“Lo sentí como una cachetada”

María Isabel Nieto confiesa que se sintió incómoda desde el primer día en que tuvo que trabajar con el ministro Fabio Valencia Cossio. Revela que él quiso reducirla a una “vocación secretarial”. Y dice que cree que puede ser uribista y varguista sin entrar en contradicción con nadie.

Pese a su ya abundante carrera pública, María Isabel Nieto nunca había mojado tanta prensa como la semana pasada, cuando los medios le dedicaron generosos espacios debido a su intempestiva renuncia al cargo de viceministra del Interior. Aunque al mismo tiempo se anunció el retiro del viceministro de Justicia, Gilberto Orozco, el de la ex funcionaria ocupó la atención de los periodistas porque tuvo doble connotación: la de un enfrentamiento personal con el ministro Fabio Valencia Cossio y la de la batalla política del Gobierno contra Cambio Radical, partido de la coalición al que ella pertenece.

Paradójicamente, en lugar de salir como una perdedora a la que habían botado, ganó en imagen ante la opinión por la sensación de transparencia que dio con sus declaraciones: admitió sin ambages que había llegado a ese puesto gracias a que era cuota de Cambio; que le había molestado que Valencia le hubiera ocultado —siendo ella un enlace del Ejecutivo con el Congreso— la decisión de llamar a sesiones extras a la Cámara para que ésta aprobara el referendo por la reelección; que su jefe político era y seguiría siendo Germán Vargas Lleras. Y que su retiro también obedecía a que aspiraba a ingresar al parlamento.

En efecto, en un país donde la mayoría de los políticos y servidores del Estado tienen el hábito de mentir, o de decir verdades desfiguradas, las explicaciones simples de Nieto cayeron bien. En cambio, el Ministro y la propia administración parecieron enredarse por la ambivalencia de sus actos y mensajes. Unos indicaban que se había iniciado la guerra contra Cambio Radical. Otros sugerían que la alianza tendría continuidad, al menos con algunos congresistas de ese movimiento.

Lo más contradictorio, no obstante, fue que mientras Valencia Cossio aseguraba, de dientes para afuera, que no había existido distanciamiento alguno con su ‘vice’ y simultáneamente daba a entender otra cosa, María Isabel lograba clausurar el capítulo con un respaldo privado pero significativo del jefe de Estado. En la conversación con El Espectador, la aspirante a senadora aclara las razones del corto circuito con su ex jefe, acepta que le tocó aguantarse tratos muy desagradables. Y, misión imposible de cumplir, defiende su “derecho” a ser uribista y varguista sin entrar en conflicto con uno de los dos grupos. No por episódicas, sus respuestas dejan de tener un valor notable: el de pintar un retrato de lo que se vive en las entrañas del poder.

Cecilia Orozco Tascón.- El ministro Valencia Cossio negó que su renuncia tuviera que ver con un distanciamiento político del Gobierno con Cambio Radical, o con usted personalmente. ¿Intentaba desmentirla?

María Isabel Nieto.- El Ministro tiene todo el derecho de expresar sus opiniones. Por mi parte, he sostenido que tuve varias razones para renunciar. Una de ellas fue la incompatibilidad entre nosotros, que se notó varias veces pero sobre todo a finales del año pasado cuando demostró su falta de confianza en mí, por mi condición de miembro de Cambio Radical. Otro de los motivos de mi retiro es que tengo aspiraciones políticas. Pero para contestar en forma más precisa su pregunta, no existió ningún encontrón grave que marcara un punto de quiebre. Simplemente no me sentí cómoda desde cuando se inició su gestión.

C.O.T.- Me parece que ha mencionado la clave del problema: falta de confianza. ¿Fue por eso que Valencia no la encargó del Ministerio a finales del año pasado, cuando él se ausentó?

M.I.N.- Reemplazar a los jefes de las cartera es una de las funciones de los viceministros. Por ejemplo, cuando estaba el ministro Holguín, los dos viceministros de la época fuimos encargados varias veces por él. Francamente, a mí sí me sorprendió, no que no me designara a mí, sino que no lo hiciera con el viceministro Gilberto Orozco, que fue llevado por él y pertenece a su partido.

C.O.T.- En concreto, ¿cuáles otras actitudes del Ministro le molestaron?

M.I.N.- He dicho, y lo quiero reiterar, que la última sesión de la Cámara de Representantes, cuando el Gobierno llamó a extras, fue muy tensa para mí. En ese momento el Gobierno esperaba un comportamiento específico de Cambio Radical. Siendo que yo era cuota de Cambio y viceministra de la política simultáneamente, no se me contó la decisión de convocar a extras. Se entiende que parte de mi labor era la de abonarle el terreno al Gobierno para que sus proyectos fueran aprobados en el Congreso. En este caso, no sólo no fui informada sino que me marginaron completamente.

C.O.T.- ¿Lo tomó como una ofensa personal?

M.I.N.- Lo sentí como una cachetada. Tal vez el Ministro pensó que no podía enterarme de la decisión porque podía anticipársela a la bancada de Cambio, para que ésta se retirara de la sesión de la Cámara. Estoy especulando, pero esa fue


mi lectura sobre ese episodio. Entonces pensé que no tenía sentido que yo siguiera allí. No hice efectiva la renuncia en diciembre, porque no quería que se creyera que era una retaliación del partido contra el Gobierno, pues justo después de esa sesión vino la desvinculación de algunos funcionarios afines a Cambio.

C.O.T.- ¿El distanciamiento entre ustedes se dio porque no existía amistad, por su origen político o porque tienen estilos distintos de trabajo?

M.I.N.- Yo sabía quién era Fabio Valencia Cossio, por supuesto, pero no nos conocíamos. Una vez que él llegó al Ministerio, mi permanencia allí no fue fácil. Por ejemplo, en cuanto asumió, se cercioró personalmente de que yo tuviera respaldo del partido y consultó para ello desde la cabeza del movimiento —el ex senador Vargas Lleras, quien se encontraba en España— hasta el último representante a la Cámara.

C.O.T.- ¿El gesto de verificar si usted contaba con respaldo político significa que el Ministro quería su cargo para alguno de los amigos de él, o que deseaba a Cambio lejos de los asuntos políticos del Gobierno?

M.I.N.- Los temas políticos de gobierno deben trabajarse con todos los movimientos de la coalición y Cambio es uno de ellos. Que yo fuera de este partido debería haber sido una ventaja y no una desventaja, porque podía tener comunicación directa con el ex senador Vargas, y porque contaba con una relación cercana con la bancada. Probablemente lo que deseaba el Ministro era tener en esa posición a un conservador. Recuerde que al comienzo de su gestión estuvo sonando para reemplazarme el doctor Benjamín Higuita.

C.O.T.- ¿Se trataba entonces de una manifestación de la voracidad burocrática del Ministro?

M.I.N.- Llámelo como usted quiera, doctora Cecilia.

C.O.T.- Según una noticia de El Tiempo, Valencia Cossio dijo que Cambio Radical no perderá la cuota del viceministerio, “sin embargo (declaró el ministro), quien llegue a esa cartera deberá interpretar ‘la política de seguridad democrática…’ ”. ¿Querría decir que usted no la interpretaba correctamente?

M.I.N.- No le doy esa interpretación, pero si estaba aludiendo a que yo no la representaba, está equivocado. No sólo estoy casada con las tesis del Gobierno y las he defendido, sino que además todas mis actuaciones como viceministra demuestran mi convicción frente a la política de seguridad democrática del Presidente. Además, debo resaltar que el ex senador Vargas Lleras ha sido uno de los dirigentes que defendieron a capa y espada esta política. O sea que no hay ninguna razón para que yo no hubiera querido cumplir fielmente con ese precepto.

C.O.T.- En una crónica de El Espectador se cuentan incidentes que parecen menores pero que son demostrativos de la manera como la trataba el Ministro: la mandaba a callar en público; le ordenaba que le tomara apuntes; la regañaba porque no estaba listo el proyector en una reunión, etc. ¿Le daba a entender así que usted era su asistente y nada más?

M.I.N.- Como si yo tuviera vocación secretarial…

C.O.T.- Exacto. ¿Lo sintió así?

M.I.N.- Esa es la forma de ser del Ministro. Me sorprende que lo mencionen en El Espectador porque no pensé que fuera a trascender ese punto. Es cierto que soy un poco habladora en las reuniones y que eso le molestaba mucho. Había ocasiones en que él me imponía labores más asistenciales. No quiero demeritar el papel de las secretarias pero, por decir algo, me ordenaba hacer las presentaciones en power point. No tenía problema en cumplir esa tarea, pero el cargo de viceministra daba para que me ocupara de algo más sustancial.

C.O.T.- En otras palabras, usted estaba en el lugar equivocado y para empeorar las cosas, quedó en mitad de una pelea entre dos bandos a los cuales les debía igual lealtad.


M.I.N.- Fui absolutamente leal con mi partido y también con el Gobierno. Pero llegó un momento en que las circunstancias eran tales, que la gente de Cambio creía que no tenía libertad para hablar de algunos temas delante de mí. Y por el lado del Gobierno, como me veían como una cuota del partido, posiblemente pensaban que yo estaba haciendo espionaje. Si hubiera estado en una cartera distinta, otro sería el cantar. Pero siendo la viceministra de la política, mi posición se tornaba muy incómoda. Quedé como el jamón del sándwich.

C.O.T.- ¿Cómo explica entonces que después Valencia Cossio hubiera dicho que el Gobierno conservaría el viceministerio para Cambio?

M.I.N.- Debe ser un gesto del Gobierno para señalar que no busca la ruptura total con el partido, que respeta a Cambio Radical y que, por tanto, le parece importante que el viceministerio siga en sus manos. Lo que hay que ver es si a Cambio le interesa tener a un militante suyo en esa cartera. Ya Germán Vargas ha dicho que no.

C.O.T.- Ese ofrecimiento parece contradictorio: por un lado se hacen graves acusaciones contra la gente de Cambio, como la de Comcaja, y el Ministro acelera su renuncia, y por el otro, le ofrece al partido quedarse con su cargo. ¿Cómo se entiende ese doble juego?

M.I.N.- En el ejercicio del poder la frase “divide y reinarás” es aplicable en muchas circunstancias. Debe ser que busca castigar a unos y premiar a otros para generar contradicciones.

C.O.T.- Después de todo lo sucedido, ¿piensa que se demoró en retirarse?

M.I.N.- Creo que lo hice en el momento justo. El señor Ministro lleva seis meses en el cargo que no han sido fáciles para él porque le ha tocado vivir unas coyunturas muy complicadas en asuntos personales, que lamento profundamente, y también en los temas de la cartera. Si me hubiera salido antes, habría sentido que abandonaba el barco. Ahora es evidente que tenía que retirarme antes de marzo por mis aspiraciones políticas.

C.O.T.- El presidente Uribe le envió a usted mensaje desde Estados Unidos para que se reuniera con él antes de radicar su carta de renuncia. ¿Qué le dijo en esa reunión?

M.I.N.- Le manifesté mi enorme agradecimiento por su oferta de que me quedara en el Gobierno, pero la frase que más valoro de las que me dijo fue la del final de nuestra amable conversación: “María Isabel, mientras yo viva, cuente conmigo”.

C.O.T.- Para hablar con franqueza: ese tire y afloje entre el Gobierno y Cambio Radical, que viene desde hace rato, ¿indica que ambos se necesitan aunque no se quieran ni un poquito?

M.I.N.- Comparto lo que usted dice, aunque es claro que en política se dan con frecuencia esas situaciones. El Gobierno necesita a Cambio Radical y Cambio necesita del Gobierno. Sin embargo, hay una historia conjunta que no se debe olvidar. No se puede desconocer, por ejemplo, que nuestro partido ha acompañado al Gobierno con entereza en muchos de sus proyectos. Que la relación política esté pasando por un momento difícil no significa que los únicos argumentos por los que Cambio se quedaría en la coalición sean de orden burocrático o de oportunismo. Tampoco pienso que el Gobierno mantenga a Cambio en la coalición por la necesidad de que vote los proyectos.

C.O.T.- Es una forma optimista de ver las cosas. ¿Su partido terminará dividido entre gobiernistas y vargaslleristas?

M.I.N.- Ser afecto al Gobierno del presidente Uribe no excluye serlo también a Vargas Lleras. No deja de ser uno uribista, de creer en el presidente Uribe y en su Gobierno, si al mismo tiempo quiere contar con una candidatura presidencial propia, lo cual es válido dentro del juego limpio de la democracia. No se está desconociendo la labor del Presidente ni lo que ha hecho


por este país, por tener a una figura a quien se quiera eventualmente apoyar. Me llama la atención esa lectura que se le da en muchos escenarios, incluso en la misma Casa de Nariño, a quien no es partidario de la segunda reelección, añadiendo que eso significa estar en contra del Primer Mandatario. Probablemente sea ingenua, pero no estoy de acuerdo con esos planteamientos.

C.O.T.- ¿Cree que es compatible con la posición del círculo palaciego, la de tener un candidato distinto a Uribe para las elecciones de 2010?

M.I.N.- Para mí es compatible y sé que lo es para muchos miembros de Cambio. Tenemos a una persona que puede llegar a ser candidato con mucha opción. Estamos esperando, como todo el país, que el Presidente dé a conocer una decisión y en ese momento se tomarán las determinaciones que correspondan. Germán Vargas sería el antagonista de Uribe si el jefe de Estado decide lanzarse y Vargas también. Pero mientras tanto, en el juego de la política y en el día a día del Congreso, no me parece que uno tenga que decidir que o es uribista o es vargasllerista. Faltaba más.

C.O.T.- ¿Defiende el derecho de ser uribista-vargasllerista simultáneamente y sin entrar en conflicto con nadie?

M.I.N.- Por supuesto.

C.O.T.- Bueno, que le vaya bien.

El de Gilberto Orozco: un retiro diferente

Aunque se anunciaron al tiempo, y trabajaban bajo las órdenes de Fabio Valencia Cossio, las renuncias de la viceministra del Interior y del viceministro de Justicia no tuvieron nada que ver entre sí. En realidad, sólo las unió la coincidencia de fecha. Eso explica que Orozco no hubiera dado muchas declaraciones sobre los motivos de su retiro y que se abstuviera de aparecer ante los medios al lado de María Isabel Nieto. Se sabe, sí, que el ex magistrado tenía conceptos diferentes a la opinión del Ministro en el proyecto de la ley de víctimas, aunque nunca hubo discrepancias agrias entre los dos. Mientras Valencia Cossio ha sostenido que el Estado no debe indemnizar económicamente a las víctimas sino después de la sentencia de un juez, Orozco cree en la indemnización prejudicial. Pero ese punto no fue fundamental en la decisión del ex funcionario. Se relaciona más bien con la consideración de que la reforma a la justicia, el asunto central de su interés para dejar en suspenso su cómoda pensión del Consejo Superior de la Judicatura, no es el tema prioritario del momento político. Si ahora es claro para todos que Valencia Cossio no se sentía a gusto con su viceministra, también se supo que estaba a sus anchas con quien él mismo había designado para que lo acompañara en los asuntos de la justicia, porque los une una vieja amistad y porque ambos son figuras tradicionales del Partido Conservador.

Alumna juiciosa, profesional aplicada

El récord profesional y político de María Isabel Nieto no es nada despreciable, pese a su juventud. En el viceministerio del Interior, donde estuvo durante más de dos años, manejaba seis oficinas con rango de dirección,  relacionadas con asuntos electorales, atención a poblaciones desvalidas, derechos humanos y derecho internacional humanitario.

Antes de llegar a ese cargo, fue elegida por el partido Cambio Radical como concejal de Bogotá, en donde fue jefe de su bancada. Había trabajado en el despacho de la Primera Dama, Ana Milena Muñoz, durante el gobierno de César Gaviria, y había sido la directora ejecutiva de la Fundación Luis Carlos Sarmiento Angulo, más de siete años.

Su relación política y de amistad con Germán Vargas Lleras viene desde 1989, cuando se desempeñó como asesora del entonces concejal de la capital. También fue asistente de Iván Marulanda, en la época en que éste hacía parte del grupo de Luis Carlos Galán. Aún estudiante logró ingresar a la dirección nacional de las juventudes del Nuevo Liberalismo e hizo parte de una de las comisiones preparatorias de la Asamblea Nacional Constituyente. Es abogada de la Universidad de Los Andes, cursó estudios en el Instituto de Estudios Políticos de París y fue ganadora, por buena alumna, de una beca de la Oficina de Cooperación Internacional del Japón.

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