Brotes de xenofobia en Bogotá

Un inglés cuenta cómo fue víctima de ésta.

Ser extranjero en este país nunca ha sido un problema para mí. Sin embargo, el sábado pasado, por primera vez, fui víctima de la violencia xenófoba.

Volviendo en bus del norte de Bogotá, hasta Chapinero, charlaba con un amigo colombiano. En los dos asientos al lado nuestro se encontraban un hombre y su mujer. De repente, se empezaron a fijar en mí con una mirada absolutamente escrutadora.

Supongo que por mi acento se dieron cuenta de que era extranjero. Tras un rato el hombre me preguntó:

“¿De dónde es?”.

“De Inglaterra”, respondí.

“Y, ¿qué hace acá?”.

Le conté que estaba trabajando para un diario. De golpe, se volvió loco.

“¿Está trabajando para un diario acá en Colombia?”. Saltó de su asiento y se acercó. Era grande.

“Yo soy nacionalsocialista”, afirmó. “Ustedes me parecen muy brutos”.

Le dije que no entendía.

Siguió, encarnado y gritando: “Usted viene acá a quitarle el trabajo a los colombianos... Es una mierda, un maldito pedazo de mierda”, y me dio una cachetada dura en la cara.

Regresó a su asiento. Indignados, con rabia y desconcertados, mi amigo y yo nos mudamos más adelante mientras el tipo seguía gritando insultos. El episodio suena más absurdo cada vez que lo cuento. La reacción de mi amigo me consoló: “Me da pena que en mi país exista gente como ese maldito”.

Me puso a pensar. Por un lado, entiendo la causa de su ira, especialmente durante una crisis. Pero, ¿eso justifica llegar a la violencia contra la gente extranjera?

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