El profesor de la paz

La historia del chileno Claudio Naranjo.

Cuando se trata de recopilar la historia de Claudio Naranjo es difícil saber por dónde empezar. Es médico, pero le coquetea a la educación, a la psicología y a aprendizajes que poco o nada tienen que ver con la enseñanza tradicional. Quizás esa constante búsqueda de una piedra filosofal, una verdad que sirva para vivir, ha sido la culpable de que ahora pueda decir “hoy estoy dando fruto”. En su visita al II Foro Internacional de Educación para la paz, que se realizó ayer en la U. Javeriana, en Bogotá, Naranjo transmitió las conclusiones que ha podido atrapar acerca del tema a lo largo de su vida.

Su historia comienza con una inquietud e interés por la ciencia y la biología. En ese momento, plenos años 50, explica, no había una facultad de ciencias en Chile, de donde es oriundo. Por eso entró a estudiar medicina. Pero la ciencia de las enfermedades lo decepcionó, así como la forma de pensamiento científica. Su luz en medio del camino fue una clase de psiquiatría que le impactó tanto como para decidirse a terminar la carrera.

Afortunadamente, confiesa, paralelo a sus estudios profesionales, tuvo la oportunidad de entablar una amistad profunda con Tótila Albert, reconocido escultor chileno, quien fue su padre espiritual durante varios años.

Pero su vacío no se acababa de llenar. Por eso migró a la Universidad de Berkeley, Estados Unidos, con la esperanza de encontrar otro  maestro o terapeuta. Y se le hizo el milagro, pues se convirtió en discípulo, nada más y nada menos, que de Fritz Perls, el creador de la terapia Gestalt, quien junto con otros intelectuales de la época visitaba continuamente el Instituto Esalen, una organización que, en palabras de Naranjo, era “un caldo de cultivo de cosas novedosas”.

Sin duda alguna, Esalen es una influencia fundamental en su proceso. Sin embargo, fue Oscar Ichazo, maestro de una escuela cristiana esotérica de Afganistán, quien realmente le cambió la vida. Ichazo pasó unos días por Chile y Naranjo viajó a Suramérica con el único propósito de conocerlo. Con él se adentró durante 40 días en pleno desierto. “Fue un nacimiento espiritual, se me abrió la posibilidad de una vida contemplativa verdadera”, recuerda.

Después de este momento de revelación decidió enseñar todo eso que había picado de tantos lugares tan disímiles. Pero sólo fue hasta 1.987, en España, que nació el programa SAT el cual, en principio, iba dirigido a los terapeutas, pero cuya pertinenecia en el área educativa se empezó a evidenciar con el correr de los años.

En síntesis, Naranjo lleva 10 años militando por la transformación de la educación. “Los maestros están adiestrados para trasmitir información. En cambio, en la antigüedad, era la familia quien enseñaba sobre la vida a través de los aprendizajes de oficios. Esa era una mejor forma de educar. Hoy en día es exagerada la academización del mundo”.

Para el chileno tanto en Colombia como en la sociedad occidental en general hace falta que se considere a la educación como una vía para lograr el desarrollo armonioso de la persona. “Los profesores deberían fomentar el desarrollo no sólo del intelecto sino también de la parte emocional e instintiva, de tal forma que los estudiantes crezcan como personas felices, hecho que, a largo plazo, produciría una sociedad en paz”, concluye.

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