El heredero de Alquería

Desde 1993, Cavelier dirige esta empresa familiar, que se ganó el Premio Ave Fénix 2008.

La fuga de Pablo Escobar, el capo de capos, lo tomó dormido, en su casa, como les ocurrió a la mayoría de los colombianos.  Era el 22 de julio de 1992. Carlos Enrique Cavelier, hoy presidente de Alquería, en ese entonces era secretario general del Ministerio de Justicia. Sólo en la madrugada se enteró de la noticia que frustraría su carrera de político. Escobar había huido de la “cárcel de máxima seguridad” de Envigado, junto con nueve de sus lugartenientes. Lo hizo al enterarse de que lo iban a trasladar de prisión,  y desterraría de su cárcel “cinco estrellas”.

“Después de ese escándalo, ¿quién iba a darle trabajo al hombre que dejó escapar a Escobar? Se me cayó el cielo encima. Se me acabó la carrera pública”, dice Cavelier sin un dejo de nostalgia, porque sabe que la fuga del capo significó su retorno al negocio de la familia, a Alquería.

El político

En 1984, estando en Estados Unidos (ya se había graduado en Antropología y Sociología y había hecho una maestría en administración pública), Luis Carlos Galán Sarmiento lo invitó a hacer parte del Nuevo Liberalismo. Cavelier dijo sí, volvió a Colombia y cinco años después enterró a su mentor político. Ese 18 de agosto de 1989, cuando llegó a la plaza de Soacha, donde Galán daría un discurso sobre sus aspiraciones a la Presidencia, sus verdugos ya habían disparado las ráfagas de ametralladora, y la gente gritaba enloquecida “mataron al doctor Galán”. Cavelier fue hasta el hospital de Kennedy. Allí, junto a la familia, los amigos, y miles de personas en las afueras, recibió la noticia que sólo los  asesinos querían escuchar: “falleció el doctor Galán”.

En 1990, Cavelier fue elegido representante a la Cámara por el Nuevo Liberalismo. Al año siguiente llegó al Ministerio de Justicia. Después  de la fuga de Escobar volvió a Alquería.

El empresario

 Con la llegada de Cavelier al negocio de la familia, vino también la tecnología, los nuevos productos y el resurgir de la marca. “Comenzamos a trabajar con la leche larga vida  —cuenta Cavelier—. Luego de tres años de trabajo, de buscar un producto que durara bastante, que fuera económico, que oliera bien, lo lanzamos al mercado. Importamos dos máquinas desde Francia. El negocio empezó a crecer. Además, coincidió mi llegada con la liberación de los precios de la leche”. En 1992, Alquería  vendía 36 millones de litros y este año la meta es llegar a 280 millones.

El crecimiento desmedido de Alquería, irónicamente, los llevó al borde la ruina. “Estábamos creciendo tanto que nos endeudamos comprando máquinas, los intereses de los créditos se subieron, empezamos a incumplir en los bancos, los intereses eran altísimos, se volvieron impagables”, recuerda Cavelier con un tono de voz bajo y pausado que  mantuvo en toda la conversación. Ningún tema, ni siquiera hablar de la ruina, lo altera.

En 2000 se acogieron a la Ley 550, la ley de quiebras. Tenían cinco años, hasta noviembre de 2005, para pagar los créditos que habían sido refinanciados. Nueve meses antes de que se cumpliera el plazo terminaron de pagar la millonaria deuda. “Debíamos $30 mil millones y al año vendíamos unos $60 mil millones”.

Por ese resurgimiento, el año pasado Alquería ganó el Premio Ave Fénix, que otorga la Universidad del Rosario a las empresas que han tenido un proceso de recuperación exitoso. Cuando habla del premio, Cavelier, el político que vio frustrada su carrera, el hombre tímido, sonríe largamente.