¿Se desvanecen las Farc?

Ocho frentes del grupo subversivo se extinguieron por completo y otros ocho estarían en el mismo proceso.

“La Política de Seguridad Democrática se ha constituido en un punto de quiebre para las Farc”, dice un reciente informe de organismos de seguridad del Estado. Y según el documento, que aún no ha sido divulgado públicamente, existen los números para sostener que, desde 2002, esta organización guerrillera ha visto cómo se reduce notoriamente su capacidad estructural. Así, las Farc pasaron de tener 91 estructuras activas en 2002, a contar con 71 en 2008. De esas 71 estructuras, además, “sólo 19 soportaron la actividad armada (...) al ejecutar más de nueve acciones en promedio” durante 2008.

Según las instituciones que recopilaron estos datos, ocho frentes de las Farc desaparecieron por completo en los últimos seis años. Entre esos, uno de mucha relevancia por el tema del narcotráfico: el 14. A éste, que operaba en Caquetá, se encontraban vinculados la jefa de finanzas del bloque sur de las Farc y hoy extraditada, Omaira Rojas Cabrera, alias Sonia; su hermano, su cuñada y Erminso Cabrera, extraditado también. El informe señala que este frente, que operaba en Caquetá, llegó a su fin. Al igual que el frente 3, que se movía entre el sur de Caquetá y el suroriente del Huila.

El alcalde de Gigante, Julián Díaz, asevera que hace mucho no se ve a la guerrilla por su municipio. “No sé si (el frente 3) está completamente desaparecido, pero puedo decir que hay un parte de tranquilidad”. Otro de los frentes extinguidos, según el documento, es el 61, que también operaba en Huila. Su comandante, Bercelio Castro, fue arrestado en abril de 2007. Era hijo de Efraín Castro, Sangrenegra, uno de los bandoleros más reconocidos de la época de la Violencia en los años 50.

El 2 y el 64, que operaban entre Nariño y Putumayo, son otro par que hace parte de esta lista. Los habitantes de Funes (Nariño) aún recuerdan el asalto del frente 2 contra el Palacio Municipal, en el que murieron tres personas, ocurrido en el año 2003. Ese mismo año secuestraron a su alcalde, Carlos Velásquez, y a su hija de 3 años de edad. “Ese fue su último atentado. Hoy en día se siente la tranquilidad. Los cultivos de amapola se redujeron”, expresa Luis Armando Delgado, alcalde de Funes.

El frente 64, por su parte, fue diezmado no por la Fuerza Pública, sino por otro grupo guerrillero, el Eln. Según el Observatorio de Derechos Humanos de la Vicepresidencia, el Eln desarrolló una alianza con Los Rastrojos, ejército privado del extinto capo Wílber Varela, alias Jabón. Las zonas que ocupaban estos dos frentes, que pertenecían al bloque sur, eran retaguardias estratégicas para las Farc, pues el valle de Sibundoy es un corredor clave para el paso de alucinógenos entre Nariño y Putumayo.

Funcionarios como Delgado, sin embargo, toman esta información con beneficio de inventario: “No creo que estén completamente acabados, porque todavía hay residuos”. Y aunque el informe de seguridad dice, por ejemplo, que el estado actual del frente 2 es desaparecido, el pasado 13 de diciembre la Policía Antinarcóticos decomisó 34 kilos de heroína en zona rural de Tablón de Gómez (Nariño). Los propietarios de los narcóticos, según los oficiales, eran el mismo segundo frente de las Farc que hoy, dice el Estado, está liquidado.

Otros de los frentes que —según el informe— fueron extinguidos son el 12 y el 46, que operaban en el departamento de Santander, y el 20 “se mantiene debilitado”. En 2006, 15 mandatarios locales de municipios como Cimitarra, Landázuri, Simacota y Puerto Parra manifestaron haber recibido amenazas por parte del 46 (llamado el “frente fantasma” por las Fuerzas Militares de la región), por su supuesto apoyo a la reelección del presidente Álvaro Uribe Vélez. Pero el entonces comandante de la V Brigada del Ejército, general José Joaquín Cortés, calificó el hecho de treta porque la “cuadrilla” 46 ya no existía.

Puerto Parra, Simacota y Santa Helena del Opón fueron algunas de las localidades santandereanas afectadas por el frente 12. Pero en la región, dice Álvaro Clavijo Nieves (alcalde de Santa Helena), “hace rato que no se escucha de Farc ni de Eln”. Clavijo le dijo a este diario que su municipio fue muy azotado por la violencia en una época, pero que hoy las cosas son diferentes. “Acá hay una base de la Policía y el Ejército hace presencia constantemente”. Aunque, aclara Clavijo, sí se sigue recibiendo información de presencia de un pequeño grupo de las Farc que transita “en las veredas de la parte alta”.

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