Un sábado con Samuel

En medio de la cotidianidad de la urbe, el Alcalde le explica a los ciudadanos su plan de gobierno, comparte un almuerzo con el general Rodolfo Palomino y disfruta de un espectáculo único preparado por las niñas del barrio Nuevo Timiza.  

Un viejo le muestra una tarjeta que dice “anapista con Samuel alcalde”. El burgomaestre sonríe y levanta el pulgar en señal de aprobación. Son las nueve de la mañana. Es sábado, día en el que el Alcalde hace lo que más le gusta: departir con la comunidad, oírla, abrazar y besar a las viejitas, consentir a los niños, rodear con su brazo a sus seguidores, sonreírles, recibir los cientos de papelitos con peticiones que le entregan y que una funcionaria responde y tramita, comunicarle a la gente que es un tipo cercano a ella, a sus necesidades, a sus sueños. Los sábados, además, filma su programa de televisión Samuel en la calle, que se presenta en diferido por Canal Capital una semana después y en el que desarrolla a su modo sus propios consejos comunitarios, puestos tan de moda por el presidente Uribe. 

Entonces, a las nueve pasadas, luego de untarse la dosis de polvos requerida por la televisión, Samuel sale, en jeans y chaqueta, atractivo y cálido, y entre abrazos y besos se abre paso en medio de los puestos de los 300 expositores que ese día se reúnen en el Centro de Desarrollo Comunitario Simón Bolívar, al norte de Bogotá, y se sienta junto a la presentadora Lina Marulanda en el escenario adornado con un fondo en amarillo que dice bog, bog, y que tiene banderolas que afirman: “es nuestro derecho, el juego y la recreación”; “es nuestro derecho, el cuidado y el afecto familiar”; “es nuestro derecho la seguridad y la protección”.

Entonces empieza el programa donde se hablará de movilidad, medio ambiente, desarrollo económico, seguridad y convivencia. Y se prenden las luces y la cámara, y principia la acción, y una señora protesta porque las obras de la calle 183 marchan despacio, y el Alcalde hace un comentario amable y le pasa la pelota a la responsable, y otra dama pregunta por la rehabilitación de una carrera, y Samuel dice que “la ampliación de la novena es una necesidad sentida” e interroga a la misma funcionaria, “cuéntenos, Liliana, cuándo tendremos esa avenida”, y las preguntas siguen hasta que termina el segmento, y viejitas en traje de españolas bailan en el intermedio, y comienza el otro módulo, y el Alcalde comenta que “si hay una localidad que tenga una problemática ambiental es ésta”, y se refiere a la protección de los Cerros Orientales, y un viejo habla de un canal por donde pasan las vacas y los caballos, y Samuel contesta, y una payasa muy gorda hace reír a la gente mientras principia el otro segmento, y una mujer insiste en la reubicación de los vendedores ambulantes, y el Alcalde le pregunta a Mónica de Greiff, su secretaria de Desarrollo Económico, “cómo podemos mejorar el tema de la formalidad y el acceso al crédito”, y ella contesta que “el Banco del Pueblo va a entregar microcréditos a los 600 vendedores que hay aquí”, y suenan los aplausos, y una señora presenta un proyecto para el cultivo de orellanas, y le regala una muestra al Alcalde, y otra dama vocifera que ella también tiene derecho a hablar, pero el programa sigue, y Samuel se preocupa porque un funcionario la escuche, y el grupo de rock Desquite emprende un heavy metal, y el Alcalde baila sin pensar y lleva el ritmo con el pie, y cuando termina exclama “excelente” y pide un fuerte aplauso, y empieza el segmento final, y una mujer se presenta con otra que hace dos años recogió en la calle, y apenas sabe que se llama Patricia Guzmán, y ruega que alguien la identifique y la reclame, y Samuel agrega que “la lucha contra la inseguridad no va a darnos descanso”, y Clarita López, la secretaria de Gobierno, afirma que el Plan de Desarrollo aprobó invertir 380 mil millones en el fortalecimiento de la Policía Metropolitana, y una madre se queja de que en el barrio les venden licor a los menores, y el Alcalde contesta que acaba de firmarse el “pacto protector” entre las organizaciones de padres y los sectores público y privado para evitar la venta de alcohol y tabaco a los muchachos, y Samuel en la calle termina, y entre autógrafos y abrazos se monta en su camioneta rumbo al otro extremo de la ciudad, y continúa la sabatina.


Entonces, este hijo de la política, un acuario de 48 años, nacido en el hogar del veterano Samuel Moreno Díaz y de la capitana María Eugenia Rojas, la hija del General Gustavo Rojas Pinilla y de Carola Correa, parienta del ultra uribista Fabio Echeverry Correa, que creció junto a sus abuelos, pues sus padres, él y su hermano Iván siempre vivieron con ellos, recuerda a ese abuelo General que le enseñó a nadar en el Río Sumapaz, y a montar en bicicleta, y a bajar de los árboles de la finca en Melgar los mangos y los icacos, y a enamorarse de la política, porque Samuel, el Alcalde, aprendió a trabajar en ella desde muy niño, cuando se colaba en las reuniones políticas que hacía su abuelo, y acompañaba a su madre a visitar los barrios y a arengar a los pueblos para convencerlos de que votaran por la Alianza Nacional Popular, ANAPO, como lo hicieron ese 19 de Abril de 1970 en el que tantos creyeron que el General  había ganado las elecciones.

“Yo tenía diez años —recuerda Samuel–. Ese día acompañamos a votar a mi abuelo y escuchamos eufóricos los primeros resultados. Luego vino la incertidumbre porque suspendieron la transmisión. A la mañana siguiente fuimos al colegio, el Anglo Colombiano, y la gente estaba asombrada porque había ganado Misael Pastrana. Me acuerdo de que al otro día, cuando salimos de estudiar, no dejaron que el bus nos llevara hasta la casa, y mi hermano y yo llegamos a pie. Entonces le pregunté a mi papá: papi, ¿qué está pasando? Y él me contestó: ‘aún estás muy pequeño para entender’. Luego supe que a mis abuelos y a mis padres los habían mantenido presos en su casa durante 34 días”.

Después del golpe militar dado por el General Rojas el 13 de Junio de 1953; y de su gobierno, tan cuestionado por unos y tan alabado por otros; y de su derrocamiento el 10 de mayo de 1957; y de su exilio en Miami donde nació su nieto; y de su juicio en el Congreso; y de su regreso al país; y de la fundación de la ANAPO; y de su abrumadora votación del 19 de Abril; y de la campaña de 1974 en la que la Capitana fue la primera candidata presidencial en América Latina y sacó 13% de los votos; y de la muerte del General en 1975; y de la división de su partido por la creación de ANAPO SOCIALISTA; y del ingreso de María Eugenia al gobierno de Belisario Betancur; y de la candidatura de la hija del General a la Alcaldía de Bogotá en 1988 cuando, en una colombiana paradoja, fue derrotada por Andrés, el hijo de Misael, el antiguo contendor de su papá;  y de la llegada al Senado, en 1991, de Samuel hijo, por la lista de la Alianza Democrática M-19; y de su permanencia de quince años en esa corporación como miembro de ANAPO; y de su alianza con el ex alcalde, Lucho Garzón, en el 2003, para fundar el Polo Democrático; y de su designación como Presidente de ese partido; y de su triunfo, frente a María Ema Mejía, en la consulta interna que escogió candidato del Polo a la Alcaldía; y de su arrasador millón de votos en las elecciones de 2007; después de todo eso, el arribo de Samuel Moreno Rojas a la Alcaldía de Bogotá puede interpretarse, según analistas consultados, como la gran reivindicación de su abuelo, ese General de quien yo sólo tengo el contradictorio recuerdo de que su ascenso al poder lo celebré, cuando apenas tenía dos años, bailando una canción que lo exaltaba, y cuya caída la celebré también, cuatro años más tarde, bailando otra canción de alegría por su derrocamiento.    

Son las dos de la tarde. El Alcalde entra a la sede de la Policía Metropolitana, en la avenida Caracas con calle sexta, y saluda al general Palomino, Comandante de la Policía de Bogotá, quien les ofrece a sus subalternos un almuerzo para felicitarlos por el rescate del niño Joel, recién secuestrado. Entonces le dice a Samuel: “usted fue el líder del rescate de ese bebé”. Y el Alcalde confiesa que ese día ha sido el más emocionante de sus cinco meses en la Alcaldía.

Son las dos y treinta. La camioneta del Alcalde se dirige al barrio Kennedy, donde él va a inaugurar una alameda construida con la participación de la comunidad. En el trayecto, Samuel “almuerza” con una porción de papaya; recuerda su paso por la Universidad del Rosario, donde se graduó en derecho y su año en la Universidad de Harvard, donde obtuvo su maestría en administración pública y fue condiscípulo del presidente de México, Felipe Calderón; habla de su noviazgo con Cristina González, una pereirana linda quien ha sido su “polo a tierra” desde 1986, con quien lleva dos hijos y veinte años de matrimonio; dice que ya no le queda tiempo para almorzar con sus padres  ni para estar con sus hijos, Samuel y Mateo; cuenta que comienza su jornada a las cinco y media de la mañana y  afirma que no se deja chantajear —“¡ni más faltaba!”— y que las decisiones las toma sólo él; y comenta que dialoga con frecuencia con los concejales del Polo, que habla con los dos Gaviria, César el liberal y Carlos el polista, que sus relaciones con el Presidente son institucionales y que se han reunido tres veces para conversar sobre el río Bogotá, la movilidad en la ciudad y los temas sociales.


Son las tres. En una esquina del barrio Nuevo Timiza un grupo de niñas en traje de cumbiamba, con polleras a cuadritos rojos y blancos y flores carmesí en sus cabecitas, reciben al Alcalde y lo besan.  Entonces, sentado en la sala aledaña a su oficina, dice que, en el 2011, Bogotá será una ciudad más próspera, más incluyente, más democrática, más segura, con menos pobreza y mayor movilidad, donde la gente vivirá mejor. Agrega que profundizará los proyectos bandera de Lucho Garzón, que “Bogotá sin hambre” se convertirá en “Bogotá bien alimentada”; que la educación será gratuita hasta el grado once, lo mismo que la salud; que se reducirá el déficit de vivienda; y que, en resumen, se aplicará su plan de desarrollo, aprobado por 39 concejales, con tres abstenciones y la oposición de otros tres que le criticaron que no se ocupaba lo suficiente de la infancia. Pero, dice Samuel, dicho plan recoge su programa de gobierno avalado por el voto de la ciudadanía, y apunta a que en Bogotá los derechos de la gente no se queden en el papel. Su ejecución costará en cuatro años casi 39 billones de pesos, diez de ellos destinados a garantizar los derechos de los niños. En ese momento, el Alcalde, feliz, da la noticia de que ese plan ya cuenta con financiación, pues “las empresas calificadoras de riesgo, luego de analizarlo, le mantuvieron a Bogotá la calificación triple A”. Entonces, Samuel, a quien le obedecen 52.000 empleados y desde que llegó a la Alcaldía exhibió en la Plaza de Bolívar las fotos de los secuestrados, reitera que “por la paz” está “dispuesto a hacer cualquier cosa”.

Ya ha oscurecido. Faltan aún temas por tratar: “El país tiene muchos problemas con los vínculos de los sectores políticos con los paras —dice—. Pero es un país con oportunidades, que sigue adelante... Yo veo al Polo muy encasillado en la para política… Y debería estar proponiendo la agenda del 2010… Colombia está muy polarizada”, afirma el Alcalde. “El que no está con Uribe está contra él. Y resulta que hay una oposición que ejerce el disentimiento democrático y que no se puede acorralar. Los cargos no pueden escriturarse. Yo no estoy de acuerdo con la reelección de nadie… Pueden reelegirse los programas… Pero no las personas… Yo le aconsejo al Presidente que no aspire a la reelección. Pero si se lanza —advierte Samuel con su olfato político—, los sectores democráticos tienen que buscar un solo candidato, porque a Uribe es muy difícil atajarlo...”

Son las ocho de la noche. Me despido, salgo del Palacio Liévano. El Alcalde continúa con su sábado de trabajo.

Jornada de afiliación a salud

Con el objetivo  de promover las inscripciones al Sistema General de Seguridad Social, la Secretaría Distrital de Salud realizará hoy una jornada de Afiliación, dirigida a trabajadores dependientes, como las empleadas del servicio doméstico y los trabajadores independientes, como taxistas y tenderos. También se hará una jornada masiva de vacunación de influenza en 340 puntos de la ciudad. Mayores informes:  www.saludcapital.gov.co

Vacaciones astronómicas

Durante la temporada de descanso escolar los niños y jóvenes podrán participar en las vacaciones astronómicas que organiza el Planetario de Bogotá. En este espacio los menores aprenderán sobre astronomía, astronáutica y ciencias afines; a través de talleres, conferencias y videos. Estas actividades se realizarán en tres jornadas: del 24 al 27 de junio, 8 al 11 de julio y 15 al 18 de julio. Información en el teléfono: 3344546.

Televisión para niños

Durante el descanso escolar el Canal Capital trae una programación especial para los niños entre dos y cinco años. Todos los fines de semana, a partir de las 7:30 a.m., presentará programas como La tortuga Franklin, Miss Spider y Sabrina. Para niños más grandes (entre seis y 13 años)  transmitirá  Escuela de detectives, WebDiver y los viajes del inspector Gadget.

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