Con sello propio

La música de Putumayo entra por los ojos. Ese es el primer peldaño que escala este sello independiente creado por Dan Storper después de varias visitas a esta región colombiana para conseguir artesanías y ropa.

El trabajo de conquista lo finaliza el sonido caracterizado por propuestas denominadas étnicas y que de un tiempo para acá se conocen bajo el nombre de World music. Ése ha sido el nicho particular de esta firma disquera que, con buen paso, se consolida en un ámbito inundado por la competencia ilegal y por multinacionales con trayectorias importantes.

La seducción ha sido el principal instrumento empleado por Putumayo para cautivar al público de cien países. Y es que Storper padeció en carne propia las consecuencias de dejarse capturar, desde su primera visita, por la magia irresistible de una región colombiana llena de conflictos, pero al mismo tiempo con unos parajes impactantes y el deseo colectivo de salir adelante. En ese momento, supo que Putumayo es, ante todo, una paradoja. Y lo que hizo fue reflejar esa sensación en una industria que cumple 15 años y que se ha convertido en el sello independiente más prestigioso del mundo.

Para los melómanos de América, Asia y Europa, Putumayo World Music representa una visión innovadora en la que se tienen en cuenta los artistas reconocidos en determinadas tierras, pero que no han alcanzado la fama universal. Se trata de producciones originales en las cuales se conciben temáticas, influencias culturales y demás elementos tradicionales del folclor mundial.

Un elemento característico de esta firma son las portadas, que desde la primera hasta la última han sido realizadas por el artista Nicola Heindl, cuyo diseño ya es una marca registrada. Las carátulas, obras de arte en formato pequeño, la información en tres idiomas (inglés, francés y español) y, por supuesto, el sello de garantía de Putumayo, confirman la calidad del producto.

“Putumayo escogió un público totalmente descuidado por las otras disqueras y además se ingenió un sistema novedoso para vender la música. El librito con la información en distintos idiomas sobre los artistas ha sido la clave para el crecimiento del sello. Incluso Putumayo no se vende en las discotiendas solamente, sino en museos, zoológicos, cafés y demás sitios alternativos”, comenta Leandro Herbstein, uno de los directivos de la compañía, quien manifiesta que la piratería y los programas para bajar música desde internet no afectan a Putumayo de la misma manera en la que perturban a las grandes multinacionales del disco, porque el público está encantado con los detalles adicionales.

El posicionamiento del nombre fue muy complicado al comienzo. A la gente no se le quedaba, pero una vez veían los discos empezaban a entender su sonoridad, y por lo llamativo y original se abrió un espacio importante. Hoy se puede hablar de más de 21 millones de ejemplares vendidos de un sonido que no es de gusto masivo.

Por ahora Putumayo celebra tres lustros de historia y lo hace aliándose con Plaza Sésamo para posicionar su marca infantil. La filosofía del sello ha sido la misma: universalizar artistas folclóricos desconocidos, mientras se empeña en conquistar primero los ojos, pasar por los oídos, para llegar a lo más importante: el corazón.

 

 

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