Italia sigue temblando

Durante las últimas horas se han presentado varias réplicas. Los cuerpos de rescate ya han encontrado a 100 personas con vida.

Ancianos, mujeres y niños deambulan sin rumbo por L’Aquila, la capital de L’Abruzzo, epicentro del terremoto que arrasó con pueblos enteros. No saben a dónde ir y, al parecer, se sienten más seguros en espacios abiertos. Las constantes réplicas que se han presentado desatan escenas de pánico. “Preferimos no dormir, estar afuera muertos de frío, pero seguros”, confiesa Paolo Brunitti, un sobreviviente de la tragedia.

Miles piensan igual. Descansan en las carpas instaladas por toda la ciudad, en sus vehículos con vidrios rotos o en la calle. “Mi casa quedó totalmente destruida, mi cuadra desapareció, no sé de mis vecinos, no sé nada”, se lamenta Renata Benice, una mujer de 76 años que se salvó de milagro. “Sólo desperté y estaba en la calle”, recuerda.

Otros no corrieron con la misma suerte. Una mujer sentada a pocos metros de un campamento se sobresalta. Sus dos hijas están ahí abajo. De 22 y 24 años, vivían en el primer piso de un edificio que se vino abajo y estudiaban en la universidad local. “Volvieron a L’Aquila el domingo por la noche. Tenían clase la mañana siguiente”, dice Marcella. Las lágrimas se asoman, pero la madre las mantiene ahí, en el borde de los ojos. Repite varias veces, como en una letanía, la palabra “clase”. La interrumpen las excavadoras, que reanudan su acción.

La remoción de escombros destapa vidas destrozadas: ropas rasgadas, animales de peluche rotos, restos de muebles y cuerpos sin vida... Pero también hay milagros. Los cuerpos de rescate han logrado encontrar a 100 personas con vida de entre los escombros. A pesar de que persisten los fuertes temblores, los rescatistas no cesan en su labor. “Hay 70 personas desaparecidas y tenemos la esperanza de encontrarlas con vida”, asegura un bombero.

Cuadras completas quedaron derrumbadas en la ciudad montañosa de L’Aquila y en comunidades cercanas por el temblor que mató a más de 250 personas, según el último balance. Los hospitales no dan abasto para atender a los cerca de 1.500 heridos y a damnificados que empiezan a sentir todo tipo de síntomas, propios de una situación de estrés, de pérdida y de dolor.

Mientras tanto, varios nuevos sismos se siguen sintiendo. Cada vez que el suelo tiembla la gente siente pánico y se producen grandes alborotos. Durante la noche, las alarmas sonaron más de diez veces. El miedo se ve en la cara de cada uno de los habitantes.

Cerca de 850 militares se desplegaron en la región para trabajar en las tareas de rescate. El ejército proporcionó 105 tiendas, 1.500 mantas y 1.400 camas de campaña, además de 13 excavadoras, una cisterna y torres de iluminación. Según los últimos datos, el número de muertos asciende ya a 250 en la zona que rodea al epicentro del terremoto y los medios italianos informan de 40 muertos todavía sin identificar, 34 desaparecidos, 1.500 heridos y 17.000 personas sin hogar. El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, trata de calmar a los ciudadanos. Viajó a la región devastada para verificar los daños. El balance es peor con el paso de las horas.

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