El vuelo de Danilo Dueñas

Un artista que interpreta los planos del universo en sus creaciones de materiales atípicos.

Fue en el vuelo 767, Cali-Bogotá, que se le ocurrió el nombre de la exposición individual (A flight, un vuelo) que estará en la Galería Casas Riegner hasta el 26 de marzo. Mirar por la ventanilla era percibir esas inmensas nubes inmóviles, tranquilas y suspendidas pero saber que adentro de cada una hay frío, corrientes, tormentas y debajo de ellas capas de bosques, de lagos, de ciudad y de gente.

La analogía de esta imagen con su obra se apoya en su intención de develar lo que no es visible y de abrir todas las posibilidades de un objeto, de los conceptos y del espacio. Así, su obra se toma el espacio en forma de instalaciones, intervenciones in situ y obras escultóricas. Mesas adheridas a la pared, armarios sobre llantas, una silla, tubos, luces fluorescentes, vestigios de madera, ese material que connota calidez y fuego, son reinterpretados y, por lo tanto, establecen otros ritmos y captan distintas velocidades como los instrumentos dentro de una canción.

Más allá de la cómoda y previsible mirada de una pintura figurativa, la muestra de Dueñas hay que aprehenderla por delante, por detrás, por arriba y hacia dentro. Esto es el resultado de un artista que piensa y cree profundamente en que la obra debe ser más fuerte que su creador y que debe manifestarse por sí sola. “Hay que dejar la presunción de lado y dejarse afectar por mil cosas para que la obra sepa más que uno. La obra es el lugar del pensamiento”.

Es fascinante tanto para el espectador como para Dueñas encontrarse con un trabajo envolvente que no ha sido simplemente colgado a la pared. Su creación sin planificación  en gran parte la genera y la dispara el espacio donde expone el resultado. Éste ha sido intervenido: los guardaescobas hablan, las luces del techo se han descolgado, unos muros falsos se han levantado, se ha roto la pared y el lugar ha quedado al descubierto, revelando lo oculto y mostrando lo invisible.

Dueñas ha sido ecléctico en su recorrido de  vida porque pasó del derecho al teatro y de éste a la pintura. Sus estudios no fueron en un salón de clases sino visitando infatigablemente y casi con obsesión las salas de los museos, porque tiene la convicción de que un buen artista debe conocer a fondo la historia del arte. Asimismo, disfrutó de la libertad, de  las licencias creativas, de la falta de taras y de la capacidad de ser decisivo y agresivo que permite el ser autodidacta.

Hoy en día está del lado de la docencia en varias universidades, lo que le permite esa interesante reciprocidad y visión de cómo entienden las cosas sus alumnos. Hoy su obra se encuentra en constante movimiento, en plena mutación, como un manifiesto contra el tedio y una celebración de la vida.

 Informes: (1) 249 9194.

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