“Hay jueces instrumentalizados por la politiquería”

1.- Por simple ignorancia sobre el alcance de la libertad de expresión en la democracia moderna.

Los jueces fallan en contra de la prensa, más por desconocimiento que por persecución. Por eso hace falta más pedagogía en las primeras instancias de la Rama Judicial sobre la jurisprudencia de la Corte Constitucional.

2.- Sí veo un asedio creciente a la prensa por la vía judicial. Como si las amenazas de la guerrilla, los paramilitares, los mafiosos y las presiones económicas fueran pocas, ahora los periodistas y columnistas tienen que defenderse de muchos jueces instrumentalizados por la politiquería.

3.- Las demandas judiciales tienen efectos diversos. En una parte de la prensa regional, valiente pero sin recursos, puede tener cierto efecto intimidatorio. Hay grandes medios a los que no les gusta meterse en problemas, así que una demanda es la mejor manera de disuadirlos. Pero en cuanto a la prensa que está dispuesta a investigar y denunciar, las acciones judiciales la impulsan a ser más rigurosa y responsable. Me parece positivo que la gente tenga a mano esos recursos para defenderse del poder de los medios.

4.- Es posible que ante la avalancha de demandas haya mucha preocupación en las redacciones y eso genere presión en los reporteros. Esa presión es buena, si obliga a los periodistas a ser más cuidadosos con la información. Y es muy mala si los lleva a autocensurarse. Por eso los directores de medios deben ser muy claros en sus directrices y vigilar que se cumplan.

5.- Cuando nos hemos abstenido de publicar algunos temas ha sido por motivos de rigor, ética o responsabilidad: falta de pruebas, intromisión en la vida privada, etc. Ni siquiera en momentos de fuertes amenazas hemos dejado de revelar investigaciones. Tengo que reconocer que en Colombia hay libertad de prensa. El problema de los recortes a la libertad no está en Bogotá, sino en el Caquetá, Arauca, Urabá, el Catatumbo.

6.- En Semana no hemos cambiado ni los métodos de investigación ni las políticas editoriales. El problema con las demandas a los medios no son las personas que las interponen y creo que tienen todo el derecho, aunque muchas veces sean bandidos. El problema se genera por los fallos absurdos de jueces, fallos que sí coartan la libertad de prensa.

7.- En momentos de polarización como el que vive Colombia se acentúan las tensiones y todo el mundo busca manipular a los medios para imponer su propia agenda. Las fuentes, ya sean del Gobierno, de las ONG, del Congreso, de la Rama Judicial, del sector privado, de la comunidad internacional y hasta del bajo mundo, siempre tratan de que les publiquen ‘su’ verdad. El deber del periodista es impedir que le metan los dedos en la boca.

8.- El discurso maniqueísta le ha hecho un gran daño al país. No puede ser que en pleno Siglo XXI la prensa se perciba como subversiva y la oposición política como peligrosa. La crítica, el debate, la dialéctica, el respeto por la diferencia, son los que hacen fuerte la democracia.

9.- La expresión libre de la prensa es una de las herencias más privilegiadas de una democracia duradera. Con el cambio de las reglas de juego en favor de un individuo, se da al traste con ese espíritu y se amenaza la estabilidad institucional, la separación de poderes y el sistema de pesos y contrapesos. Y como se ha visto a lo largo del continente, se amenaza, por supuesto, la libertad de expresión. Una prensa seria no puede estar a favor de la segunda reelección del presidente Uribe.

10.- La prensa es por naturaleza un contrapoder. Y ese brazo fiscalizador de los medios que denuncia la parapolítica, que destapa las roscas en la justicia, que saca a la luz las reuniones del alto gobierno con personajes oscuros, que revela los escándalos del DAS o del Congreso, no les gusta a los poderes. Lo normal es que un político diga que un periodista es irresponsable. El día que los políticos nos elogien, se acabará la libertad de prensa.

11.- El problema para la libertad de prensa en Colombia no es el de los altos funcionarios del Estado. Hay que decir que las salidas de casillas y los insultos del Presidente contra varios periodistas no ayudan, pero el verdadero problema, como lo dije antes, es que la prensa de provincia está intimidada, presionada y autocensurada. Intimidada por las amenazas, presionada porque no cuenta con independencia económica para no dejarse manosear de las mafias locales de políticos y contratistas, y autocensurada, porque muchas veces le toca presenciar las historias más escalofriantes y callar por miedo.

12.- Los lunes, cuando Semana publica una investigación de denuncia, un escándalo o asume posiciones editoriales fuertes, los involucrados siempre atacan. A veces, éstos dicen que se trata de una persecución política, o que los medios son irresponsables o injustos. Esta vez, el Procurador dijo que Semana “tiene intereses políticos”. Frente a las otras reacciones que hemos padecido en los últimos tiempos, la del doctor Ordóñez parece ser una posición más bien cariñosa.

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