Y el rancho ardiendo

Voces a favor y en contra generaron la palabras del senador, quien dijo que la izquierda tradicional le causa repulsión.

Opiniones divididas generaron entre los integrantes del Polo Democrático Alternativo las declaraciones del senador Gustavo Petro, quien al lanzar su candidatura presidencial, en entrevista con El Espectador, aseguró que él hace parte de la nueva izquierda del siglo XXI y que nunca ha militado en la izquierda tradicional, a la que definió como dogmática, sectaria y antidemocrática, y que le causa “repulsión”.

Para algunos, el calificativo “repulsión” cayó como un balde de agua fría y fue motivo de gran disgusto. Uno de los más ofuscados fue el representante a la Cámara Wilson Borja, quien le envió un desafiante mensaje a Petro: “Que se deje de pendejear, porque lo que el senador está buscando es que esa izquierda tradicional termine diciéndole al país las cosas, peores, que él hacía con los actores armados ilegales. Que no se olvide de su pasado”.

En el mismo sentido reaccionó el senador Jorge Enrique Robledo, quien lamentó ver tanta suavidad y admiración de Petro hacia el presidente Álvaro Uribe, lo que, según dijo, contrasta con la agresividad con que se dirige a la izquierda democrática. “Qué curiosa manera de hacer oposición”, expresó.

En la entrevista con El Espectador, publicada ayer domingo, Gustavo Petro define a Uribe como un hombre “constante”, que tiene una consecuencia entre lo que piensa y lo que hace, “lo cual lo ha premiado el pueblo”, mientras que de la izquierda dice que su tradición, cuando se divide, es terminar peleando por las sedes. Además, Petro descalifica también a su propio partido, el Polo Democrático, del que dijo parece que quiere hablar más de cocina que de los problemas del país, refiriéndose a la salida de su secretario general, Daniel García-Peña, por diferencias con el presidente de la colectividad, Carlos Gaviria Díaz.

Por eso, para legisladores como Borja y Robledo, las declaraciones de Petro al lanzar su candidatura presidencial sólo le hacen más daño al partido y reafirman el mensaje que muchos sectores en el país quieren mandar: que el Polo está sumido en una profunda crisis porque en su interior hay dos corrientes irreconciliables. El representante a la Cámara Germán Enrique Reyes enfatizó en que las palabras de Petro “son opiniones independientes”, al tiempo que aclaró que el Partido comparte un ideal de unidad, pese a que tiene diversidad de planteamientos de izquierda, entre las cuales está la moderna. “Tengo mis dudas de la autoproclamación de Petro en la izquierda moderna, teniendo en cuenta que él viene de un grupo armado, el M-19”, señaló Reyes.

Para Luis Carlos Avellaneda, también senador del Polo, la pluralidad de pensamiento que defienden algunos de los integrantes del Partido no debería causar repulsión sino fraternidad. “Son las diferencias las que ayudan a enriquecer el proyecto que busca sacar al país de la pobreza en que está”, sentenció.

Pero así como las duras declaraciones de Petro causaron disgusto y malestar en unos, otros le dieron su respaldo. Como el representante a la Cámara Franklin Legro Segura, quien consideró que por tratarse de una de las figuras más importantes de la colectividad en el país, sus opiniones merecen respeto y que, sea como sea, la izquierda democrática también debe tener una política de seguridad clara. “La deliberación es importante para el Polo y para la nación. No me angustian sus declaraciones, porque son opiniones válidas y respetuosas que nos ponen a discutir y a pensar”, indicó.

Otra de las lecturas que algunos analistas han dado a los audaces conceptos de Petro es que en la aventura de su candidatura presidencial lo que busca es marcar distancias y tratar de definirse como un político de centro, alejándose así de las estigmatizaciones que habitualmente le hacen por su pasado en la guerrilla.

Lo claro es que cuando el incendio por la disputa entre Carlos Gaviria y Daniel García-Peña comenzaba a amainar, las declaraciones de Gustavo Petro son como echarle gasolina al fuego. Y el Polo Democrático, al que muchos después de las elecciones presidenciales de 2006 comenzaron a ver como una verdadera opción de poder, tiene hoy el reto de conciliar posiciones y mantenerse unido de cara al futuro.

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