Semillas de sanación

<p>Radiografía de un grupo que se reúne dos veces al mes en el barrio Claret, ubicado al sur de Bogotá.</p>

Desde el barrio Claret para el universo se envía un mensaje de energía de sanación dos jueves al mes, al igual que ocurre en otras partes del mundo, ya que este día es el elegido por aquellos que sienten que la curación y el progreso de la medicina están, además de los hospitales y consultorios tradicionales, en el corazón de los participantes y en la fuerza que otorga la solidaridad, incluso de personas desconocidas. Éste es, por lo menos, el sueño de todos los que acuden a esta cita con el bienestar propio y ajeno, un sueño que comenzó a ser realidad dos años atrás, cuando la fuerza de Janeth Guerrero la llevó a buscar ayuda para su hija, María Fernanda, de diez años, quien nació con síndrome de Lennox Gastón, una enfermedad que la madre define como una extraña versión de la epilepsia. Desde entonces, ella se ha entregado en cuerpo y alma a buscar ayuda.

Contrario a los dictámenes médicos de hace cinco años, que predecían que al llegar a los 10 años su hija estaría recostada en una cama, sin movilidad y con comportamiento de bebé, hoy María Fernanda es modelo de orgullo del trabajo de una madre amorosa, una familia activa en el tema de su salud, profesionales de alto nivel médico, pero, sobre todo, es el testimonio de que la unión hace la fuerza, ya que estos procesos grupales que se realizan dos veces al mes en su residencia apoyan a los pacientes con una terapia basada en el amor y la generosidad.

La idea de estas técnicas profesionales surgió del médico Jorge Carvajal, quien ha contagiado desde Medellín su pasión por este tipo de sanación a muchas personas del área de la salud, quienes han participado en un movimiento internacional que ha dejado sus huellas en Chile, Perú y que lo hará próximamente en Ecuador y Colombia. Esta caravana de la salud se ha realizado, asimismo, en el Putumayo, una zona del país que requiere sanar historias de dolencia, desplazados y fosas comunes a través de conectar el corazón de los participantes en las sesiones con los conocimientos de diversas disciplinas científicas, como lo explica Lilia Buitrago, médica con especialización en homotoxicología, miembro del equipo que conduce estos encuentros de sanación, junto con la psicóloga Dudu Farine y la médica Sandra Morales.

Yaneth, la “guerrera” de la salud

Este grupo de sanación del Claret, que nació hace dos años, es hijo de esta tendencia y se concibió cuando Yaneth Guerrero, mujer de ojos expresivos, gran fluidez verbal y energía para transmitir sus aprendizajes sobre la enfermedad de su hija, tocó


las puertas de la psicóloga sintergética, actual miembro del equipo conductor, para buscar progresos en su hija María Fernanda. En ese entonces, la niña estaba en silla de ruedas, convulsionaba con frecuencia y no se podía comunicar.

Hoy, Mafe, como la llaman los asistentes a este ritual de salud, toma medicamentos homeopáticos, dejó la silla de ruedas, tiene comunicación con su familia y es el ejemplo de que la constancia y el trabajo integral en el cuerpo la mente y el corazón son la base de la evolución favorable de su patología médica.

Cada uno vive lo que le corresponde. Los pacientes son generosos y ceden su turno los jueves a los enfermos que acuden por primera vez. Las personas pasan al frente, todos escuchan sus inquietudes. Luego, de cada paciente, se realiza una historia clínica tradicional, organizada por Heidi Donado, fisioterapeuta voluntaria. Para complementar estas historias se incluye el ambiente emocional de los pacientes: cómo viven, con quién comparten sus días y se indaga por duelos recientes o situaciones que puedan tener una influencia en la enfermedad. De acuerdo con la psicóloga sintergética Dudu Farine no se realizan procesos mágicos de curación, lo que se pone en evidencia es la necesidad de trabajar en conjunto para lograr el equilibrio de los aspectos físicos, espirituales y emocionales.

Estas profesionales de la salud buscan optimizar los recursos de las familias, que en general son escasos económicamente, pero muy ricos en términos de constancia, generosidad y deseo de transformar su vidas. Yaneth está convencida de que eso fue fundamental a la hora de ver los resultados con su hija. Antes se lamentaba en forma permanente y se negaba a admitir que ese fuera el destino de María Fernanda. Sin embargo, hoy se le dibuja una sonrisa de satisfacción en su rostro al ver el trabajo conjunto que se realiza en el patio de su casa y que ha traído esperanza a muchas familias.

El día que El Espectador obtuvo el permiso de los asistentes para hacer este registro asistieron varios pacientes nuevos,


entre ellos una niña con una dolencia cardíaca, quien a sus escasos seis meses de vida ha tenido cuatro hospitalizaciones. Un señor de 68 años que hace seis sufrió una trombosis y tiene varios problemas de circulación. Una señora cuyo padre murió hace tres semanas y compartió con el grupo cómo fue su despedida y cómo ella, con lo aprendido en el grupo, se había despedido de él a través del perdón. De igual manera, explicaron su experiencia madres con hijas con dificultades neurológicas, a las que es difícil acercarse físicamente, porque no admiten ninguna clase de contacto.

Las sesiones del grupo del Claret son lecciones de vida, del tesón y de la fuerza del trabajo en equipo. En el patio de una casa donde viven varias familias, sentadas sobre ladrillos cubiertos con mantas para simular sofás, se comparten experiencias de sanación cada 15 días desde hace dos años. En este barrio del sur de Bogotá se siente parte de un mundo donde la religión no tiene importancia a la hora de convocar al ser superior en el que cada uno confía; todo esto con el propósito de sanar el ambiente del país, las fronteras, a los asistentes, sus familias, afectos cercanos y al mundo en general.

Curación sin costos

Yaneth recibe dos jueves al mes a mucha gente en el patio de su casa del barrio Claret para realizar procesos de sanación, dirigidos por un equipo médico multidisciplinario que practica protocolos que combinan conocimientos en áreas como la inmunología, psicología, endocrinología y neurología para la atención de pacientes con diferentes enfermedades. Estas terapias no tienen costo para la comunidad.

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