“Hay que invertir en la educación”

La diferencia en los momentos de crisis está en saber buscar las oportunidades.

Para hablar con Craig R. Barrett, presidente de la Junta Directiva de Intel Corporation, sólo había una oportunidad. Subirse con él a la camioneta que lo transportaría desde el Centro de Convenciones Plaza Mayor, sede de la 50 Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), hasta el Parque Explora, el parque temático de ciencia y tecnología de la capital antioqueña.

Nos subimos con él al vehículo, escoltado por dos carros y dos motociclistas de la Policía. Durante el recorrido, Barrett nos respondió varias inquietudes sobre la importancia de la tecnología en los momentos de crisis y su impacto en la educación, sobre lo cual sentenció: “Los computadores no hacen milagros; los maestros, sí”.

Y es que Barrett es una verdadera autoridad en la materia. Fue designado “embajador de la tecnología y la educación” en la Alianza Global para las Tecnologías de Información, las Comunicaciones y el Desarrollo, promovida por la ONU.

Por ello, piensa que la fórmula del crecimiento económico de una nación reside en algunos elementos que considera fundamentales: un sistema educativo fuerte que cree una infraestructura capaz de asegurar la generación de buenas ideas, lo cual dará como resultado un ambiente de investigación y desarrollo. Con este panorama, considera que los gobiernos deben centrar sus esfuerzos en conseguir fondos para fortalecer estas ideas.

Usted siempre ha dicho que la educación es el elemento diferenciador.

Lo más importante es que cualquier economía, cualquier país, puede mejorar sus niveles de desarrollo y crecimiento a través de la educación. Si se mira alrededor del mundo, los mayores niveles de ingreso per cápita se relacionan con aquellos que tienen los más altos niveles de educación de su fuerza laboral y que son capaces de sumar mayor valor a sus productos y servicios. También los que tienen los niveles más altos de calidad de vida. Todo comienza por la educación y hacia ella se deben dirigir todos los esfuerzos.

¿Cuál es el papel de la tecnología en las épocas de crisis?

Cuando hay momentos de menor crecimiento, la gente cree que hay menos oportunidades. La diferencia está en saberlas encontrar y la tecnología es una herramienta para ello. También permite mejorar los niveles de eficiencia. Las recesiones son oportunidades para lanzar productos nuevos que optimicen los procesos. Ello requiere inversiones, que se deben mirar desde la relación costo-beneficio. En las épocas de recesión también hay posibilidades para mejorar las participaciones de mercado; por ello en Intel procuramos tomar este tipo de ventajas que ofrece el entorno. La gente busca herramientas productivas y hay que ofrecerlas.

¿Cómo puede apoyar la tecnología la reducción de costos?

Una de las cosas buenas de la tecnología es que no tiene relación directa con los ciclos económicos. Uno de sus objetivos, siempre, es hacer más con menos. Hace pocos años, el Departamento de Comercio de Estados Unidos realizó un estudio entre 40 mil commodities y encontró que el que menos se afectaba por los fenómenos de la economía era la tecnología. Pero la mejor manera de reducir costos es la innovación, algo que tienen claro las empresas de tecnología, que ofrecen productos que mejoran los procesos.

América Latina y Colombia también han entrado en momentos de sus economías de bajo o nulo crecimiento. ¿Cuáles son las oportunidades para la región y para el país en este momento?

Igual a como veo a Intel. Es una región que debe aprovechar las posibilidades que se presentan en un momento de transición económica, teniendo en cuenta que de igual manera hay que moverse hacia adelante. Colombia debe tener claro cuáles son sus objetivos. Considero que la educación, la investigación en las universidades y la inversión en infraestructura de todo tipo son oportunidades para impulsar el crecimiento. Además, los países de la región tienen una posición mejor en estos momentos, comparada con la de naciones con mayores niveles de desarrollo.


Todos los gobiernos del mundo están realizando enormes esfuerzos económicos para impulsar de nuevo  la economía, ¿usted qué opina de ello?

En el caso de Europa, tienen un sistema de seguridad social que protege mejor a la gente que pierde su empleo. Por ello, sus necesidades de recursos pueden no ser tan altas como las de Estados Unidos, que debe hacer un esfuerzo enorme alrededor de los paquetes de estímulos financieros para que la economía vuelva a crecer y los niveles de desempleo no crezcan tanto. Es la razón por la cual el gobierno americano ha tenido y tendrá que gastar billones de dólares en estímulos.

En momentos en que el mundo entero está buscando recursos, ¿dónde encontrarlos?

Primero hay que manejar muy bien los que se tienen. Y buscar las alternativas que ofrecen instituciones multilaterales, como el BID, que tiene recursos para proyectos de desarrollo. Pero hay que tener en cuenta que el mundo entero tiene el mismo desafío, comenzando por Estados Unidos y pasando por Colombia y Brasil. Los gobiernos y la empresa privada también deben encontrar mecanismos para que sus proyectos sean estructurados de manera atractiva y rentable para los inversionistas y que sean sostenibles en el tiempo. Hoy hay que mirar a largo plazo, a 10 ó 20 años, y establecer los objetivos que quiere lograr un país como Colombia.

¿Cómo le pareció el nivel de la reunión del BID que se realizó en Medellín y en la cual usted dio una conferencia sobre la tecnología y el desarrollo?

Me sorprendió la diversidad y el nivel de los asistentes, gente de varios países y que todos coincidimos en la importancia de la educación para reducir las desigualdades entre los países y en la necesidad de invertir en ella, en investigación y en infraestructura como los tres elementos que pueden mejorar las competencias de los países.

El hombre de la tecnología

Nació en San Francisco, California, cuando Silicon Valley no era más que un extenso desierto al sur de la ciudad.

Con esfuerzos familiares atravesó los estudios superiores e ingresó a la prestigiosa Universidad de Stanford, donde se graduó en 1964. La especialización elegida: Máster en Ciencia. Claro, en ese entonces la investigación “jalaba” más que los negocios y las punto.com no existían. Y por eso siguió estudiando para obtener un PhD en Ciencia de los Materiales.

Obvio, en ese momento, quien se convertiría en el presidente de Intel por 35 años no imaginaba la jugada de su destino: tener que manejar una empresa que hace dinero transformando materiales burdos, la arena y el silicio, en microchips de computadores.

En 1999 el gobierno de Estados Unidos lo nombró asesor de la Comisión Nacional para la Enseñanza de las Matemáticas y la Ciencia en el siglo XXI, como cabeza de una de las empresas líderes de esta época.

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