¿DMG y la Oficina de Envigado?

La organización criminal buscaría recuperar $7.000 millones que habría depositado en la pirámide. El responsable de las intimidaciones: un hombre que pasó de trabajar en un paradero a ser un temido delincuente.

Sorpresivamente un nombre apareció en el escandaloso caso de DMG. Se trata de Javier Molina Cardona alias Gancho, un desconocido sujeto que con el correr de los años pasó de ser un simple despachador de buses en Bello a ser el jefe de jefes de la temible Oficina de Envigado en reemplazo del confeso narcotraficante Carlos Mario Aguilar, alias Rogelio, quien se entregó a la DEA a mediados del año pasado en Argentina.

Según fuentes consultadas por El Espectador, desde hace varias semanas y desde la clandestinidad Gancho le ha enviado mensajes intimidantes a William Suárez, cuñado de David Murcia Guzmán, hoy preso en  La Picota. La razón: preguntarle por el destino de una gruesa suma de dinero que habría depositado en DMG. Al parecer son $7.000 millones y, según las fuentes, el reclamo del dinero llegó acompañado de amenazas. Gancho le exigió a Suárez que el dinero aparezca.

Molina Cardona nació en Bello (Antioquia) y muy pocas personas lo conocen por su verdadero nombre. Unos dicen que el apelativo de Gancho obedece a que se trata de un sujeto de elevada estatura y contextura gruesa. Otros, en cambio, aseguran que le endilgaron ese apodo porque camina encorvado. En todo caso en el mundo del narcotráfico Gancho ya es un individuo en la mira de las autoridades.

Según los organismos de inteligencia, este hombre sólo cursó algunos grados de primaria que le permitieron saber leer, escribir y sumar. Cuando apenas era un adolescente encontró trabajo en la empresa Transporte Bellanita, de propiedad de Hugo Albeiro Quintero, quien le encomendó la tarea de medir el tiempo de los buses. Dicen quienes lo recuerdan, que esa labor la cumplía disciplinadamente desde temprano en la mañana hasta bien entrada la noche. A los pocos años de estar lidiando con los conductores, Gancho empezó a conocer a los jefes de la llamada Oficina de Envigado que tenía como una de sus sedes principales al municipio de Bello.

Así fue como se acercó a alias Rogelio y a Daniel Mejía, alias Danielito. También, se ganó la confianza de Hugo Albeiro Quintero, su jefe en la empresa de transporte y, con el correr de los días, además de compinche de Rogelio y Danielito, se transformó en ojos y oídos de Quintero. Con el paso del tiempo y sin que muchos lo advirtieran, Gancho se convirtió además en uno de los hombres mejor informados de Bello.

Sabía a la perfección quién entraba al municipio, cuánto tiempo se demoraba y con quién se reunía. Todo extraño era sospechoso y su red de informantes le permitió mantener muy bien dateados a los destinatarios de sus reportes: el propio Quintero y los “duros” de Envigado, al mando de Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna.

Alias Gancho,  más temprano que tarde, se dio cuenta de la importancia que tenía en sus manos como el portavoz de la información. De paso aprendió a manejar con destreza las armas que llegaban a Bello y a Envigado y se hizo además experto reclutador de jóvenes de los municipios del Valle de Aburrá, a fin de conformar pequeñas pandillas que ejercían labores de “seguridad” en la zona.

La efectividad de Gancho se hizo famosa entre los jefes de la Oficina de Envigado. Pasó de ser el “muchacho” que llenaba las planillas con los tiempos que demoraba cada bus en ir y volver de su destino, al hombre de confianza de los “patrones”. De hecho, él mismo nunca ocultó sus deseos de hacer parte de esta red sicarial y de cobranzas. Su primera prueba fue poner a disposición de la “Oficina” las bandas criminales que había organizado.


Los mafiosos de la Oficina de Cobro no demoraron en recompensarlo. El propio Don Berna le propuso que se integrara a la estructura de mando del Bloque de las Autodefensas del Magdalena Medio durante el proceso de negociación con el gobierno, para que pudiera saldar sus delitos por una vía expedita: la ley de Justicia y Paz. Así lo hizo. 

Sin embargo, ese no era su escenario. No soportó por mucho tiempo el rótulo de autodefensa y optó por devolverse a las calles de Bello, donde siempre se ha sentido a sus anchas por una razón ilegal: el refugio seguro de la oficina de Envigado. El tiempo terminaría por darle la razón. Mientras los jefes de las autodefensas se empezaron a enredar en sus propias mentiras y terminaron extraditados a Estados Unidos, Gancho se fue volviendo jefe de banda.

Lo que no calculó Gancho era que la Oficina de Envigado también iba a vivir su mala hora. Ya había caído abatido Gustavo Upegui. La misma suerte le correspondió a alias Danielito. Después cayeron presos uno a uno, John William López Echavarría, alias Memín; Mauricio López, alias Yiyo; Diego Alejandro Serna, alias Kenner y   Carlos Arturo Hernández, alias Jerónimo.

En la redada cayó también Hugo Albeiro Quintero, su jefe en el mundo legal y en las relaciones clandestinas con el narcotráfico y las autodefensas, además del propio alias Rogelio. Por eso hoy, las autoridades Policiales sostienen que, a sus 33 años, Gancho es el hombre fuerte de la Oficina de Envigado y quien está manejando las bandas sicariales de Bello, e incluso algunas que operan en Medellín.

 Se dice que es propietario de haciendas en  Copacabana (Antioquia), dueño a la sombra de varias “sedes” de los llamados pagadiarios, que posee un restaurante en Bello y que está moviendo los hilos de la violencia en el Valle de Aburrá. Las autoridades judiciales y la Policía saben que no deja la región pero tiene problemas de financiación. Por eso los investigadores del caso DMG no salen de su sorpresa. ¿El hombre fuerte de la Oficina de Envigado perdió dinero en DMG? ¿Se trata de un préstamo o de una extorsión? ¿Es esta la prueba de que a DMG sí entró dinero del narcotráfico y de los grupos paramilitares?

De escolta al hombre que movía millones

De la información que han logrado recabar las autoridades sobre William Suárez, se sabe que pasó de ser un escolta cuyos padres regentaban una iglesia cristiana al sur de Bogotá, al millonario que estaba detrás de las finanzas de DMG. Su parentesco con David Murcia (cuñado) hizo que tuviera un sitio de privilegio en la comercializadora y pronto pasó a ser el dueño de la empresa de seguridad Provitec que estaba encargada no sólo de DMG, sino de conjuntos residenciales y edificios.

En las múltiples interceptaciones que hizo la Policía a los integrantes de la cúpula de la comercializadora, Suárez aparece como el hombre que toma las grandes decisiones sobre el dinero. Desde los traslados de efectivo entre ciudades para completar el pago a los acreedores, hasta el responsable de reunirse con dirigentes políticos para acordar financiación de campañas o apoyar iniciativas en el Congreso. Tras una larga persecución fue detenido en una finca del departamento de Caldas.

Temas relacionados