Un sueño que no llegó a ser ‘concreto’

Los 2.000 afectados por el desbordamiento del Río de Oro no han recibido aún las casas prometidas por el alcalde de entonces, hoy preso por irregularidades en la adquisición de los terrenos en los que se construiría el proyecto.

La ola invernal que por estos días sacude al país, y que ya deja más de cien mil damnificados, le recuerda a Leonardo Rincón Urbina lo que hace tres años lo convirtió en protagonista de una de las más grandes tragedias naturales que ha vivido el departamento de Santander.

Este hombre de 45 años hace parte de quienes, en febrero de 2005, perdieron sus casas debido al desbordamiento del Río de Oro, en el municipio de Girón, ubicado a cuatro kilómetros de Bucaramanga. Tres años después de haberlo perdido todo, la idea de tener un techo digno está lejos de hacerse realidad y los cambuches en que vive su comunidad son hasta hoy testigos de lo que han sido estos años en condición de damnificado.

 De Leonardo a damnificado

Rincón había construido su vivienda gracias a préstamos y dinero ahorrado con el trabajo de más de cinco años. En su casa, de una planta, tres habitaciones, una sala, cocina y comedor, vivía con su esposa y sus hijos de 9, 12, 17 y 19 años.

La lluvia, que empezó a caer en la noche anterior a la tragedia, no lo alertó. Fue así como después de ver el último noticiero del día cerró los ojos y pasó la que hasta ahora ha sido su última noche bajo un techo digno.

El aguacero que el 12 de febrero de 2005 provocó el desbordamiento del Río de Oro no sólo dejó a Leonardo sin techo. Fueron más de dos mil personas las que, a partir de ese día, dejaron de ser conocidos por sus nombres para ser llamados damnificados.

Bajo ese nuevo rótulo, Leonardo y otras personas como Ubaldina Morales, quien se convertiría en una de las líderes de los damnificados, empezaron a vivir la verdadera tragedia: la de tener que ver cómo su condición era utilizada por el alcalde de turno para ganar popularidad con el proyecto Ciudadela Nuevo Girón, una iniciativa de vivienda que les permitiría a 1.731 familias volver a tener techo.

Las casas que harían parte del proyecto fueron sorteadas. Ubaldina fue una de las que resultaron seleccionadas. A ella y a sus cuatro hijos les fue asignada una vivienda en el proyecto urbanístico debido al peligroso estado en que quedó el lugar en el que residían.

Un área de 30,2 metros cuadrados —una cocina, un baño y una habitación, características de la vivienda en la que habitarían— ocupaba buena parte del pensamiento de esta mujer, quien creía que antes de finalizar 2007 podría volver a dormir sin la zozobra de saber que su techo estaba a punto de caer.


En el mes de julio de 2007, a pocos días de cumplirse la fecha de la primera entrega, los encargados del proyecto y el alcalde de Girón, en ese entonces Juan Francisco Suárez Galvis, anunciaron que ésta se debía correr porque las obras estaban retrasadas debido a la falta de materiales y algunos trámites.

Fue en ese momento cuando Ubaldina tuvo que ejercer su liderazgo. La labor de la líder no fue suficiente, cada día aparecían nuevas excusas para le retraso en la construcción de las casas.

Pero fue hasta cuando salieron a la luz pública las investigaciones contra el ex alcalde y otros miembros de su gabinete a causa de presuntas irregularidades en la compra del terreno en donde se construían las casas, que a Ubaldina y las otras personas que esperaban sus viviendas se les derrumbó por completo su anhelo.

Y aunque según esta mujer todos los damnificados añoraban el día en que se hiciera justicia, el hecho de saber que el ex alcalde iría a prisión los llenó de incertidumbre sobre el futuro del proyecto. Un mes después, la noticia de que al ex mandatario le habían dado casa por cárcel empeoró la situación. “Al principio teníamos sentimientos encontrados. Por un lado, sentíamos la tranquilidad de que se estaba haciendo justicia sabiendo que ese señor estaba en la cárcel, aunque eso retrasaría la entrega del proyecto. Pero después, cuando nos enteramos de que tendría prisión domiciliaria, nos sentimos burlados. Mientras él está cómodo, bajo su techo, nosotros seguimos viviendo en malas condiciones”, dice Ubaldina.

Los damnificados de la ola invernal de 2005 en Girón, Santander, hoy ya no creen en promesas.

Y no es que sean pesimistas, es simplemente que, como ellos mismos lo aseguran, han sido tres años de espera, en los que ni los problemas de salud pública que se han presentado en los asentamientos, ni el invierno que cada vez amenaza con llevarse lo que quedó de pie hace tres años, han logrado que se les tome en serio y se les devuelva lo que un día la naturaleza les quitó.

Es por eso que mientras la actual administración municipal de Girón asegura que una fecha opcional para la primera entrega de casas podría ser en diciembre de este año, los afectados intentan salir de su condición por sus propios medios. “No podemos cargar toda la vida como damnificados, ni seguir esperando a que nos ayuden para salir adelante. Con nuestro trabajo, algunos en el mercado, otros en construcción y muchos en oficios varios, tendremos que demostrar cómo, aunque el agua se llevó nuestras casas, dejó intacto nuestro espíritu de lucha”, concluye Ubaldina.

La tragedia en cifras

-2.056 familias fueron damnificadas por la ola invernal que azotó a Girón en el año 2005.-1.731 casas se construirían en el proyecto de vivienda Ciudadela Nuevo Girón.-47 mil millones de pesos han sido invertidos en el proyecto. -Más de 2 mil niños viven en  cambuches tras la  tragedia invernal.-El invierno de 2005 obligó a la ubicación de 10 asentamientos en los que aún viven las víctimas del desbordamiento del río.

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