Este viernes se estrena ‘Gomorra’

Entrevista con Tony Servillo, protagonista de la película dirigida por Matteo Garrone.

Franco es un hombre de negocios, vestido con el más pulido Made in Italy, capaz de hablar tres idiomas además del dialecto napolitano y de convencer a las grandes multinacionales de que su empresa de recolección de residuos es “completamente clean, como dicen los americanos”. Este exitoso mánager contrata a Roberto, un muchacho que será su ayudante y su mayor objetor de conciencia, pues lo de Franco, de clean no tiene nada. Su actividad es tan impecable como provocativos duraznos radioactivos que crecen en el patio de uno de sus clientes y que él sabiamente bota por una ventana porque sabe que son tóxicos.

Su trabajo, como el de muchos de los miembros de la Camorra napolitana, consiste en ocultar los negocios ilegales tras fachadas legales, con el fin de obtener grandes dividendos económicos, sin importar los costos para la vida de las personas.

Franco, su negocio de desechos con los que envenena poco a poco a los pobladores de las tierras que reciben dinero a cambio de enterrar material radioactivo , y la relación con Roberto, hacen parte de una de las estampas del libro Gomorra  (escrito por Roberto Saviano), que el director Matteo Garrone escoge para mostrar en su película. Un cuadro de un sur de Italia completamente corrompido y corroído por una organización mafiosa que mata, engaña, vende droga, recluta niños, contrata trabajos legales y dignos de manera ilegal por dos pesos y amedrenta a la mayor parte de la población sin importar si son ancianos, viudas o jóvenes inconscientes.

Este ambiguo personaje es interpretado —en una película rodada con actores naturales y actores de gran trayectoria— por un importante hombre de teatro de origen napolitano: Tony Servillo, miembro de Teatri Uniti. Antes de subirse al escenario, como todas las noches en su natal Nápoles, Servillo habló con El Espectador.

¿Cómo fue interpretar este personaje ambiguo como Franco en ‘Gomorra’?

Mateo Garrone quería de este personaje, que es despreciable, tal vez el peor de este gran fresco que es Gomorra, que se mostrara como un modelo exitoso. Es decir, que tuviera la arrogancia y la desenvoltura, e incluso la simpatía de una persona que —aun haciendo cosas terribles— cree que es y muestra la imagen de un mánager de cualquier empresa limpia.

¿Se inspiró en algún personaje real?

No. Tengo que decir que me atuve mucho a las indicaciones y al guión del personaje.

A pesar del éxito, la película ha recibido críticas en Italia porque no refleja a Nápoles en su totalidad...

Está la critica de siempre, porque que los paños sucios se lavan en casa. Esto lo dice una minoría, porque la mayoría de las personas tienen la conciencia de que el cine se debe ocupar de estos problemas y más aun con un lenguaje innovador como lo hace en esta circunstancia Matteo Garrone.

¿Qué opina del libro y de la adaptación al cine?

Hay una diferencia entre el libro y la película. Gomorra es un extraordinario libro pues utiliza el lenguaje novelado totalmente integrado a la denuncia, enunciando datos precisos, nombres de personas reales y circunstancias probadas. La película, por el contrario, abandona este aspecto denunciatorio y es un viaje más existencial. La película es la contraparte emotiva del libro. Y hace de los temas relacionados con nuestro territorio, temas del mundo entero. Creo que esto lo pueden entender bien en Colombia.

Usted es principalmente un hombre de teatro. ¿Cómo combina los dos lenguajes?

Hoy un actor moderno debe, si tiene la oportunidad, alternar los dos lenguajes y conquistar un publico nuevo sobre temas importantes. El teatro es el espacio donde el actor encuentra su máxima expresión. El cine tiene otro lenguaje. Cuando se puede compartir una experiencia con directores, como sucede con Garrone, con quien comparto un horizonte intelectual y político, es bello prestar el propio oficio para sus propósitos.

Usted estuvo en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá en 1992 con ‘Rasoi’ (Navajas), una obra sobre Nápoles. ¿Cómo fue esa experiencia?


El viaje a Colombia fue maravilloso. Hicimos una gira que llevó Rasoi (Navajas) al Festival de Teatro de Caracas y luego al de Bogotá. Pasamos toda la Semana Santa allá y tengo un bellísimo recuerdo de esta ciudad, que estaba medio vacía por la época y que nos recibió muy bien. Es bella esta coincidencia, pues Rasoi era un gran fresco de Nápoles y sobre los sures del mundo. Y también, como sucede con Gomorra, este espectáculo fue recibido como una gran metáfora de los países del sur.

¿Qué significa para usted hacer un arte que denuncia y muestra aspectos menos bellos de la vida y de la sociedad?

Creo que es más numeroso el grupo de personas que están dispuestas a ver aquellas cosas que se trata de esconder, y que están cansadas, en las distintas latitudes, del entretenimiento vacío. Estoy seguro de que la gente aprecia mucho el arte comprometido.

¿Cómo fue trabajar con Matteo Garrone?

Es un cineasta muy particular. Él también hace la dirección de fotografía de sus películas, así que está detrás de la cámara y hace revueltos de realidad y ficción usando actores naturales y profesionales. En su trabajo busca mucho privilegiar lo que sucede, incluso los momentos improvisados, para que encajen con aquellos más estudiados que él tiene en la cabeza. Así que es una especie de work in progress realmente fascinante.

¿Cómo fue trabajar con actores naturales?

La verdad es que Nápoles es un gran teatro. Así que uno todo el día se encuentra con actores en cada esquina. Fue una experiencia singular, pero sin duda muy interesante.

¿Cuál es su mayor reto como actor y como director?

Cada cosa que uno hace representa un reto si presupone superar obstáculos, e incluso superar lo que se ha hecho anteriormente. Lograr que lo que uno hace llegue a muchas personas, eso ya es un reto.

¿Esperaban que la película se convirtiera en un gran éxito de taquillas y de premios?

Fue una gran sorpresa. Nunca nos imaginamos que en Italia se hicieran 11 millones de euros en taquilla y que en el mundo tuviera este eco extraordinario.

¿Usted cree que para la Camorra y para la mafia en general, esto tenga algún efecto real?

Seguramente una película no resuelve el problema desde la raíz, pero al menos contribuye a aumentar la conciencia de la gente sobre este problema y a dar voz a las víctimas.

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