Los efectos del alto desempleo

Se debe reducir el costo del trabajo a través del desmonte de las cargas parafiscales y la fijación de un salario mínimo más bajo. Y mejorar la calificación de la mano de obra por medio de carreras técnicas cortas.

Colombia se ha caracterizado por tener una tasa alta de desempleo, independiente de la fase del ciclo económico. En efecto, durante 2007, cuando la economía creció al 7,5%, cifra récord para el patrón colombiano, la tasa de desempleo más baja fue de 9,8%. Paradójicamente esta misma tasa es la que puede alcanzar la economía norteamericana a finales de 2009, según los analistas, como resultado de la profunda recesión.

Para nosotros es un éxito que la tasa de desempleo haya llegado al 9,8%, para los norteamericanos ¡es una tragedia! De hecho, con la desaceleración del crecimiento económico en Colombia, la tasa de desempleo anda por el 12,5% y con perspectivas de seguir subiendo en el corto plazo.

Ha corrido mucha agua debajo del puente por parte de los estudiosos sobre las medidas que deberían tomarse para reducir la tasa de desempleo en el país. En lo fundamental, la receta tiene dos componentes: reducir el costo del trabajo a través del desmonte de las cargas parafiscales y la fijación de un salario mínimo más bajo. Segundo, mejorar la calificación de la mano de obra por medio de carreras técnicas cortas.

En cuanto a lo primero, los políticos le han hecho poco caso a estas recomendaciones, ya sea porque sus clientelas no son desempleados —con la velocidad con la que está subiendo la tasa en estos días podrían empezar a serlo—.

O porque defienden intereses particulares como el de las Cajas de Compensación Familiar, que se financian precisamente con cargo al contrato laboral. En cuanto a lo segundo, la política educativa se viene reorientando en esa dirección, pero toma tiempo.

Colombia está en la llamada transición demográfica. Gracias a las mejoras en acceso a la educación, la salud y debido también a la migración del campo a la ciudad, las tasas de natalidad han bajado y las de mortalidad también. En pocas palabras, los colombianos actualmente tenemos menos hijos y vivimos más años.

Este fenómeno se traduce en que el mayor porcentaje de la población se encuentra en edad productiva, en el rango entre los 18 y los 65 años. Los demógrafos estiman que este fenómeno puede durar veinte años más, momento a partir del cual la población vieja empezará a pesar cada vez más como proporción de la población total.

Esta oportunidad de oro de contar con una proporción alta de la población en edad productiva para generar ingresos y ahorro, no sirve si tenemos un desempleo estructural tan alto, ¡alrededor de dos a tres millones de personas desempleadas!

Si no se aprovecha esta oportunidad de oro —veinte años no es nada, como dice el tango—, las próximas generaciones de colombianos deberán generar no sólo los ingresos para llevar una vida digna, sino tributar una parte de éstos con el objeto de financiar la pensión de millones de compatriotas que hoy no tienen ingreso corriente y no están cobijados por ningún sistema de aseguramiento para tener una vejez digna.

Por estas razones, además de otras, se requiere una reforma laboral urgente en Colombia, para que la tasa de desempleo de largo plazo sea máximo del 4 ó 5%. Y cuando ésta se suba al 9%, ¡se trate como una tragedia nacional!

* Director Crece

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