Bob Dylan estrena álbum el 27 de abril

Un nuevo disco y un libro con sus líricas traducidas son la excusa para que dos melómanos conversen sobre el rockero.

En cuanto se encuentran, la complicidad de compartir una manía, casi un delirio, se hace evidente. La música es algo profundo que une a Sandro Romero, dramaturgo y autor de Clock around the rock, y a Eduardo Arias, una de las instituciones del periodismo cultural del país. Estos dos melómanos empedernidos, que confiesan rezar con devoción ante su colección de acetatos y CD que reposa en su casa, tienen una cita, a las seis de la tarde, en el Centro Cultural Gabriel García Márquez para descarnar al padre y al bastardo del rock.

Hoy charlarán sobre Bob Dylan (Estados Unidos, 1941), el autor de canciones famosísimas como Like a Rolling Stone o Knockin’ on heaven’s door, quien vuelve a ser noticia, no sólo porque ha anunciado que el próximo martes 28 de abril saldrá su nuevo álbum Together through life, sino porque   se estrena el libro de gran formato Bob Dylan. Letras 1962-2001, en el que los españoles Miquel Izquierdo y José Moreno se toman  el difícil, si no imposible, trabajo de recopilar y traducir al español todas su enrevesadas líricas. Antes de llegar la hora de la charla sobre el cadáver constipado, como alguien osó llamarlo, El Espectador juntó a estos fans  para compartirles a sus lectores algo de su fiebre por Dylan.

Sandro Romero (S.R.).– Creo que la primera referencia que tengo de Dylan es de unos cantantes de música protesta interpretando The times they are a-changin en español (risas). Después los recuerdos vienen del cine, interpretando a Alias en la película Pat Garrett y Billy The Kid, un western de 1973. Es que Dylan tiene esa mezcla maravillosa entre la música, la literatura y el cine, y no se hable de la parte plástica que lo convirtió en un ícono.

Eduardo Arias (E.A.).– Dylan es un personaje complicado como ser humano. Ahora, releyendo la biografía de Howard Sounes me doy cuenta de que estoy muy alejado de él como persona, pero a la vez lo admiro, creo que no más el hecho de haber grabado los primeros álbumes Bringing it all back home y  Highway 61 revisited , era suficiente para haber sido una figura de la música.

S. R.– Pero para mí, justamente, parte de su encanto es que sea  contradictorio, eso lo hace más interesante. Incluso el hecho de que se haya vuelto cristiano, que le cantara de espalda al público, que su voz sonara gangosa, lo convierte en lo que ha sido. Él es determinante en la historia de la música  y con un libro como este uno ahonda en ese terreno inagotable que fueron todas sus letras.

E.A.– Además de las notas que hace el italiano Alessandro Carrera que dan cuenta de la genealogía de sus canciones, están recopiladas todas su letras en donde uno puede darse cuenta de la maestría con la que, por ejemplo, Bob Dylan maneja las citas bíblicas. Parece que él, en su infancia, tuvo mucha cercanía con el lenguaje del Antiguo Testamento —claro, él es de sangre judía—, y muchas de sus canciones son citas bíblicas que uno como buen pagano no conoce.

S.R.– Pero más allá de lo religioso, yo diría que lo inesperado y la sorpresa es lo que define su lírica, la yuxtaposición de imágenes, que es un recurso muy de los surrealistas, acomodado por el country music, de alguna manera, es una fórmula reaccionaria. Esa fusión de las letras inesperadas con una voz que nunca busca ser complaciente, sino que por el contrario es provocadora, lo hace fascinante.

E.A.– Y, además, sus letras tienen algo particular. La canción The times they are a-changin refiere movimientos civiles, la protesta de Berkley en el 64, pero es una canción que funciona en los 70, en los 80, porque las alusiones son universales, son canciones que yo le dediqué a mi papá y que mis hijos me podrían dedicar y dejarme callado.

S.R.– ¿Que qué se puede esperar de su nuevo álbum? Los últimos cuatro discos de Dylan están metidos dentro de la línea que él llamó el ‘Never ending tour’, en el que no para de tocar y no deja de producir canciones. Será el sonido de un grupo básico con bajo, guitarra y batería, a veces  teclados u otro instrumento como el acordeón. Lo que él ha adelantado en una entrevista que está en su página web es que este disco tiene un sonido deliberadamente anticuado que retoma el blues, el gospel y el rock and roll... Y lo ha definido diciendo: “Es como si te comiera la cabeza, como un intenso dolor de muelas”.

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