La sala de la simulación

Con dispositivos de última generación se avanza en el estudio de la ciencia, la animación y la medicina. El salón Colivrí de la Universidad de los Andes es donde tienen lugar las investigaciones.

El Colibrí es un pájaro, pero la Universidad de los Andes quiso darle el mismo nombre a su laboratorio tecnológico. Sin embargo, hay una diferencia clara en la ortografía, el del laboratorio se escribe con “V”, porque según palabras de Pablo Figueroa, el ingeniero encargado de los asuntos técnicos del centro, “es la letra con la que se escribe realidad virtual”.

En todo caso, llamarle Colivrí resulta mucho más práctico que referirse al recinto por su nombre técnico: Colaboratorio de visualización inmersiva, robótica, interacción y automatización. Es un salón grande, de aproximadamente 250 metros cuadrados, rodeado por las múltiples aulas que hacen parte del Edificio Mario Laserna de la universidad.

Su interior parece sacado de una película futurista, tres grandes telones cuelgan de uno de los costados. En frente, apoyadas en trípodes, una serie de cámaras ultrarrojas se encargan de percibir los movimientos de la persona que viste un traje negro lleno de sensores. Un poco más a la izquierda hay un monitor de computador puesto encima de un vidrio especial, que proyecta la imagen en tres dimensiones. Al fondo, unos pequeños robots que juegan fútbol, y en la esquina de la puerta de entrada permanece apagado un aparato que simula los movimientos de una canoa de combate acuático.

Rastreando el cuerpo

El dispositivo que más llama la atención es el Phase Space. En una área delimitada por cuatro cámaras infrarrojas, un joven estudiante realiza diversos movimientos que se reproducen con líneas y puntos en un computador portátil, vía inalámbrica, en tiempo real.

El vestido negro es literalmente un traje de luces. A lo largo y ancho del cuerpo tiene distribuidos sensores conectados a pequeños bombillos rojos que se encargan de enviar 480 pulsaciones (encendido y apagado), por segundo. Las cámaras infrarrojas captan cada pulsación al instante y el movimiento queda archivado en el computador con excesivo detalle.


El sistema ha sido utilizado básicamente en dos frentes, la animación digital y la medicina. En el primer caso, al mapa de líneas podría ser el esqueleto de un personaje animado, bastaría tan sólo con añadirle un cuerpo y ciertas características para que reproduzca exactamente cada movimiento registrado por la persona del traje. De hecho, es así como se han logrado animaciones para grandes producciones en los países más desarrollados. Gollum, uno de los antagonistas de la película el Señor de los Anillos de Peter Jackson, es un ejemplo de lo que este método puede lograr.

En el segundo caso, el medicinal, el sistema ha sido utilizado para la identificación de problemas motrices en niños. De hecho, la Universidad de los Andes ha trabajado junto al Instituto de Ortopedia Infantil Franklin Delano Roosevelt en la materia. “Al poder captar el movimiento de forma tan detallada, se puede saber qué parte del cuerpo, ya sea ósea o muscular, es la que está generando la incapacidad. Así, los doctores pueden saber qué deben corregir y cómo hacerlo”, dice el ingeniero Figueroa.

Proyectos en curso

En el Colivrí, investigadores, ingenieros y estudiantes trabajan día a día en el desarrollo de proyectos, de los cuales hay unos cuantos que cuentan ya con el apoyo de Colciencias y otros institutos científicos. Entre ellos se encuentra uno que tiene su futuro en el Museo del Oro de Bogotá.

Con un sistema importado de nombre Phantom, que desde la proyección de una imagen en un monitor convencional genera una figura tridimensional al atravesar un vidrio oscuro, se espera ilustrar de forma virtual las vasijas, jarrones y estatuillas doradas de las culturas precolombinas que habitaron el país.

Por otra parte Colciencias y la Armada Nacional apoyan el proyecto de la canoa de combate. En una construcción mecánica de tubos metálicos que rodean una silla de tela, se espera poder entrenar a los soldados para mejorar su coordinación combinando las fuerzas del la corriente del agua con el rebote de la metralleta.

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