vecindad, que es para siempre, no es sólo problemática sino también una fuente de oportunidades mutuamente beneficiosas si se las asume de manera conjunta.

*IEPRI - Universidad Nacional.

 

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