“La trata aún es un tabú”

<p>La Directora de la Organización Internacional para las Migraciones dice que miles de personas caen a diario en manos de los traficantes.</p>

Actualmente, unas 800 mil personas son traficadas internacionalmente, según el último informe de la Oficina para la Trata de Humanos del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Gran parte de las víctimas —más de la mitad niñas y mujeres— son  obligadas a realizar trabajo sexual o trabajo forzado.

En días pasados el Gobierno de Colombia y la ONU inauguraron el Centro de Operaciones para combatir el tráfico de personas, y por tal motivo, llegó al país la senegalesa Ndioro Ndiaye, Directora General Adjunta de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

En medio de una apretada agenda, la señora Ndiaye se tomó unos minutos para conversar con El Espectador acerca de este problema, la lucha de los gobiernos para abolirlo y el futuro de las relaciones entre Europa y Latinoamérica tras la aprobación de la Directiva de Retorno para la regulación de la inmigración ilegal.

Usted vino al país para hablar sobre el tráfico de personas, ¿por qué Colombia?

El tráfico de personas ha sido una constante en los últimos años. Aquí en Colombia me interesa la manera en la que el Gobierno se ha puesto de pie y enfrentado el problema. Es muy valeroso. En algunos continentes, particularmente mi continente, África, a nadie le gusta hablar sobre la trata de humanos, porque es todavía un tabú. Es una costumbre que es prohibida en términos humanos, pero que nace dentro de la familia y la gente del común no lo quiere discutir. Es sólo ahora que, cada vez más, estamos viendo que en los foros internacionales, cuando llegan los africanos, comparten su experiencia y denuncian que este problema existe.

¿Me podría dar algunos ejemplos?

La señora  Mubarak, la esposa del Presidente de Egipto, por ejemplo. Ella creó un movimiento que se llama End trafficking now (Acaben el tráfico ya), y muchos de nosotros estamos trabajando en este movimiento y tratamos de acompañar al Gobierno a proveer asistencia a las víctimas de la trata de personas.

¿Cómo evalúa usted esta situación en Colombia?

Actualmente, tanto en Colombia como en Latinoamérica hay muchos colombianos que salen del país a cualquier destino, porque están buscando una vida mejor, buscando trabajo, pero están en manos de traficantes. Cada día se están yendo más lejos: Asia,  Europa Occidental y los países alrededor del golfo Pérsico. El Gobierno asumió la responsabilidad, creó fondos significativos, buscó ganar experiencia y construyó este increíble centro que va a ser utilizado por toda la región.

¿En qué andan el resto de países con respecto a este tema?

Están mejorando. Interpol está involucrado —ayuda a los países, pero es extremadamente raro que escuches que hayan atrapado a algún traficante. Usualmente, son muy inteligentes; saben lo que están haciendo y conocen a sus víctimas. Pero pienso que, cada vez más, aumentar la conciencia sobre el fenómeno y tener el valor de hablar sobre el problema puede ayudar. Colombia está teniendo éxito. Está entre los primeros lugares en la lista de países que han hecho el máximo esfuerzo, que han mostrado buena voluntad y dedicación.

¿Qué concepto tiene usted del reciente desarrollo de políticas mucho más estrictas frente a los inmigrantes tanto en Estados Unidos como en Europa?

Alguien me mandó un artículo por correo electrónico que habla sobre unas declaraciones hechas por el Gobierno de Bolivia, lamentando la decisión de la Unión Europea. La Directiva, dicen, obligará a los inmigrantes ilegales a imaginar otras maneras para ganarse la vida, y obligará a los traficantes a idear otras maneras para  cruzar las fronteras y llevar gente.  Los países europeos necesitan esos inmigrantes, porque tiene poblaciones envejecidas y no tienen mano de obra. Ahora, ¿por qué los países en vías de desarrollo no pueden organizarse para enfrentar este problema y plantear las condiciones en las que los países que reciben inmigrantes puedan recibir su mano de obra?

Implicaría un proceso de negociación para llegar a un acuerdo...

Absolutamente. Pero es poco lo que se escucha de su lado, particularmente de los países africanos. Eso es un problema, porque existe la conciencia, pero sienten miedo en el nivel político. Es un tema que resulta muy complicado para todos.

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